Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 29/11/2002

Nombres de lujo, obras de lujo...

Por Enrique Sacau
Santiago de Compostela, 21/11/2002. Auditorio de Galicia. P. Pereiro, O inferno de Dante, op. 61. E. Toldrá, La filla del marxant (selección). D. Shostácovich, Sinfonía nº 14 en Sol Mayor. Joan Rodgers, soprano. John Tomlinson, barítono. Real Filharmonía de Galicia. Director: Antoni Ros-Marbá. Ocupación: 50 %
Hubo medio aforo en el Auditorio de Galicia para un concierto en el que se programaban obras importantes defendidas por intérpretes de sólida reputación internacional: Joan Rodgers y John Tomlinson.Antoni Ros Marbá, al frente de la Real Filharmonía de Galicia, dirigía un estreno gallego, una selección de la magnífica La filla del marxant de Toldrá y la Sinfonía nº 14 de Shostácovich, autor asociado a una orquesta que incluso ofreció el estreno español de una de sus sinfonías de cámara bajo la dirección de Maximino Zumalave.Empezó el concierto con tibieza con O inferno de Dante op. 61 de Pereiro. La obra estaba, como es costumbre en el autor, muy bien hilada, era lógica y funcionó musicalmente. Recientemente, en su estreno de la Partita para violín solo op. 51 del mismo autor celebramos además la imaginación y el propio atractivo de la pieza que encandiló al público. Sin embargo, O inferno de Dante no resulta igualmente seductora, algo especialmente patente en una pálida 'Fantasía'.La Real Filharmonía de Galicia y Ros Marbá estuvieron espléndidos interpretando el Toldrá, autor queridísimo por el director catalán. Extrajeron de la música todo su color e hicieron disfrutar de un discurso diáfano, con los planos perfectamente montados, claro equilibrio y atractiva sonoridad. Fue magnífico.En la segunda parte se interpretó la compleja sinfonía de Shostácovich, que es la menos espectacular de cuantas escribió el ruso y que goza de poco predicamento en las salas de concierto. Sin embargo, la obra gustó en la versión de los gallegos y fue aplaudida por el no muy numeroso público. Ros Marbá la encaró con calma, lució orquesta, que rindió muy bien en todas sus familias, y fue avanzando ordenada y pausadamente por entre los poemas. Contó como complementos con dos grandes nombres de la lírica. Joan Rodgers estuvo vocalmente inmaculada, aunque haya quien le reprocha cierto distanciamiento interpretativo. A John Tomlinson sólo se le pueden hacer halagos. La ya no joven voz tiene algunas durezas, pero la interpretación fue de marca mayor.