Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 11/03/2002

El Cielo en un jardín

Por Julián Carrillo
La Coruña, 01/03/2002. , Palacio de la Ópera. Amanda Roocroft, mezzo. Joan Cabero, tenor. Anthony Michaels Moore, bajo. Coro de la Sinfónica de Galicia; Joan Company, director de coro. Orquesta Sinfónica de Galicia. Víctor Pablo Pérez, director. Programa: C. Debussy, 'L'Enfant Prodigue'. G. Fauré, 'Requiem' Op. 48.
Una madre que llora el recuerdo del hijo que perdió (porque 'el niño' decidió largarse de casa y pulirse su parte del patrimonio familiar). Este mismo hijo, que vuelve pobre, enfermo ¡y sin un céntimo! (porque, si no, de qué va a volver el pájaro). El padre de la criatura, hasta el gorro de los lamentos de la madre, pero que se deja llevar por su amor al hijo 'randa' cuando lo ve hecho un asquito (padre, al fin) en el jardín de la casa familiar.Luego, había un hermano, que durante la ausencia del golfo (también llamado pródigo) tuvo que trabajar por los dos, consolar a mamá y aguantar la mala uva crónica que se le quedó a papá... Pero, ¿quién se acuerda del pobre primo? En la obra de Debussy, apenas si se le menciona. En la Biblia algo más, sí; y creo recordar que protestaba, pero tampoco parece que le hicieran mucho caso ¡El mundo es de los aventureros, de los valientes!Aunque, para valentía de verdad, la de Roocroft. Las cantantes embarazadas siempre me producen una admiración especial. Técnicamente, parece un reto imposible tener que usar un instrumento que va cambiando día a día. La distensión de parte de la musculatura empleada para emitir la voz, el cambio de volúmenes torácico y abdominal, la presión que ejercen sobre el diafragma feto, placenta y líquidos, todo se conjura para añadir una especial dificultad al ya difícil ejercicio del canto.Pues Roocroft lo llevó a cabo con gusto y buena expresividad, tanto en Debussy, como en Fauré. En L'Enfant Prodigue fue sucesivamente madre dolorosa, preocupada y feliz por el re-encuentro. Su intervención en el Requiem, bien serena; como corresponde a su papel en el Pie Jesu. Cabero, que siempre suele cantar con un gusto especial, proyectó bien su escasa pero bien timbrada voz, logrando vencer las dificultades acústicas del Palacio de la Ópera coruñés.Michaels-Moore, en solos y concertantes, dio carácter al padre del pródigo. Su Libera me del Requiem, lleno de solidez. El Coro de la Sinfónica mostró una correcta afinación en casi todo el Requiem, salvo en los acordes finales del Ofertorio. Las voces femeninas suenan bien timbradas y con una potencia algo superior al de las masculinas, aunque sonaron con un exceso de tensión en los forte. Las masculinas, quizás menos numerosas, adolecieron de falta de una mayor presencia.El Requiem de Fauré es una obra en la que la placidez y la serenidad quitan ese punto de tragedia que la cultura tradicional ha prestado siempre a la muerte. No hay en él drama, desgarro, ni miedo. No hay terror a visiones infernales. Sólo vistas a una especie de pequeño paraíso doméstico y algo aburrido. En líneas generales, tanto coro como orquesta actuaron en consonancia con lo expuesto; de forma correcta, aunque algo anodina, en un concierto que tampoco dio para más.