Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 23/04/2003

Como en el misterio de la Trinidad

Por Maruxa Baliñas
Murcia, 15/04/2003. Auditorio y Centro de congresos. Georges Bizet, Juego de niños opus 22. Thüring Bräm, Fête. Mario Medina, Concierto murciano para guitarra y orquesta. Igor Stravinsky, Suite nº 1 y 'Galop' de la Suite nº 2. Frank Martin, Pavana 'Couleur du temps'. Claude Debussy, El rincón de los niños. Orquesta Internacional del FIOJ 2003. Anabel Montesinos, guitarra. Dieter Lange, director. XXII Festival Internacional de Orquestas de Jóvenes de Murcia FIOJ 2003
Como clausura del Festival, sonó en el Auditorio de Murcia la propia Orquesta del FIOJ 2003, un proyecto que desde la segunda edición del Festival, la de 1983, se ha convertido en uno de los más característicos. Normalmente se reúne una selección de alumnos de las diversas orquestas participantes, pero en este caso, y para solucionar los problemas prácticos, se ha optado por crear la orquesta juntando miembros de tres grupos diferentes: la Escuela Municipal de Cieza (Murcia), la Orquesta de la Escuela Superior de Música de Lucerna, y la Orquesta de Cámara Juvenil de Kiev, la única que se ha escuchado independientemente en este Festival.O sea, como el misterio de la Trinidad: tres orquestas distintas pero al mismo tiempo una sola. Y realmente el resultado final ha sido una sola orquesta porque -sea gracias al trabajo realizado, sea por la habilidad del director y sus ayudantes- no se ha notado demasiado la disparidad entre las tres orquestas, que eran además, estilísticamente hablando, bastante distintas entre sí. El reparto de atriles fue Lucerna y Kiev para las cuerdas, y la Escuela Municipal de Cieza aportando los vientos y percusión, a lo que se sumó que fue el director de la Escuela Municipal de Cieza el profesor responsable de estos dos grupos durante los ensayos realizados en Murcia.El programa elegido no era muy complicado, pero en cambio daba bastantes oportunidades de lucimiento a los músicos. Tocaron en primer lugar los Juegos de niños de Bizet con un sonido muy lleno y bien empastados, pero donde se percibieron algunas diferencias de nivel y escuela entre los solistas en las partes en que iban pasándose el tema de unos a otros. Algo que no ocurrió en la Suite nº 1 y 'Galop' de la Suite nº 2 de Stravinsky, ya en la segunda parte del concierto, donde la armonía entre todos los músicos fue total y hubo numerosas ocasiones de lucir solistas de todos los grupos de la orquesta, algo importante en una orquesta juvenil porque resulta más motivador para los músicos, al tiempo que se podían trabajar equilibrios y contrastes entre los diferentes instrumentos y grupos orquestales.Fête (1998) de Thüring Bräm (un compositor nacido en 1944) fue la aportación contemporánea que no ha faltado en casi ninguno de los conciertos del festival. Se trata de una obra alegre y lucida, pero sin un gran interés: un tema 'de verbena' va sonando como unificador de la obra mientras cuerdas y vientos se van combinando y contrastando, y una percusión casi demasiado numerosa -aunque sin duplicaciones tímbricas- toma el papel de 'continuo' de la obra. Melódicamente se tiende a usar una especie de bimodalidad, mayor y menor simultáneamente, que se percibe como una inseguridad tonal mas que como auténtica bimodalidad. La parte más interesante de la pieza fue el 'canon' final, que funciona muy bien como creador de tensión sonora, aunque con un acorde final bastante banal que estropea el efecto creado. La interpretación de la Orquesta del FIOJ 2003 fue más que correcta: se notaba que no sólo conocían la obra sino que además la habían ensayado bien, lo que les daba seguridad y decisión incluso en aquellas partes donde la inestabilidad rítmica se prestaba a despistes.La obra que cerraba la primera parte del programa, el Concierto murciano era una de las obras destacadas dentro de la programación del Festival, que incluso había preparado una edición de la obra dentro de su política de recuperación de la música murciana. El Concierto murciano para guitarra y orquesta (1946, revisión 1980) de Mario Medina (1908-2000) es una 'secuela' del Concierto de Aranjuez -como lo son de una forma u otra la mayoría de los conciertos para guitarra posteriores a él- sobre todo en el tercer movimiento. La segunda gran influencia es la de Falla y su idea del 'folklore transustanciado', al que Medina le añade un nivel de disonancia muy controlado, el suficiente para que el Concierto parezca más moderno de lo que en realidad es. La obra fue estrenada por Narciso Yepes como solista y Ataulfo Argenta dirigiendo la Orquesta Nacional y obtuvo el premio de la Diputación Provincial de Murcia en 1946). En esta ocasión se interpretaba la revisión de 1980, que era el estreno murciano y español.Pero además con este Concierto se presentaba a una guitarrista, Anabel Montesinos (Reus, 1984), considerada por la crítica de entre las más importantes de las que están surgiendo en este momento. En mi modesta opinión se trata de una figura interesante, pero que todavía necesita madurez antes de poder considerarse una gran guitarrista. Su principal problema es la falta de potencia tocando: ciertamente un guitarrista suele necesitar amplificación cuando toca con orquesta, pero en este caso se habían reducido tanto los efectivos -era casi una orquesta de cámara- que se podía prescindir de la amplificación. Y de hecho, Anabel Montesinos no pareció emplearla en la práctica, puesto que en el primer movimiento del concierto la parte guitarrística resultó inaudible con demasiada frecuencia, problema atribuible a la sonoridad del Auditorio de Murcia (que devuelve mucho el sonido al escenario, lo que despista a los músicos), a la propia obra (bien construida formalmente pero que no resuelve el problema básico de la combinación de guitarra y orquesta) y a Anabel Montesinos, una guitarrista ágil, de buen gusto y sonido cuidado, pero con poca potencia y variedad dinámica.Las dos obras que cerraron el concierto, Pavana 'color del tiempo' y El rincón de los niños, mostraron nuevamente una orquesta bien empastada y con unas maderas especialmente buenas, lo que se agradece mucho en el repertorio francés. Dieter Lange, el director, optó por una interpretación suave y contenida, casi demasiado fría, y un buen equilibrio sonoro. Contención y equilibrio que también consiguió imponer al público murciano, muy aficionado a aplaudir entre los movimientos de las obras, lo cual resulta muy desconcertante para los músicos. Pero en la segunda parte del concierto Lange puso en práctica sus técnicas de control del público -no bajar los brazos ni relajarse entre movimiento y movimiento, ni tampoco hasta pasados varios segundos desde que se extingue el último sonido de la pieza, etc- y consiguió lo que no se había logrado en ninguno de los conciertos de este Festival: oír una obra completa.Como 'propina' un arreglo de El cant dels ocells "por la paz", al que sólo le faltó un solista de violonchelo con más lirismo y emoción (también es cierto que estamos acostumbrados a la versión de Casals, y eso marca un ideal que no es fácil de alcanzar). Y a continuación la repetición del 'Galop' de la Suite nº 2 de Stravinsky, donde exageró aun más que la primera vez los juegos de dinámicas y timbres.