Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 24/06/2002

Aquí hay tomate

Por Enrique Sacau
La Coruña, 22/06/2002. Teatro Rosalía. G. Paisiello, Pulcinella vendicato nel ritorno di Marechiaro. Farsa per musica en un acto (1769) con libreto de Francesco Cerlone. David Livermore, Dirección de Escena. Santi Centineo, Escenografía. Giusi Giustino, Vestuario. Mario de Vico, Iluminación. Giuseppe de Vittorio (Pulcinella), Roberta Invernizzi (Carmosina), Maria Ercolano (Claudia), Roberta Andaló (Bianchina), Maria Grazia Schiavo (Marioletta), Rosario Totaro (Don Camillo), Giuseppe Naviglio (Coviello e Mago), Stefano di Fraia (Trafichino), Alessandra Petitti (Amore). Capella della Pietà de'Turchini. Director: Antonio Florio. Aforo: 750 localidades. Ocupación: 90 %
Ha sido la coruñesa una gran ocasión para disfrutar del estreno español de la ópera de Giovanni Paisiello Pulcinella Vendicato nel ritorno di Marechiaro. A una música jovial, se une el vivo libreto de Francesco Cerlone, que nos pone frente a un enredo amoroso con final prodigioso, en el que gracias a una varita mágica (la rama de un tomatero) que un mago salido de una lata de tomates hallada en el mar da a 'Pulcinella', se produce el embrujo que unirá a cada oveja con su pareja y conduce al final feliz.El primer acierto en una producción impecable fue la escenografía. Con una economía de medios ciertamente sorprendente, David Livermore nos hace vivir una farsa, que hereda la tramoya de las representaciones teatrales de mediados del siglo XVIII. Es decir, estamos ante teatro puro y duro en el que ni se busca el realismo ni se pretende hurtar al espectador el gusto de ver cómo se juega con la ilusión de una verdad que tiene muchos ángulos.Así, vemos cómo son los actores los que mueven el colorista escenario, presidido en la escenografía de Santi Centineo por un volcán Vesubio construido con estanterías de tablas llenas de latas grandes de tomates (exquisitos) napolitanos. La dirección de actores, que resaltó la deliberada modestia y permitió ver a los cantantes mover la aleta dorsal de un tiburón por entre las telas que formaban el mar, fue igualmente notable. Una espectadora recordaba a la salida con horror el falso napolitanismo del fallido Turco en Italia de Pasqual, más empequeñecido si cabe (y no cabe), por la exquisitez de la oferta de la Capella della Pietà.Vendedoras de pasta, pescaderas, un camarero grotesco con mesa incorporada, nuevo rico con Haiga y traje de listas, latas de tomate en clara alusión al pop art y un peluquero que parecía salido de Studio 54 formaban el paisaje de los años sesenta. Había, por tanto, una clara mezcla de elementos iconográficos de los sesenta con los más particulares tics de la sociedad de un pueblo de pescadores mediterráneo que incluye una 'Claudia' transfigurada en la temperamental 'Maria', el personaje interpretado por Sofía Loren, en Pane, amore e ... (1955) de Dino Risi.Para encontrar un estilo teatral similar, haré memoria y tendré que remontarme al Ritorno d'Ulisse in patria de Aix-en-Provence (2000) de Adrian Noble, que dirigió musicalmente un intachable William Christie. Siendo dos conceptos dramáticos bien distintos, en ambos se hace gala de la sencillez y se enarbolan los trucos más simples como forma de representación teatral.Florio: como siempreLa varita mágica (que no rama de tomatero, como en otros casos) que está detrás de todo esto es la batuta de Antonio Florio, que logró un nuevo triunfo en España con su ágil visión de la ópera de Paisiello. Con una orquesta que fue de menos a más, hizo igualmente de la modestia su bandera y montó una ópera de manera sobresaliente con un grupo de buenos instrumentistas y unos cantantes que oscilaron entre el aprobado y el notable, con sobresaliente en todos los concertantes, modelo de empaste tímbrico. Así, aunque estamos ante buenos cantantes, alcanzaron la excelencia gracias a la magia del teatro.No era perfección lo que se buscaba, sino comedia y la hubo sin ningún tipo de duda. La parte musical funcionó como debía y los cantantes cumplieron todos con su cometido. No hay discusión posible: esta representación entusiasmó al público y es de lo mejor que ha programado el Festival Mozart. Después de atontar al público con un Così fan tutte que todo el mundo criticó muy negativamente en los pasillos y encandilarnos con una impecable Italiana en Árgel, La Coruña nos ha ofrecido otro espléndida noche de ópera.