Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 08/08/2005

Mitridate, no vencida, sino venciendo

Por Jorge Binaghi
Salzburgo, 31/07/2005. Residenzhof. Mitridate, Re di Ponto (Milán, Teatro Regio Ducale, 26 de diciembre de 1770). Libreto de V. A. Cigna-Santi y música de W. A. Mozart. Puesta en escena: Günter Krämer. Escenografía: Jürgen Bäckmann. Vestuario: Falk Bauer. Coreografía: Otto Pichler. Richard Croft (Mitridate), Netta Or (Aspasia), Miah Persson (Sifare), Bejun Mehta (Farnace), Ingela Bohlin (Ismene), Andrew Tortise (Marzio) y Pascal Bertin (Arbate). Les Musiciens du Louvre-Grenoble. Dirección de orquesta: Marc Minkowski (versión de Salzburgo de Minkowski, Krämer y Jory Vinicour). Coproducción con el Festival de Bremen

El lector pensará que alguien ha dormido mal, bebido mucho, tenido la cabeza en cualquier parte al leer el título. Sin embargo, le aseguro que es lo que se lee en el programa de mano, muy bien hecho por lo demás. Una traducción de un texto en árabe (parece que el Ponto era musulmán, a juzgar por ciertas actitudes de los figurantes, de modo que miren ustedes por dónde nos salió un Mozart que a los 14 de edad ya sabía del conflicto entre Oriente y Occidente, que francamente ni en Racine, en el que se inspira el libreto -y convendría no olvidarlo, sobre todo cuando se viene del teatro de prosa- ni en la partitura se encuentra) que hace de ‘Mitridate’ una mujer (a lo mejor era una idea para agregar a la puesta o a la ‘versión de Salzburgo’ en la que, por ejemplo, se omite el aria de ‘Arbate’, que es bellísima).

Pero las cosas raras no terminan en una traducción indigna de cualquier teatro y no digamos de este Festival. Esta es, según reza el artículo principal del mismo programa, la primera ópera seria de Mozart. No sé si en ‘seria’ está incluido el que la gente se parta de risa en la obertura o en la segunda aria de ‘Ismene’ por las actitudes de los intérpretes (a los que se les pide dejarse caer, hacer alpinismo mientras entonan arias dificilísimas, mantenerse de rodillas o sentados sobre las puntas de los pies -qué envidiable la forma física de Bejun Mehta, qué disciplinados estos cantantes que alguna vez deberían reaccionar estilo divos del reciente o lejano pasado y reivindicar su derecho a cantar relativamente cómodos). No sé si, para que no nos aburramos, es imposible dejar un momento vacío el escenario, quietos a los cantantes y permitirles -visto que la ópera seria consiste en eso- lucirse y estar solos en sus grandes momentos, o mínimamente rodeados. Aquí, la gran aria de ‘Sifare’ (‘Lungi d ate , mio bene’) que, a lo sumo, requiere a ‘Aspasia’, ve inmóviles y de espaldas al público a ‘Ismene’ y ‘Farnace’. De un drama de honor, familia, poder, pasamos a la esfera privada de dos adolescentes mal criados -uno al borde del cretinismo- que se sacan la lengua y se burlan del otro durante las respectivas primeras arias.

Richard Croft (Mitridate), Bejun Mehta (Farnace). Fotografía © 2005 by Klaus Lefebrve

El padre, que correctamente lleva gafas porque no se entera de nada pese a su obsesión por saber todo sobre sus hijos, es un asesino paranoico que degüella al enviado romano tras hacerle leer un texto preparado (nada que ver con el libreto) mientras los condenados a muerte juegan a la gallina ciega. Todos se han lanzado contra la puesta de Vick de la nueva Flauta, que aún no he visto, pero parecen haber apreciado este primer -y esperemos que ultimo, pero no me parece que vaya a haber suerte- Mozart de Krämer. Porque quede claro, se ve un Mozart de Krämer, o a lo sumo esta versión de la que es coautor. Mozart parece, a lo sumo, un coautor más (no sé cuál es el problema con los zapatos: ‘Ismene’, una reina abofeteada por ‘Mitridate’, maltratada por su servidor ‘Arbate’, canta su segunda aria desnudándose para luego vestirse pero dejándose olvidados sus zapatos; ‘Farnace’ canta su última gran aria de arrepentimiento con un zapato en la mano). Minkowski, sin embargo, aplaudía con entusiasmo a Gergiev en su Chaicovsqui en concierto. Y bien mirado, la version de este Mitridate ganaría si se diera en la misma forma. Nos evitaríamos los ruidos ‘teatrales' antes de la gran aria de furor del protagonista, que aquí cierra la primera parte.

Miah Persson (Sifare), Richard Croft (Mitridate), Netta Or (Aspasia). Fotografía © 2005 by Klaus Lefebrve

Y quede claro que Krämer tiene ideas, y a veces acierta y mucho. Los juegos de espejos y de colores, la división del espacio escénico en dos partes, la superior con un espejo inclinado de efecto visual, estético y dramático, notables. Después, lamentablemente, intenta hacer teatro moderno de algo que no lo es y está en sus antípodas. O no, pero no de esta forma tan ‘contemporánea’ que resulta que nos hace reír cuando debiéramos estar llorando (el jueguito con el hacha entre el rey e ‘Ismene’ a ver quién es el primero en matar a los culpables).

Richard Croft (Mitridate),Ingela Bohlin (Ismene), Miah Persson (Sifare), Netta Or (Aspasia), Bejun Mehta (Farnace), Pascal Bertin (Arbate), Andrew Tortise (Marzio) . Fotografía © 2005 by Klaus Lefebrve

He visto tres veces esta ópera, en Londres, París y Amsterdam, y con puestas diversas y no siempre acertadas, pero ninguna tan alejada de Mozart como esta (y ninguna que se llamara pomposamente “versión de….”).

Para terminar, se anunciaban subtítulos en inglés y alemán. Algo habrá pasado porque sólo salió la primera lengua. Puede haber sido un desperfecto, pero habría que haberlo anunciado; en Austria resulta un poco ridículo, si no irritante (había varios nativos molestos cerca de mí) no poder contar con la propia lengua. Todo tiene un límite. Sobre todo cuando la traducción inglesa es floja o cuestionable. ‘Addio’ no me parece que se pueda traducir por ‘Forgive me’, pero tal vez me equivoco.

En lo musical, y por eso decía lo de la versión de concierto, las cosas funcionaron mucho mejor. Minkowski dio la mejor versión que he oído de esta partitura, muy enérgica (es su punto de fuerza respecto del magnífico Rousset) pero al tiempo sensible (las arias fueron trabajadas con gran esmero y los recitativos seguidos de modo admirable) y sus músicos le respondieron como suelen (que después algún instrumento ‘original’ tenga algún problema ocasional es un tema en el que ahora no deseo entrar).

De los cantantes descolló claramente el ‘Farnace’ de Mehta, un contratenor de esos como Daniels, que hacen revivir los fastos de los falsetistas. Incluso con esa interpretación que le quita la maldad para hacerlo ‘simpático’, todo lo que hizo resultó memorable. En cuanto al dominio técnico, fue prácticamente el único capaz de hacer trinos en la gran tradición.

Ingela Bohlin le siguió de cerca, aunque su personaje da para menos en todos los sentidos. Es una soprano clara de gran soltura técnica y buen italiano. Y el problema es que Miah Persson, sueca como ella, es casi idéntica en forma de cantar y semejante en timbre, y ‘Sifare’ es muy otra cosa, no una ‘Susanna’ o una ‘Sophie’, sino un rol escrito para un primo uomo virtuoso): o se recurre a un contratenor tipo Scholl, o a una mezzo, o, la mejor solución que he visto, a una soprano lírica con centro y dominio de la ciencia del canto ‘italiano’ como Frittoli. Persson estuvo muy bien, esto lo ha ‘aprendido’ muy bien, pero no le sale espontáneo; sus trinos son escolares, cuando los tiene, su centro y grave no existen.

‘Aspasia’es una pesadilla para su intérprete. Estaba anunciada Eva Mei (que no es el tipo de voz ideal, pero domina la parte técnica, estilística y la articulación y dicción). Pero no vino. Netta Or tiene una voz incisiva y bastante dramática, pero muy desagradable e hiriente, problemas de fiato, un italiano incomprensible y unas agilidades muy particulares.

No logro entender por qué hay que importar dos cantantes para roles menores. Tortise tiene un italiano imaginativo y pareció correcto en ‘Marzio’. Bertin -'Arbate'- es una presencia escénica, tiene un magnífico italiano y una voz que es la suma de todos los prejuicios que se puedan tener contra un contratenor: incoloro, ingrato, insípido.

Queda el protagonista, el siempre notable Richard Croft, un dechado de estilo, técnica, dicción e interpretación, aunque sea errada como se le impone en este caso. Pero el tiempo no pasa en vano, el squillo ha desaparecido casi por completo, los agudos los consigue gracias a la técnica, pero le cuestan ya en la entrada y al final de la función no los domina siempre y exhibe cansancio. Y el papel se las trae (otro caso donde el dominio ‘italiano’ de un Sabbatini es imbatible).

Con un diluvio sobre el patio de la Residencia, por fortuna cubierto, y una lipotimia en medio del aria final de Mehta, esta crónica llega a su accidentado final. Mitridate, no vencido, sino vencedor. Pese incluso a la lengua…

Bejun Mehta (Farnace), Miah Persson (Sifare), Netta Or (Aspasia), Ingela Bohlin (Ismene). Fotografía © 2005 by Klaus Lefebrve