Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 13/05/2002

Emerson String Quartet: La perfección contraproducente

Por Juan Krakenberger
Madrid, 05/05/2002. Auditorio Nacional. Cuarteto Emerson: Eugene Drucker y Philip Setzer, violines, Lawrence Dutton, viola y David Finckel, violonchelo Joseph Haydn: 'Cuarteto' Op 54 nº1, Bela Bartók '3º Cuarteto de cuerdas', Dimitri Shostácovich '15 Cuarteto de cuerdas'. Liceo de cámara
Cuando leemos el palmarés del Cuarteto Emerson, sus seis premios Grammy, con dos para el mejor álbum, cuando recordamos su reciente grabación integral de los cuartetos de Shostácovich, cuando examinamos la larga lista de estrenos de compositores contemporáneos, nos damos cuenta que nos enfrentamos a un grupo que está acostumbrado a trabajar duramente, tenazmente, para realizar versiones perfectas, cosa que en un cuarteto de cuerdas es cosa aún mucho más complicada y ardua que en el caso de un solista. Hace falta muchísima paciencia, una perseverancia sin límites, y un dominio técnico total. Todo ello lo tienen, sobradamente, los cuatro músicos norteamericanos. Lo que cabe preguntarse es, si con todo ese pulimento no se pierde acaso un poco de espontaneidad.Veamos: El Cuarteto de cuerdas Op 54, nº 1 de Haydn es uno los 'famosos', porque además de primorosas melodías tiene una construcción tan esmerada, tan cuidada, y de tanto lucimiento para los cuartetistas, que se ha convertido en una especie de 'mostrador' para cualquier conjunto que se precie. La parte más compleja le toca, como casi siempre con Haydn, al primer violín, tocado por Eugene Drucker con su Stradivarius: ¡Ni un solo fallo, ni la más leve desafinación! Pero yo no me divertí, y creo que el público, en general, tampoco. Tomemos un ejemplo: El 2º Movimiento, Allegretto, que hace las veces de movimiento lento. Hay ahí un juego de pregunta y respuesta genial: Dos compases de pregunta, uno de respuesta. Todo este pasaje, marcado por Haydn p y, sobre todo, 'dolce', por limpio que se toque, merece algo más: Algo hecho con fantasía, con amor, con intimidad, con imaginación. Y lo mismo podríamos decir del Trío, luego del Menuetto: Se trata de una especie de Ländler (baile tirolés) a cargo del violonchelo: Un pelín de rubato en las anacrusas se agradece mucho en esa música rústica, llena de ese humor tan típicamente austríaco de Papá Haydn. Pues no - tocado con enorme corrección, buen sonido, todo lo que Uds. quieren, pero sin humor. Y para terminar: No hay ningún esfuerzo para adaptarse, aún cuando sea un poquito, a lo que hemos aprendido en los últimos años del historicismo: Por lo menos, alguna cadencia de acorde perfecto sin vibrato, o notas largas algo más cortas, lanzadas al aire. No, nada - el vibrato (escuela rusa) está siempre presente (salvo cuando el compositor impone un 'sin vibrato', como en el caso de la última obra interpretada). Justamente, esta variedad sonora anima a las obras clásicas. Y estamos comenzando a echarla de menos, porque nuestros oídos se van acostumbrando a esta nueva sonoridad, tan atractiva, tan bien sonante.Los Emerson tocan las cosas con fidelidad a la letra, casi me atrevo a decir, burocráticamente. Leer entre líneas, sobre todo si podría enturbiar la perfección, lo evitan. En cosas exteriores se toman todas las libertades que el género les permite, hoy día: Tocan de pié, los dos violinistas a la izquierda, en el centro el cellista, sentado, sobreelevado gracias a la tarima cuadrada de rigor, y del lado derecho, también parado, el violista. Los dos violinistas se turnan. Dos de los cuatro tienen instrumentos italianos antiguos, los otros dos tocan sobre instrumentos nuevos - circunstancia que no empaña en absoluto el sonido del conjunto, muy bueno, muy transparente, extremamente limpio.¿Qué decir aún de los cuartetos de Bartók? El tercero es una obra compleja, difícil, tanto para el oyente como para los ejecutantes, y se toca sin solución de continuidad. Hay un pasaje mágico, de increíble belleza: La Ricapitulazione della prima parte. También los acordes ascendentes, tocados por cello y viola pizzicato, tienen un enorme atractivo. La versión de los Emerson fue perfecta. Esta vez tocó Philip Setzer la parte del 1º violín (que continuó ocupando en la segunda parte y la propina). Es un consumado violinista, a quien - justo antes de la Ricapitulazione se le rompió una cuerda - lo que remedió en pocos minutos, optando por retomar toda la 'seconda parte' desde el principio. A mí me pareció que faltaron algunos acentos esdrújulos, tan típicos de Bartók y originados por el idioma húngaro, y que algunos silencios resultaron cortos, sacrificados en aras a ataques impecables. Pero eso no quita méritos a una versión cabal, limpia, técnicamente perfecta, que no es cosa despreciable.En la segunda parte, el Cuarteto nº 15, op 144, de Dimitri Shostácovich, el último, compuesto un año antes de su muerte, y con la salud ya muy mermada. Y así suena este cuarteto: A muerte. Aún cuando se toca también sin interrupciones, los seis segmentos de que se compone, todos 'Adagios' (ningún movimiento rápido - ¡algo realmente inusitado!), constituyen una demostración como se puede volcar tristeza, amargura y resignación en la música, y por añadidura, en el limitado marco del cuarteto de cuerdas, desprovisto de efectos sonoros orquestales (percusión, vientos, etc etc) espectaculares. La 'Elegía' inicial (donde el compositor ordena 'senza vibrato') ya nos da un prenuncio de lo que viene luego. Una 'Serenada' amarga, un 'Intermezzo', para dar un breve respiro ante el 'Nocturno' que sigue (nocturno por el clima sonoro, no por la línea melódica), y luego esta 'Marcha Fúnebre' - con reminiscencias de la Chacona de Bach - que se transforma en 'Epílogo'. Cuando suena el último trino largo de la viola, a guisa del alma que se va yendo al más allá, termina esta música desoladora. Que los Emerson hayan elegido esta pieza para terminar su concierto les honra: No es de aplausos fáciles. Eso sí, el auditorio se quedó en silencio un rato muy, muy largo, antes de iniciarse éstos, cálidos, premiando la excelente labor de los cuartetistas que, esta vez sí, se lucieron: Todos, en sus respectivas partes, y muchas intervenciones solísticas, tocaron con entrega y devoción. Se trata, realmente, de cuatro instrumentistas formidables, que dominan sus respectivas partes. Nos regalaron el Adagio del Cuarteto op 80 de Mendelssohn, que habíamos escuchado hace poco en el mismo ciclo. Tal vez, por ahora, el Emerson toca mejor música romántica y contemporánea - a lo mejor con los años la clásica les saldrá más espontánea, y con más libertad. De todos modos, un conjunto a tener en cuenta en el futuro.