Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 24/02/2012

Tres Faustos en el Met: un resumen

Por Horacio Tomalino

Nueva York. Metropolitan Opera House. Lincoln Center for the Performing Arts. Representaciones de Fausto de Charles Gounod de los días 3 y 28 de diciembre de 2011 y 19 de enero de 2012. Fausto, ópera en cinco actos con música de Charles Gounod (1818-1893) y libreto de Jules Barbier (1825-1901) y Michel Carre (1821-1872) basado en la obra homónima de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832). Estreno: Teatro Lirico de Paris el 19 de marzo de 1859. Des McAnuff, dirección escénica. Elenco: Jonas Kaufmann / Roberto Alagna / Joseph Calleja (Fausto), René Pape / Ferruccio Furlanetto (Mefisto), Marina Poplavskaya / Malin Byström (Margarita), Russell Braun / Brian Mulligan / George Petean (Valentin), Michèle Losier / Kate Lindsey (Siebel), Wendy White / Theodora Hanslowe (Marta), Jonathan Beyer (Wagner). Yannick Nézet-Séguin / Alain Altinoglu, director musical. Temporada 2011-12.

A pesar de contar con tres elencos conformados por algunos de los mejores cantantes de la actualidad para asumir los roles de la ópera Fausto de Gounod, la gran vedette de esta reposición -nueva producción escénica proveniente de la English National Opera- que llevó a cabo el MET esta temporada recayó en la controvertida producción escénica del director de escena americano-canadiense Des McAnuff quien en esta ocasión también hacia su debut en la casa.

Mc Anuff trasladó la acción de la ópera de la Alemania del siglo XVI a la primera mitad del siglo XX y se inspiró en la vida del físico y antropólogo Jacob Bronowski, quien después de visitar la ciudad de Nagasaki posteriormente al Holocausto decidió nunca más practicar la física. Partiendo de esta premisa, el director de escena buscó recapturar la inocencia de Bronowski antes de la detonación de la bomba atómica asemejándolo al joven Fausto, y así transformó toda la acción de la ópera en un sueño del físico antes de su suicidio. A pesar de que la idea pueda parecer extravagante, esta fue trabajada con coherencia y en general no traicionó la esencia misma de la obra de Goethe. El resultado, aunque discutible, no pone en ningún momento en tela de juicio ni la creatividad de McAnuff ni la sólidez de su trabajo, ya se trate de las cuidadas marcaciones individuales de los cantantes solistas o del estudiado tratamiento que denotan los movimientos de las masas corales.

Fausto en la English National Opera

© 2012 by Catherine Ashmore

Sin embargo el hecho de que toda la acción se desarrolle entre las cuatro paredes de un laboratorio resultó limitativo y monótono. La escena final donde los ángeles son científicos, la ascensión al paraíso de Margarita subiendo una escalera metálica, o la explosión nuclear a la que asistimos en el debut del quinto acto fueron sólo algunos de los momentos que si bien no resultan absurdos -siempre dentro de este contexto- tampoco hicieron que el espectáculo resultase particularmente atractivo. Tampoco contribuyen a hacer más digerible cuanto sucede en la escena ni las estructuras surrealistas-futuristas que componen la escenografía que firmó Robert Brill, ni el vestuario de entreguerras -teóricamente soñado por Bronowski- que diseño Paul Tazewell para la ocasión.

En síntesis, un espectáculo muy discutible que si bien ofrece una mirada diferente y coherente sobre la opera de Gounod en muchos momentos se disfruta más con los ojos cerrados.

Jonas Kaufmann como Fausto

© 2012 by Nick Heavican/Met Opera

Vocalmente, Jonas Kauffmann inauguró la producción con una exhibición de medios vocales de apabullante riqueza y ductibilidad, más allá que el lirismo de la parte no pareció calzarle demasiado a su actual estado vocal. Con Roberto Alagna, la parte de Fausto desbordó de frescura vocal, intensidad interpretativa y como era de esperarse de puro estilo francés. Por último, Joseph Calleja -quien debió cancelar algunas de sus funciones por encontrarse enfermo- concibió un científico correcto; y si bien conquistó al público en el aria 'Salut! demeure chaste et pure…' al terminar su agudo en piano, en general tuvo un desempeño muy por debajo del nombre que se ha forjado en el mundo de la lirica actual.

En la piel del diablo, René Pape compuso su personaje de manera impecable con gran solidez vocal y gran prestancia escénica, y lo mismo corresponde para Ferruccio Furlanetto, con quien la parte ganó en variedad de detalles y colores, y profundidad psicológica.

El personaje de Valentín fue en todos los casos perfectamente servido. Russel Braun fue un soldado y hermano de Margarita de noble línea de canto y una autoridad escénica digna de admiración. Tanto el debutante Georges Petean como Brian Mulligan no le fueron en zaga y dejaron una muy grata impresión en la audiencia.

Figurín de Marguerite

© 2012 by Paul Tazewell/Met Opera

El personaje de Margarita fue el único que en todos los casos sufrió altibajos. Marina Poplavskaya resultó aburridísima, sus agudos en la mayoría de los casos fueron calantes y su coloratura poco más que aproximativa. Por su parte, la debutante Malin Byström si bien demostró poseer una voz importante y salió airosa en su cometido, no pareció -tanto por el color de su timbre como por el peso de su voz- ser la voz adecuada para la parte.

Un autentico lujo fue contar con la ascendente Michèle Losier interpretando a un juvenil y sensible Siebel, que en su voz adquirió un dimensión poco usual. Aunque algunos escalones debajo de la anterior, Kate Lindsey supo sacarle un buen partido a la parte del enamorado de Margarita. Con el profesionalismo de siempre, Wendy White y Theodora Hanslowe le arrancaron al publico picaras sonrisas en sus composiciones de Marthe, la vecina de Margarita. Del resto de los roles comprimarios brilló con luz propia mereciendo un comentario especial el muy bien plantado Wagner del prometedor Jonathan Beyer.

Al coro que dirije el maestro Donald Palumbo se le escuchó muy bien preparado. En lo que concierne a la vertiente musical, Yannick Nézet-Séguin se apuntó un nuevo triunfo en la casa por su lectura plena de lirismo, carga emocional y riqueza cromática. De tintes más dramáticos, la dirección musical de Alain Altinoglu rebozó energía y sutilezas, y obtuvo un gran reconocimiento del público una vez caído el telón.

Hecho poco usual en este teatro, el público hizo conocer su descontento hacia la puesta en escena en varias de las representaciones.