Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 03/09/2009

Viaje en el tiempo

Por Teresa Cascudo
San Sebastián, 31/08/2009. Teatro Victoria Eugenia. Andreas Scholl (contratenor). The Shield of Harmony Ensemble. Canciones de Oswald von Wolkenstein, entre otras piezas. Quincena Musical Donostiarra. Asistencia 80% del aforo
Nacido hacia 1377, Oswald von Wolkenstein fue una de esas figuras fascinantes, cuya biografía podría ofrecer material para varias novelas y alguna película. Era de ascendencia noble, fue diplomático y viajó por diversas regiones del mundo, desde lo que hoy es España hasta Georgia. Dejó además para la posteridad un significativo núcleo de canciones, en las que aborda los temas propios de su extracción social y modo de vida: la fe cristiana, el amor y la experiencia de países exóticos. Falleció en su castillo de Hauenstein en 1445 y es considerado un continuador de la tradición de los minnesänger.

El contratenor alemán Andreas Scholl y el grupo The Shield of Harmony presentaron en el Teatro Victoria Eugenia un espectáculo en el que estaban incluidas piezas vocales de Wolkenstein junto con piezas instrumentales contemporáneas, algunas anónimas y otras de la autoría de Gilles Binchois y Pierre des Molins. Scholl, además de cantar, también hizo las veces de narrador, haciendo alusión, en estilo autobiográfico y en inglés, a diversos episodios de la vida de Wolkenstein. Está anunciado el próximo lanzamiento de un registro fonográfico en el que se recoge el programa que presentaron en San Sebastián, que también será escuchado en diversas ciudades europeas a lo largo de los próximos meses.

La idea es interesante y funciona bien como espectáculo, incluso en la versión austera ofrecida en el Teatro Victoria Eugenia. Los instrumentos de la época -el laúd, el dulcimer, la viela, el arpa...- son, por un lado, objetos visualmente atractivos. Por otro lado, las composiciones elegidas y la imagen sonora propuesta se relaciona fácilmente con un universo legendario, repleto prácticas caballerescas, lugares remotos e imponentes castillos.

Por supuesto, en el escenario estaban cinco músicos excelentes. Esto se aplica no sólo a Andreas Scholl, que tiene una presencia escénica magnífica y cuya excelente técnica vocal le permite abordar con seguridad y sutileza este tipo de repertorio, formalmente muy alejado del virtuosismo barroco. Los restantes músicos que le acompañaron también se identifican musicalmente con esta época histórica. Fueron notables las intervenciones, a solo y a dúo con Scholl, de la soprano Kathleen Dineen (también arpista), dentro del estilo y con un timbre cálido y puro. Instrumentalmente, se me ocurre apuntar que tal vez el dulcimer de Margit Uebellacker hubiera merecido un poco más de rigor, pero, en general, el grupo formado, además, por el magnífico Crawford Young y Marc Lewon mostró en las partes instrumentales dinamismo, imaginación y un evidente dominio de las técnicas interpretativas propias de la música antigua.

Desde el punto de vista emocional, la propuesta funcionó plenamente porque estábamos delante de un grupo de excelentes artistas. Sin embargo, juzgo que esto no justifica la desidia evidente en el programa de mano. Puede que Wolkenstein sea una figura conocida en los países de habla alemana o entre los amantes y estudiosos de la poesía y la música creadas hacia 1400, pero no me parece que su obra forme parte del bagaje del melómano medio. Así que, al menos, hubiera sido bienvenida una traducción de las canciones, porque hubiera dado una visión bastante más completa del universo cultural y poético al que perteneció, pero la producción de la Quincena ni siquiera llegó a identificar correctamente, en el folleto que repartió, la autoría de las piezas.