Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 19/01/2009

Don Manuel el esencial

Por Jorge Binaghi
Barcelona, 03/01/2009. Gran Teatre del Liceu. El retablo de Maese Pedro (versión de concierto: Sevilla, 23 de marzo de 1923, Teatro San Fernando; versión escénica: París, Palacio de la Princesa de Polignac, 25 de junio de 1923), precedido del Concierto para clave y cinco instrumentos (1926). Libreto y música de M. de Falla. Puesta en escena, títeres y escenografía: Enrique Lanz y Compañía Etcétera. Intérpretes: Marisa Martins (Trujaman), Joan Martín-Royo (Don Quijote), Xavier Moreno (Maese Pedro). Iván Martín, clavecín. Acadèmia d’Orquestra del Gran Teatre del Liceu. Director: Josep Vicent
Compuesta “como homenaje a la gloria de Miguel de Cervantes” y dedicada a la princesa de Polignac, que le encargó la obra, Falla compondría el Retablo entre 1919 y 1923. Junto con el Concierto para clave (compuesto entre 1923 y 1926 y por tanto más o menos contemporáneo) todo cupo en unos 45 minutos. Cada vez se valora más la esencialidad y rapidez para resolver una situación dramática en música o para hacer un concierto minúsculo sin que deje de ser concierto. Y qué bien tocó su parte solista Iván Martín y qué afiatada sonaba la Acadèmia de la Orquestra del Liceu y eso que tocaban dos funciones cada mañana durante tres días.

Fuera de abono, y dentro de lo que se llama ‘el petit Liceu’ (por lo de los críos, que esto de ‘petit’ no tiene más que el formato), esta vez le tocó la sala grande. Y vaya desafío poner una ‘obrita’ como el Retablo en ese escenario inmenso. No hubo lleno, pero niños y mayores se portaron bien, salvo algunos comentarios (no hubo un solo celular que sonara ni esas toses o estornudos que acostumbran aderezar los Wagner y Verdi de las grandes veladas líricas).

Probablemente, uno de los secretos de este Retablo basado en el capítulo XXVI de la segunda parte del Quijote se deba no sólo a haber seguido las ideas del autor sobre el montaje con títeres, que realizó con ayuda de Hermenegildo Lanz, abuelo de este Enrique Lanz, que se inspiró en los documentos guardados cuidadosamente (cartas de Falla, consejos del autor, esbozos de los títeres y lista de materiales).



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Así, los muñecos monumentales no desmerecieron en el escenario del Liceu y la acción, además del sobretitulado, se pudo seguir perfectamente por la claridad de la exposición, debida no sólo a la batuta de Vicent sino a la articulación de los tres cantantes, de los cuales, si bien cumplieron todos de modo más que notable en lo vocal (no tenían que actuar justamente, sino que estaban delante del teatrillo en la última fila de la orquesta sobre el escenario), hay que destacar sobre todo la prestación de Joan Martín-Royo en un magnífico 'Quijote'.

Marisa Martins no se quedó atrás en su ´Trujamán' (quizás más protagonista, si tenemos que dar nombres convencionales), pero su voz es un punto más ´neutra´en color, lo que aquí la volvió prácticamente ideal (prefiero una mezzosoprano a un niño cantor, aunque no olvido que este papel sirvió para que debutara a sus once años en esta misma sala Josep Carreras). Y fue bueno el 'Maese Pedro' de Xavier Moreno, quien menos ocasión de lucimiento tuvo.