Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 27/03/2012

Melodías en la oscuridad

Por Sergio Corral
Las Palmas de Gran Canaria, 18/03/2012. Teatro Pérez Galdós. I Capuletti e i Montecchi (Capuletos y Montescos), tragedia lírica en dos actos de Vincenzo Bellini sobre un libreto de Felice Romani. Estreno: Gran Teatro de La Fenice de Venecia el 11 de marzo de 1830. Julio Galán, dirección escénica, escenografía y vestuario original. Alfonso Malanda, diseño de iluminación. Elenco: Daniela Barcellona (Romeo), Yolanda Auyanet (Giulietta), Antonio Gandía (Tebaldo), Fernando Radó (Lorenzo), y Elia Todisco (Capellio). Coro Masculino de la Ópera de Las Palmas (Olga Santana Correa, dirección). Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Alessandro Vitiello, dirección musical

Tras la exhibición de medios mostrada por ACO para el primer título de la presente temporada, en lo que supuso la consumación de un auténtico espectáculo -con un trasfondo reivindicativo que venía a dejar claro las virtudes, el lustre y la importancia del género lírico, a pesar del desdén mostrado por los gobernantes de turno al Festival- con esta segunda ópera se quiso, o no se pudo evitar, volver a la realidad de la crítica situación.

En otras ocasiones hemos alabado el acierto de los responsables artísticos de la asociación canaria de hacer de la necesidad un arte, sabiendo sacar un digno provecho a la escasez de recursos con escuetos planteamientos escénicos que en absoluto iban en detrimento del desarrollo de la trama, al contrario, la favorecían. En esta ocasión, podríamos decir casi lo mismo de no ser por ese aspecto a veces mustio que ofrecían algunas escenas, donde quizá se necesitaba de una mayor vistosidad o apoyo de los elementos escénicos para mantener alejado el tedio o aburrimiento.

© 2012 by Nacho González

Lo mejor de esta producción no fue el oscuro y anacrónico vestuario, ni la gris escenografía a modo de ¿voluntaria sobriedad?, a pesar de la acertada iluminación. Sin duda alguna, lo mejor de la noche -y que nos permitió ganar algo de interés hacia esta propuesta- fueron las voces de los solistas y coro, arropados por la bella fuente de inagotables melodías, que es la música de Bellini.

© 2012 by Nacho González

La luz de esta música, dirigida con fluidez aunque con algunos momentos de innecesaria dureza, tuvo el apoyo del brillo de unas voces excelentes, muy entregadas, que dotaron de credibilidad y humanidad a unos personajes difíciles de contextualizar, dado los reparos visuales de esta producción. La actuación de la soprano grancanaria Yolanda Auyanet -al igual que sucediera en el título anterior con la mezzo Nancy Fabiola Herrera- suponía un apoyo explícito a la causa de ACO y también una nueva oportunidad de ofrecer a su público las excelencias de su arte. Como así sucedería nada más aparecer en escena, en la primera aria del segundo cuadro del primer acto, acompañada magistralmente por la arpista de la OFGC, Catrin Mair Williams.

© 2012 by Nacho González

Como ya pasó con Carmen, aquí pudimos asistir a otra encarnación ejemplar de un personaje por parte de “su” voz. La seguridad e intensidad con las que Daniela Barcellona llenaba el escenario en cada una de sus apariciones nos hablaba del completo dominio y conocimiento de un papel del que ella es desde hace tiempo un referente.

Luces sobre sombras. Destellos que iluminaron una producción que, dada la situación coyuntural a día de hoy de este Festival, parecía más la ratificación de malos augurios. Porque a todo esto también se unía un detalle que no he nombrado hasta ahora, y es el de la débil asistencia de público -un domingo- con filas completas de asientos vacíos en el primer anfiteatro y numerosos huecos en los palcos laterales y anfiteatro alto. Para reflexionar.