Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 29/10/2007

Buen inicio

Por Juan Krakenberger
Madrid, 22/10/2007. Auditorio 400 del MNCARS. Solista de violín: Annette Bik. Sopranos: Esther Garralón Gª-Quismondo y Patricia González-Arroyo. Orquesta Nacional de España y Electroacústica Liem. Director: Beat Furrer. Edgar Varèse: Déserts. Giacinto Scelsi: Anahit. Beat Furrer: Phaos y Canti notturni. Asistencia: 100%
Nuevamente, el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea (CDMC) ha organizado una temporada de conciertos de gran categoría, para la temporada 2007/8, contando para ello con un sitio ideal como lo es el auditorio 400 del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid, de excelentes cualidades acústicas.

Para inaugurar este ciclo, contó con la participación de la ONE -Orquesta Nacional de España- y con un director especialista en la materia, el suizo Beat Furrer. Como siempre, el CDMC preparó un programa de mano muy cuidado y prolijo: nada menos que diecinueve páginas de comentarios y análisis sobre las cuatro obras programadas, redactados por un especialista en la materia, Juan María Solare, recogiendo declaraciones personales de los autores y una breve entrevista con Beat Furrer. Por ello, sobra aquí un relato detallado de las obras, y me limitaré a brevísimos comentarios históricos.

El concierto se inició con Déserts (Desiertos) de Edgar Varèse (1883-1965), estrenada en Paris en 1954. Hoy, medio siglo después, muchos aún consideran a Varèse como el mayor y mejor innovador en este campo tan vasto de la música contemporánea. Sea como fuera, Varèse no lo tuvo siempre fácil con sus innovaciones, y en particular el estreno de la presente obra originó en su día un considerable escándalo. Siendo así no tiene por qué sorprender que aún hoy hay gente que no ‘traga’ esta música y eso quedó evidente por un éxodo colectivo de unas veinte personas -el 5% del aforo- después de acabar la obra y mientras sonaban aún los aplausos. Se trata de cuatro trozos orquestales, interrumpidos por tres secuencias electroacústicas. Durante casi 25 minutos oímos el desmenuzamiento de células sonoras, a cargo de veinte músicos, que incluyen un piano (cuya ubicación, seguramente por problemas de espacio, no era la prevista en la obra), cinco percusionistas, y catorce vientos (cuatro de madera, el resto metales), cuyo discurso queda interrumpido por éstos tres interludios de música electrónica de los cuales el último realmente es para crear escándalo por sus sonoridades grotescas (para no llamarlos ‘pedos mal hechos’). Sí, Desiertos es un nombre apto para esta obra: uno se queda mirando al vacío, escuchándola. Pero eso era probablemente lo que Varèse se propuso. Y lo consiguió.

La segunda obra presentada, Anahit de Giacinto Scelsi (1905-1988) es del año 1965, y está escrita para seis cuerdas -dos violas, dos violoncellos y dos contrabajos- y doce vientos, mitad madera, mitad metal, que constituyen la base sonora para una solista de violín, cuyo sonido vuela, en registros generalmente altos, sobre todo el espectro sonoro. Scelsi recurre a la scordatura del instrumento solista: en vez de estar afinado normalmente con mi-la-re-sol, lo está con sol-sol-si-re, lo que hace posibles dobles cuerdas con diferencias de microtonos, que producen una sonoridad muy original. Toda la pieza es lánguida -no hay apenas ritmo que se apercibe- y esto produce un clima de ensueño, de lirismo, dentro del cual las disonancias sirven para pintar colores sonoros que uno escucha sin malestar; al contrario, uno tiene la sensación que algo estético, con cierto misterio, está ocurriendo.

La versión fue muy buena, y quedó patente que la solista, Annette Bik, se hallaba familiarizada con este tipo de música, que no es de lucimiento pero que requiere un sereno control del instrumento. Hubo aplausos agradecidos para solista y director.

Después de un breve intermedio, siguieron dos obras del director del concierto, Beat Furrer (1954), que en rigor son una: ya se ha convertido en costumbre que los Canti notturni se toquen tras la ejecución de Phaos. Las dos obras datan del año 2006 y fueron estrenadas en ese año en Hamburgo y Stuttgart, respectivamente. Phaos dura unos diecisiete minutos, y empieza con unos glissandi muy luminosos, tal como el título (en griego) lo insinúa. Este efecto se repite al final, y está muy bien orquestado: suena precioso. Sin hacer concesiones, Furrer tiene la habilidad de presentarnos su música en colores transparentes, utilizando para ello una orquesta sinfónica completa. Y es así que consigue preparar un clímax impresionante, punto culminante de la obra.

La pieza que sigue, tras apenas un compás de pausa, Canti notturni, emplea dos sopranos, colocadas a ambos costados de la orquesta. Hay una primera y una segunda voz, en el sentido que la segunda se convierte en una especie de eco de la otra, con efectos sonoros realmente atractivos. Es la pieza que más me gustó del programa, porque nos traduce con entrañable cariño la paz de la noche, con pinceladas de gusto exquisito. La participación de las dos sopranos fue excelente, con demostración de buen gusto a través de timbres muy adecuados.

Hubo calurosos y prolongados aplausos, que obligaron al director y a las dos cantantes saludar repetidas veces. Un éxito, sin duda alguna.

Buena iniciación, pues, de este ciclo, que se está imponiendo en Madrid. Ojalá sirva este esfuerzo para despejar las nubes que el reciente Foro de Alicante suscitó.