Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 30/07/2010

Apoteosis en el Teatro alla Scala

Por Josep Mª. Rota
Milán, 23/07/2010. Teatro alla Scala, Il barbiere di Siviglia, ópera bufa en dos actos, libreto de Cesare Sterbini, música de Gioachino Rossini, en la edición crítica de Alberto Zedda. Jean-Pierre Ponelle, director de escena, decorados y vestuario. Lorenza Cantini, continuadora de la dirección de escena. Juan Diego Flórez (Il Conte di Almaviva), Alessandro Corbelli (Bartolo), Joyce DiDonato (Rosina), Franco Vassallo (Figaro), Alexander Tsymbalyuk (Basilio), Davide Pelissero (Fiorello), Gilberto Fussi (Ambrogio), Giovanna Donadini (Berta), y Ernesto Panariello (Un oficial). Coro (Bruni Casoni, maestro del coro) y Orquesta del Teatro. Michelle Mariotti, director musical. Lleno.
Apoteosis en el Teatro alla Scala, en el sentido teatral de la palabra y casi también en el etimológico. En el sentido teatral, porque la dirección scaligera cierra la temporada con diez funciones de uno de los títulos más famosos del repertorio, la mejor ópera de Rossini sobre la conocida comedia de Beaumarchais, ejemplo acabado de unidad de acción, tiempo y lugar. En la penúltima función, la que tuve ocasión de disfrutar, entradas agotadas, cola en la taquilla y reventa (moderada). Y apoteosis en el sentido etimológico de la palabra, que en griego significa deificación, la conversión en dios de un héroe o un humano mortal. Porque se trata nada menos que de la conocida producción del francés Jean-Pierre Ponelle de 1969, repuesta en 1971, 1976, 1983, 1984, 2002, 2005 y 2006, la que Unitel grabó en estudio en 1972 y que Deutsche Grammophon editó en DVD y mantiene en catálogo [Nota 1]. Después de cuarenta años, la producción sigue siendo un hito, además de una bofetada en la cara a tanto intendente avieso y a tanto director de escena iluminado.

La función alcanzó un altísimo grado artístico gracias al savoir faire de Ponelle, que, tras su óbito, mantuvo vivo en esta ocasión Lorenza Cantini. La escena consta de una plataforma circular giratoria que contiene los tres espacios de la obra: la plaza de Sevilla con la casa de Bartolo, la barbería de Figaro y, finalmente, el interior de la casa del doctor, con la botica, la escalera y la habitación de Rosina: vistoso, funcional y adecuado. Como los decorados, el vestuario también es bonito y consecuente. Además, el movimiento escénico de los principales y comprimarios está trabajadísimo; hay que añadir la presencia de ‘malditos’ para ambientar, como niños, curas, damas y monjas de vida un tanto disipada; palangana de agua por el balcón para acabar con la serenata, etc.

Pero el altísimo grado artístico alcanzado se debe también al repóquer de ases de las voces y a la más que meritoria labor del maestro a la batuta.




Juan Diego Flórez (Il Conte di Almaviva) y Alessandro Corbelli (Bartolo)
© 2010 by Marco Brescia y Rudy Amisano


Juan Diego Flórez fue un Conde de aspecto juvenil y enamorado, pero arrogante, como tiene que ser; obtuvo unos aplausos sorprendentemente tibios, por no decir fríos, después de su cavatina de entrada ‘Ecco ridente in cielo’ así como después de su canción ‘Se il mio nome’. El hecho no puede atribuirse a que el respetable estuviera frío, pues antes había aplaudido a rabiar la obertura y la cavatina de Fígaro. Sin embargo, se llevó una atronadora ovación con gritos de bravo! y bis! después de su aria ‘Cessa di più resistere’, número que habitualmente se cortaba y que, de un tiempo a esta parte, parece firmemente recuperado [Nota 2]. En los aplausos finales se llevó la parte del león, con un público rendido y entregado, no sólo a su virtuosismo en la coloratura y en los agudos, sino también a su línea de canto. A estas alturas resulta de perogrullo observar que el limeño es el digno heredero de sus paisanos Luigi (Luís) Alva y Ernesto Palacio en la categoría de tenor ligero belcantista.

¡Qué grande Alessandro Corbelli! Un bufo de los pies a la cabeza. Especialista en Rossini, su Bartolo es paradigmático [Nota 3]. Su actuación fue una clase magistral de teatro lírico, tanto en lo dramático como en lo canoro: voz y cuerpo expresan cada matiz del texto y la música. Impecable en las agilidades, tanto en su aria ‘A un dottor della mia sorte’ como en el dúo ‘Pace e gioia’ y en los números concertados.

La estadounidense Joyce DiDonato mantiene su aspecto juvenil y la frescura de su bella voz de mezzo. Especializada en la ópera de Händel a Rossini ¿cuándo dará el paso a partes de mezzo dramática romántica? Actuó con la gracia de una niña caprichosa, pícara y enamorada. Cantó con medida, fruto de la evidente técnica. En la coloratura, rubateó a placer. Cantó también con gusto, con agudos cristalinos y sin artificio.



Franco Vassallo (Figaro)
© 2010 by Marco Brescia y Rudy Amisano


Franco Vasallo compuso un Figaro siempre activo, astuto, hábil y divertido con sus intrigas. Mostró una voz potente y afinada, agudos bien colocados y agilidades sorprendentemente fáciles; derrochó voz en el dúo del vil metal. Se llevó una gran y merecida ovación después de su cavatina ‘Largo al factotum della città’. Sin embargo, los aplausos finales sonaron a poco. La explicación es sencilla: salió a saludar el último, después de Rosina y el Conde, que cosecharon, como queda dicho, sendas ovaciones atronadoras. ¿Quizás podía haber sacado más partido a un papel tan agradecido como el del barbero?

El joven ucraniano Alexander Tsymbalyuk posee una voz de bajo profundo, grande, timbrada y redonda. Bien caracterizado, circunspecto e intrigante, cantó ‘La calunnia’ con voz pausada y terminó con un colpo di cannone de artillería pesada, sin que la voz perdiera estructura o cambiara de color en los diferentes registros. Una voz llamada a los grandes papeles de bajo en el repertorio germano y ruso.

A pesar de los escasos medios que les proporciona la partitura, todos los comprimarios estuvieron al mismo nivel de excelencia y supieron crear un personaje, ya sea de criado zoquete, de director de banda desacompasado o de oficial barrigón. Especialmente conseguida resultó la creación de Berta por parte de Giovanna Donadini, secretamente enamorada, entre estornudo y estornudo, del Doctor Bartolo; además de cantar con gracia su aria ‘Il vecchiotto cerca moglie’, proyectó su voz con brillantez y seguridad en los concertantes.



Joyce DiDonato (Rosina), Franco Vassallo (Figaro), Juan Diego Flórez (Il Conte di Almaviva)
© 2010 by Marco Brescia y Rudy Amisano


El maestro Michelle Mariotti se hizo cargo de la orquesta milanesa por la renuncia (pactada con el teatro) del previsto Jean-Christophe Spinosi. En la obertura, cuerda un poca apagada al principio y percusión algo estentórea (introducción y tema A); en el tema B, oboe y trompa arrastraron a la cuerda, que en el crescendo se fue superando; en la reexposición, liderada ahora por clarinete y fagot, la cuerda brilló. Aquí el maestro arrancó la primera ovación del público, un tanto exagerada a mi modesto parecer. ¿Acaso una muestra de agradecimiento por la disponibilidad? Durante el resto de la función, Mariotti acompañó a los cantantes con suma delicadeza pero sin permitir que la orquesta desapareciera. En la tormenta se mantuvo en los límites de la orquesta rossiniana sin pretender un diluvio universal. Al final, ovación de vuelta al ruedo.

Entre el público, mucho foráneo. ¿Por fin han entendido los teatros que abrir en período estival o vacacional puede ser una gran oportunidad para el público que desea conocer teatros extranjeros además de una fuente considerable de ingresos?

NOTAS

1.- Para los que conozcan una de ambas, sólo decir que las diferencias son mínimas: el DVD añade algún espacio, como la botica de Bartolo, y cambia pequeños detalles, como cuando Basilio vuelve a por la moneda perdida, mientras que en escena vuelve a por el sombrero y la bufanda.

2.- El número lo escribió Rossini para el tenor García; se cortaba habitualmente por su dificultad técnica y, sobre todo, porque desde el punto de vista dramático no sólo no aporta nada sino que es un estorbo. Su contenido es moralizante: destaca la bondad de Rosina, que merece premio, y la maldad de Bartolo, que merece castigo, todo muy ilustrado y muy racional. Como en La cenerentola, para cuyo final, el rondó de Angelina, reaprovechó Rossini curiosamente la música del aria en cuestión. Recuerde el amable lector que Rossini era settecentesco y abominaba la vena romántica.

3.- Como lo son también su Dandini (La cenerentola), su Gaudenzio (Signor Bruschino), su Martino (L'ocasione fa il ladro) o su Germano (La scala di seta), por citar sólo los papeles rossinianos en DVD de Corbelli.