Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 16/01/2006

Lost Highway

Por Jorge Binaghi
Amberes, 10/01/2006. De Vlaamse Opera. De Singel. Semele (Londres 10 de febrero de 1744), libreto de W. Congreve y música de Georg F. Haendel. Dirección escénica: Robert Carsen. Escenografía y vestuario: Patrick Kinmonth. Coreografía: Philippe Giradeau. Luces: Peter van Praet. Intépretes: Laura Claycomb (Semele), Marlin Miller (Jupiter), Sara Fulgoni (Juno), Laura Nykänen (Ino), Simon Kirkbride (Cadmus), Graeme Danby (Somnus), Nicola Marchesini (Athamas) y Janis Kelly (Iris). Coro (Kurt Bikkembergs) y Orquesta sinfónica de la Opera de Flandes. Director: Michael Hofstetter

La temporada de la Ópera de Flandes se desarrolla como siempre en el teatro de Gante, pero en Amberes, debido a las obras de renovación, las representaciones tienen lugar en una serie de espacios alternativos, de los cuales De Singel, para representaciones operísticas, sobre todo modernas y barrocas, es el más utilizado. En la actualidad tienen lugar las últimas representaciones de este mal llamado oratorio de Haendel, que tiene un magnífico libreto de Congreve y presenta, eso sí, además del uso del inglés, una participación más importante del coro y unas arias más breves o, en algunos personajes, más simplificadas que las del estilo italiano del autor.

Por fortuna ya había visto aquí mismo la reposición del gran espectáculo de Carsen porque esta vez lo pude ver sólo a medias. Es la razón del título de esta reseña: para hacer 45 km. se suelen emplear, dependiendo del tránsito, entre 50 minutos y una hora y pocos minutos. Pero basta que un camión pierda petróleo para que la autopista se cierre por más de seis horas y se produzca un caos digno del famoso cuento de Julio Cortázar, La autopista del sur: lástima que estábamos en el norte, hacía frío, no se sabía por dónde uno pasaba y no había tiempo para trabar conocimiento con conductores que en muchos casos daban la media vuelta no se sabe hacia dónde y en muchos otros cometían toda clase de infracciones peligrosas para cambiar de carril o adelantar dos lugares. Cuando llegué, hacía diez minutos que la obra había empezado. La entrada me estaba esperando, pero como no había ningún responsable, no pude pasar y me tuve que conformar con esperar a la pausa siguiendo la función en una televisión pequeña colocada en un bar no particularmente apropiado.

Es decir, que la crónica vale especialmente para la segunda parte de la obra. Por ejemplo, no sé si el sonido de la orquesta, demasiado fuerte ‘desde afuera’, era el mismo dentro. En cualquier caso, la puesta de Carsen, superados los primeros momentos de su creación, cuando dio tanto que hablar su alusión a un personaje de la monarquía inglesa, se muestra intacta y magnífica en lo despojado de sus decorados, el buen gusto y refinamiento de sus trajes, los movimientos coreográficos (baste citar la introducción del tercer acto, en el reino del ‘Sueño’), el valor que puede adquirir una puerta abierta o cerrada, una cama, un gesto y la infalibilidad de la iluminación: a eso llamo yo una puesta de veras moderna y de veras inteligente, que hace resaltar el texto y la música por igual.

Fulgoni y Kelly. ©2005 by Annemie Augustijns

Otras veces -Rusalka, Tosca- Carsen ha caído en las tentaciones comunes a los directores de escena ‘geniales’, pero nunca le he visto una obra barroca arbitraria. Y eso que no tenía personajes profundos ni, tal vez, simpáticos. Por eso mismo, fue correcto elegir la frivolidad, la superficialidad, la malicia y ambigüedad para dioses y mortales caprichosos que sólo persiguen su interés particular (aquí, nada malo le habría ocurrido a la protagonista de no haber querido ser inmortal a toda costa. Cosa que consigue justamente a cambio de su vida).

La dirección de Hofstetter fue buena, vivaz (demasiado a veces) y , en la sala, no percibí ningún exceso sonoro ni desequilibrio -aunque no hubo la mezcla ideal- con el escenario. Por otra parte, hizo un Haendel muy vital con una orquesta tradicional, cosa que es de agradecer. El coro se movió magníficamente y cantó bien, preparado como siempre por Kurt Bikkembergs.

Aun en esta etapa, los solistas son fundamentales en el Sajón. Y han cambiado con respecto a la anterior oportunidad. Kirkbride hizo bien su ‘Cadmus’, que no le pide demasiado, pero Marchesini, y eso que ‘Athamas’ le va algo mejor que su anterior rol en Rinaldo, sigue demostrando ser un cantante afectado e insuficiente de voz francamente desagradable e hiriente. La ‘Iris’ de Janis Kelly fue un logro total por su capacidad de comediante, aunque vocalmente estuvo correcta y punto. Danby fue un dios del sueño demasiado enfático en lo vocal y escénico, con tendencia a correr tras el director, pero los medios son buenos. Nykänen prestó a ‘Ino’ una voz muy preparada, pero algo anodina e impersonal, exactamente a la par de su juego escénico. Sara Fulgoni es una voz de importancia que sigo encontrando insatisfactoria en su resolución del registro grave, invariablemente opaco. Como ‘Juno’ tendió a caricaturizar y a agitarse demasiado.

La protagonista de Claycomb, cuya figura es la típica de una soubrette, se movió muy bien, estuvo excelente en los momentos más reflexivos e íntimos, pero no brilló particularmente en los recitativos (metálicos y con vibrato) y si bien llevó adelante con solvencia su última terrible aria, le faltó poder, incisividad y, sobre todo, dominio de la respiración.

Claycomb y Miller. ©2005 by Annemie Augustijns

Lo que deja como la figura de la velada a Miller, ya un inquietante y demoníaco ‘Mr. Quint’ en The turn of the screw en La Monnaie. Es un buen actor (que no repitió sus propios fastos de Britten, cuando ‘Jupiter’se lo permitía) y un cantante notable por el dominio de técnica y estilo (las coloraturas fueron siempre afinadas y dominadas como si se tratara de algo fácil, y muy integradas en canto e interpretación); el color es bello y la extensión suficiente. Si algo faltó para llegar al sobresaliente fue algún engolamiento en la zona grave, que tendía a cambiar de color. Pero me parece un tenor para tener en cuenta, y muy en serio, al menos en este tipo de repertorios (canta mucho en Alemania, y se sabe que ahí tienen que hacer de todo, a veces con resultados funestos para la voz, aunque es verdad que así se adquiere mucho fogueo).

Bien; espero que la próxima reseña (en este u otro teatro) no tenga para mí el valor singular de esta, que marcó la primera vez que -no por propia culpa- llego tarde a una representación.