Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 28/03/2012

Yeny Delgado, cada vez mejor

Por José Mario Carrer
Salta, 22/03/2012. Teatro Provincial. Solista: Angel José Martínez Haza (violín). Orquesta Sinfónica de Salta. Directora, Yeny Delgado. Romeo y Julieta, obertura fantasía de Piotr Ilich Chaicovsqui (1840-1893). Romanza para violín y orquesta en fa menor, op. 11 de Antonin Dvoràk (1841-1904). Danzas Sinfónicas op.45 de Sergei Rajmaninov (1873-1943). Aforo 75%

Si, un repertorio pausible, para muchos poco transitado pero no por ello menos interesante. Luego del deterioro soviético, durante años las orquestas rusas atravesaron por severos problemas morfológicos. No hablo de calidad sino de cantidad, y sus formaciones aparecían como de menor sustancia, comparadas con las grandes orquestas occidentales. Ese camino, tal vez no deliberadamente, fue el elegido por la directora cubana. Y en el terreno de las suposiciones, quizás esta circunstancia tuvo que ver con sus modos suaves y delicados. El drama de la lucha entre las familias de los Montescos y Capuletos que generó muchísimas visiones artísticas al tener que ver con el juvenil amor de dos adolescentes que termina trágicamente, exigía desde lo estrictamente musical una lectura más apasionada, sobre todo en la exposición de los temas que retratan a Julieta y a Romeo. No es una mala crítica porque afinación y tempo fueron correctísimos, simplemente es un modo de señalar que la maravillosa orquestación del compositor merecía una forma más corpulenta y maciza.

Llegó el solista de esta noche. Martinez Haza pertenece a la sección de primeros violines de la orquesta. Es un ejecutante prolijo y si bien se preocupó permanentemente por exhibir el sentimiento nostálgico de la página, su lirismo, sus aspectos melódicos que devienen de una obra de cámara anterior del compositor, el espíritu eslavo de Dvoràk quedó a medio andar. El inicio casi etéreo, magistralmente entrelazado con una modulación memorable prometía su conocido carácter checo. Fue sólo una atmósfera, un ligero manto bien leído, es cierto, pero sin todo ese adorno propio de las cosas de Dvoràk

Los compositores rusos de la segunda mitad del siglo XIX en adelante, fueron dueños de una inventiva melódica conmovedora. Pero al mismo tiempo, dominaban largamente el arte de instrumentar. Ya lo habíamos notado en el primero de la noche y luego la directora se encargó de traer estas características del notable Rajmaninov en el mejor momento del concierto. Originalmente escrita para dos pianos (su idea era Horowitz y él mismo) comenzó a orquestarlas con un criterio postromántico con una tímida inserción en el incipiente modernismo. Delgado tuvo enorme musicalidad y llevó la obra con arte. Se lució en la primera danza el impecable solo de saxo alto de Nelso Leonardo Montero y en la segunda, uno breve del violín concertino Ana Cristina Tarta. La directora aprovechó lo que ya se anticipó el jueves pasado, la orquesta flexible, poderosa por momentos, en definidos bloques en otros o en bellas sutilezas cuando hacía falta. En resumen, la Mª Delgado hizo realidad el concepto “la tarea del artista es descubrir cuanta música uno puede hacer con lo que tiene de esfuerzo y talento”.