Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 27/04/2006

Un aliciente positivo

Por Juan Krakenberger
Madrid, 17/04/2006. Auditorio MNCARS. Elliot Carter, Mosaic. Misato Mochizuki, Gerald Barry, Tan Dun, y David del Puerto. Solistas: Ernest Rombout, oboe; Harrie Starreveld, flauta; Makiko Goto, koto; Ernestine Stoop, arpa; y John Snijders, piano. Nieuw Ensemble Ámsterdam. Director: Ed Spanjaard. Ciclo del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea. Asistencia: 90% del aforo

El Nieuw Ensemble Amsterdam nos visita precedido de justificada fama. Se trata de un grupo de instrumentistas -en total vinieron trece- de gran calidad, de lo cual hicieron gala durante el interesante programa que presentaron. Hubo, en efecto, una mezcla de estilos, que demostraron una vez más que en materia de música contemporánea todo es posible, y que existe una enorme versatilidad. Todas las obras del programa fueron estreno en España.

El concierto se inició con Mosaic, una obra que Elliot Carter estrenó en el año 2004, cuando ya tenía 96 años de edad. Se trata de un mini-concierto para arpa solo, acompañado de 4 cuerdas (V/Va/C/CB) y 3 vientos (flauta/piccolo-oboe/corno inglés-clarinete/clarinete bajo) Se advierte que es una obra de madurez: Carter ya no necesita insistir sobre modernismo abstracto a ultranza, cosa que ya hizo suficientemente con su obra, sino que se permite algunos pasajes líricos, muy bellos, en los cuales además del arpa intervienen la viola y el oboe con solos bien sonantes. La arpista Ernestine Stoop cumplió con su rol de solista con pleno dominio, debiendo arrancarle al arpa sonoridades inusitadas, desde notas casi apagadas a efectos percutidos.

La segunda obra inscrita fue Silent Circle de la japonesa Misato Mochizuki, para flauta baja, koto y conjunto instrumental, que en este caso lo formaron cuerdas (V/Va/C), guitarra, arpa y percusión En efecto, flauta y koto tienen los roles principales, y tienen que producir sonidos muy variados: la flauta hasta hace percusión mediante el batido de los dedos sobre las teclas, sin soplar, y otros efectos sorprendentes. El koto, una especie de cítara alargada, con cuerdas fijas cuya afinación puede variarse si se desplazan manualmente los puentes individuales, y que también puede servir de instrumento de percusión -salen sonidos raspados- tiene por supuesto su especial encanto oriental. Harrie Starreveld, flauta y Makiko Goto, koto, dominaron sus partes, no siempre fáciles, con autoridad.

Y para terminar esta primera parte del concierto, una obra intitulada Lisbon del irlandés Gerald Barry, para piano y conjunto instrumental. Es una obra reciente, y el autor afirma en una nota que Lisboa le impresionó tanto que modificó su manera de hacer música. No conozco obras anteriores de este compositor, pero en ésta hay cosas que son difíciles de explicar. Cuerdas, arpa, vientos y percusión empiezan tocando un largo unísono, seguido de lo mismo pero a dos voces. Y luego, de repente, viene una frase rebuscadamente banal, que se repite -tal vez ocho, o hasta doce veces, no lo conté- y si esto no fuera suficiente, lo mismo nuevamente, al revés, y cuando todo ese machaque ya llegaba a fatigar, un fin abrupto, para seguir en otra dirección. Pero esa banalidad vuelve, en forma de una corta melodía tocada por el piano, que termina en un fuerte 'pum' del bombo, y eso también se repite. Entre estas frases trilladas hay alguna excursión modernista, y vuelto a otra, más banal todavía. ¿Una tomadura de pelo? El rol solista del piano es evidente, y a él le caben la mayoría de estas frases banales. Yo no sé lo que hizo el compositor en Lisboa, pero yo tengo de esa ciudad el mejor de los recuerdos. En fin, ¡cada loco con su tema!

Estas tres obras, y las dos siguientes, fueron dirigidas por el director del ensemble, Ed Spanjaard -que usa batuta (cosa poco frecuente en este tipo de música)- con mucha claridad y eficiencia. Tiene estrecho contacto con su grupo y ayuda a coordinar todo con inteligencia y dominio.

La segunda parte del concierto prometía más sorpresas: una obra del compositor chino Tan Dun, y una reciente composición de David del Puerto. Y en efecto, la cosa se inició al realizar el director Spanjaard, en correcto castellano, un mini-ensayo con el público, antes de la ejecución de la obra de Tan Dun, Circle, para cuatro tríos, director y audiencia. Había que aprender cómo responder a ciertas entradas, luego de un texto hablado del director, con un hálito colectivo, o a imitar el silbato de pájaros, cotillear, o gritar, si lo indicaba con un, dos o tres dedos, en el momento de máximo clímax de la obra. Los cuatro tríos estaban dispersos por la sala: en el escenario, uno solo, formado por piano, contrabajo y percusión, y los otros tres, casi al dorso de la sala: cuerdas a frotar, cuerdas a pulsar, y vientos. La cosa funcionó perfectamente, y dentro de un clima amablemente oriental, se produjo un ambiente encantado, un tanto efectista pero impresionante. El clímax fue contundente: con 400 personas gritando por unos segundos, a pleno pulmón, no podía ser de otra manera. Muchos aplausos premiaron la labor del director, que dirigía con la vista hacia el público y los restantes tres tríos actuando desde el fondo de la sala.

Y para terminar, el Concierto nº 2 para oboe y conjunto, obra compuesta en 2005 por el compositor madrileño David del Puerto. La plantilla consta de cuerdas (V/Va/C/CB) flauta, clarinete bajo, mandolina, guitarra y arpa. Fue escrita con el oboísta del Nieuw Ensemble en mente: en efecto, Ernest Rombout es un oboísta excepcional, que tocó su complicada parte con una extraordinaria facilidad que le permite recrearse musicalmente matizando con mucha delicadeza sus intervenciones solistas. En una primera audición no es fácil detectar la trama de este tipo de música, pero me pareció que había una lógica en el empleo de los recursos, girando en torno a un motivo común. La versión fue excelente, y solista, director y compositor saludaron repetidas veces para agradecer los prolongados aplausos.

He aquí una nueva demostración que la música contemporánea, tocada con calidad y dominio, puede deparar alegrías y satisfacciones. El esfuerzo que significa la organización de este ciclo no se hace en vano. Y la participación, tanto en la parte ejecutiva como en la creativa, de músicos españoles -que así se codean con sus colegas de otras nacionalidades- constituye un aliciente positivo para el futuro.

Como siempre, el programa a mano confeccionado con esmero, con notas sobre el programa, esta vez con palabras de los respectivos compositores y sus biografías, y amplias reseñas sobre los intérpretes, daba cumplida información a los asistentes.