Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 05/04/2012

Gélida perfección

Por Paco Yáñez
Porto, 24/03/2012. Casa da Música. Ensemble intercontemporain. George Benjamin, director. Franco Donatoni: Tema. Johannes Boris Borowski: Second. Pierre Boulez: Eclat/Multiples. Arnold Schönberg: Suite opus 29. Ocupación: 50%.

Regresar a la Casa da Música de Porto, partiendo desde Galicia, supone una suerte de viaje al futuro de la música, habida cuenta el enquistado conservadurismo estético (cuando no un creciente populismo, entre regresivo y provinciano) que padecemos al norte de un Miño que, en lo musical, parece separar dos realidades a siglos de distancia...

Entre las muy acertadas líneas que articulan la programación anual de la Casa da Música portuense, está el dedicar sus temporadas a distintos países que así desvelan lo mejor de su producción musical; comprendida, por supuesto, como un todo orgánico: desde la Edad Media hasta la más viva actualidad, por medio de encargos y estrenos, al tiempo que colaborando activamente con compositores e intérpretes del país en cuestión para informar al público luso de por dónde van los tiros en la creación del tiempo que viven compositores, músicos y auditores.

2012 está dedicado en Porto, cuando se cumple el séptimo aniversario de su flamante Casa da Música, a Francia. Gracias a la estructuración tripartita de las formaciones residentes en el soberbio auditorio de Rem Koolhaas (Orquestra Barroca, Orquestra Sinfónica do Porto y Remix Ensemble -a los que se une el Coro Casa da Música-), este año se podrán escuchar en la capital musical del noroeste de la Península Ibérica obras que van de la medieval Messe de Notre-Dame, de Machaut, a estrenos de Bruno Mantovani (Châtillon, 1974), pasando por numerosísimas partituras de Lully, Rameau, Couperin, Berlioz, Fauré, Gounod, Offenbach, Saint-Saëns, Debussy, Ravel, Poulenc, Schaeffer, Messiaen, Dutilleux, etc.; toda una programación, un recorrido por los estilos que han afianzado la música francesa, que conforma una atalaya privilegiada, y en la que tan sólo se echan en falta algunas de las voces más independientes de la actualidad, a los Mark Andre, Franck Bedrossian, o Raphaël Cendo, por poner tres ejemplos sustantivos; constatándose cierta vinculación de la programación portuense al entorno más canónico del IRCAM en cuanto a la música contemporánea.

El desarrollo de este ambicioso cartel de conciertos tiene como artistas en asociación a Pierre Boulez y Christophe Rousset; y a Pascal Dusapin como compositor en residencia. A ello se suma la visita de relevantes músicos y agrupaciones francesas, como Pierre-Laurent Aimard, las hermanas Labèque, o el ya histórico Ensemble intercontemporain, que llegaba esta noche a la Casa da Música lastrado por una baja que alteraba sustancialmente la expectación que se había creado en Porto con este evento: la presencia de Pierre Boulez, cuyas afecciones oftalmológicas le han impedido dirigir este concierto (aunque esperamos le sea posible visitar Porto en su cita del 4 de noviembre, con la impactante Répons (1981-84) con todo su complejo entramado acústico y electrónico a cargo del IRCAM). En lugar del compositor-director de Montbrison, tomó el mando de la nave parisina el también compositor-director George Benjamin (Londres, 1960), uno de los más activos colaboradores de los mejores ensembles europeos de música actual.

La dirección de Benjamin presenta no pocas influencias del estilo conciso y austero de Pierre Boulez, cuya impronta gravita sobre tantos directores de música contemporánea. Si a su parquedad y búsqueda de la disección más esencializada de las partituras le sumamos el estilo sonoro y el carácter del Ensemble intercontemporain -que va en esa misma línea-, obtendremos un conjunto de interpretaciones marcadas por la perfección técnica y una cuidadísima exposición tímbrica; aunque un tanto frías, algo que casa con algunas de las composiciones programadas, que de este modo suenan si cabe más gélidas, más asépticas. Ése fue el caso de Tema (1981), del italiano Franco Donatoni (Verona, 1927 - Milán, 2000), obra encargada en su día por el Ensemble intercontemporain, y que bien podría conformar un trasunto musical de nuestro tiempo social y cultural, con sus evoluciones de perfiles difusos y un movimiento periférico de las estructuras sonoras que parecen rehuir los centros fundacionales, el asentamiento de una columna estructural. A lo largo de sus 16 minutos, prolifera una incansable polifonía, especialmente refinada en lo que a desarrollo de motivos a través de cuerdas, maderas y metales se refiere, con unas trompas impactantes, especialmente en sus compases en pianissimo, perfecto ejemplo del dominio absoluto sobre sus instrumentos de los músicos franceses. El énfasis que Donatoni pone en los elementos estructurales en Tema, así como el freno a su eclosión en alguna suerte de clímax que lleve la partitura a fases de mayor arrojo emocional, mantiene la tónica de la obra en una propuesta muy cerebral, algo seca y especulativa. Excelente música para analizar más que para ‘vivir con el estómago’... Algo de esto habría en las dos partituras siguientes.

El joven compositor alemán Johannes Boris Borowski (Hof, 1979) tiene una estrecha relación con el Ensemble intercontemporain, con el que nuevamente se ha citado para el estreno de Second (2008), hace apenas unos días, el 19 de marzo en Friburgo, en el marco de una gira que está dando a conocer en Europa esta obra. Esta breve partitura, de apenas 6 minutos de duración, compuesta para piano, arpa, violín, viola, flauta y tres percusionistas, está cercana en procedimientos de generación sonora al propio Donatoni; en primer lugar, por el hecho de que desarrolla el material de una obra para marimba previa; en segundo lugar, por ese constante enriquecimiento de los temas que van proliferando en el progreso de la misma. Los tres elementos generatrices los conforman una melodía descendente, una frase caracterizada por su personal uso de los intervalos, y una escala ascendente. Un sesudo trabajo estructural de estos materiales, a través de constelaciones sonoras -muy en la estela de cierto Boulez, a quien la partitura está dedicada ‘con gratitud y admiración’-, va exponiendo diversas formas de comprender las relaciones entre las células matrices, en función de las síntesis a las que dan lugar según sus aproximaciones y/o superposiciones. Borowski habla de cierta mirada exterior sobre sus materiales y su desarrollo; una mirada que acaba sufriendo un distanciamiento y una ubicación estilística afectadamente epigonal con respecto al propio Boulez y a cuanto el entorno del IRCAM representa. Borowski es un compositor con dominio técnico, esto es innegable, pero sus planteamientos y estilo compositivo nos conducen a un lugar en exceso común, harto (re)conocido. De ahí que uno eche en falta a los antes citados compositores de la ‘Música saturada’, pues quizás se trate de la corriente contemporánea en el entorno francés que con mayor personalidad y sustancia propia ha emergido en lo que llevamos de siglo XXI, aunando la potencia de nuestro tiempo como ágora de reverberaciones al caldo de cultivo de profundo inconformismo que se cuece en lo social a día de hoy. Por lo escuchado esta noche, Borowski, en una línea mucho más canónica, está un tanto alejado de todo ello, y sus habituales estancias en París se han incardinado en la corriente más ‘oficial’ de la contemporaneidad gala.

La primera parte del concierto se cerró con el gran ausente de esta velada, con un Pierre Boulez (Montbrison, 1925) cuya música sí estaría con nosotros a través de sus intérpretes de referencia, que han dado sobrada cuenta de Eclat/Multiples (1964-70). Es ésta una partitura de carácter netamente estructural, basada en un juego de reflejos musicales que el propio Boulez reconoce debe mucho a la técnica pictórica de Paul Klee, influencia transversal a lo largo de su carrera. Eclat/Multiples es una obra de contrastes, entre un grupo de instrumentos con un rol más próximo al solista, y una serie de acompañantes que actúa como reflejo proliferante en creciente protagonismo estructural y tímbrico, al ejercer estos últimos (con gran preponderancia de las cuerdas) de elemento catalizador de los materiales y células sonoras expuestas en la primera parte de la obra, que en esta lectura portuense ha sido pausada, hasta alcanzar los 31 minutos de duración. La distancia de observación y audición, de ambas como proceso simbiótico, que reclamaba Johannes Borowski para la comprensión de su partitura, es aquí elemento axial en Eclat/Multiples. Quizás no sea la Sala Suggia el lugar de mejor acústica para estas partituras, que suenan si cabe un poco más frías y desangeladas, ahondando en ese carácter de ‘insensibilidad’ que en más de una vez se le ha adjudicado (en ocasiones a modo de auténtico sambenito musical). George Benjamin ha expandido el ensemble de forma que el espacio cobre el enorme protagonismo que requiere en esta obra, buscando sus resonancias y la modulación que las transiciones entre familias instrumentales depara en las metamorfosis tímbricas de los motivos generadores (herencia, cómo no, de una klangfarbenmelodie schönberguiana aquí llevada a nuevas cotas de desarrollo).

A pesar de que algunos de los músicos del Ensemble intercontemporain han dado muestras de personalidad propia en Eclat/Multiples, escapando de la ‘rutina’ del conjunto, como el pianista Hidéki Nagano, el carácter general de la interpretación ha sido un tanto convencional. Claro está que decir esto refiriéndonos al ensemble parisino supone hablar de una inmaculada perfección en su ejecución a nivel técnico, si bien afectada de un notable distanciamiento, de cierta frialdad que, siendo consustancial a la naturaleza anímica y estética de esta música, esta noche ha sonado algo carente de relieves, posiblemente poco matizada desde la dirección. Más música ha extraído Benjamin de la primera sección de la obra, de una Eclat en la que el mencionado piano de Nagano, el arpa de la extraordinaria Frédérique Cambreling, y las percusiones han sonado más logradas, convincentes y firmes, a pesar del estatismo y homogeneidad que caracteriza su sección inicial. Multiples ha estado marcada por la parquedad y la frialdad, especialmente en las cuerdas, con una notable nómina de refuerzos que creo han bajado el nivel medio al que nos tienen acostumbrados los solistas el Ensemble intercontemporain. Algo más de audacia en la exposición de cada voz, en los relieves de este juego de reflexiones, no hubiese venido mal, aunque al diluirse el elemento atomizador de la música se ha ganado en perspectiva de conjunto, en cuerpo estructural, bien conducido por Benjamin, que se ha revelado esta noche como el buen arquitecto musical que es sobre el podio.

También marcada por una paralización de lo emocional ha estado la interpretación de la partitura que protagonizó la segunda parte del concierto, la Suite opus 29 (1925-26) de Arnold Schönberg (Viena, 1874 - Los Angeles, 1951). En ella, George Benjamin destaca su clasicismo y el refinado juego de reinterpretación de las formas que Schönberg, sabio conocedor de la historia y heredero muy capaz de reconstruirla, lleva a cabo, abordando modelos concertantes previos a la luz del dodecafonismo. Así es como el director inglés trató las voces, con una polarización bastante señalada de trío de cuerdas y trío de clarinetes, con un Dimitri Vassilakis al piano que apuntaló armónicamente con solvencia los puentes tonales entre ambas secciones, pero que careció de relieves para dotar de mayor profundidad al conjunto, en el que destacaron Pierre Strauch con su muy futurista violonchelo y Alain Damiens y Alain Billard en los clarinetes. El factor de la espacialización tampoco ayudó, y la agrupación tan próxima de los tríos de clarinetes y cuerdas restó amplitud y sonido al ensemble, un tanto saturado. Tampoco podría decir que haya brillado el elemento rítmico de la obra, mucho más logrado en la versión que del propio Ensemble intercontemporain conocemos en disco compacto, dirigida por Pierre Boulez (Sony SMK 48465). Siempre me ha parecido este parámetro crucial a la hora de optimizar las posibilidades de la obra y dar vigor a los virtuosísticos ejercicios danza y contrapunto que en ella Schönberg despliega. A pesar de lo hasta aquí escrito, lo más puramente técnico resultó impecable, firme y extremadamente riguroso; y si bien en lo expresivo se podría haber obtenido más de una partitura tan repleta de posibles, cierto es que en algunos pasajes, como los cambios de tempo y ambiente de la ‘Ouverture’, o las suspensiones meditativas y misteriosas de la ‘Gigue’, pudimos disfrutar de asomos de verdadera excelencia musical, como no cabía esperar menos por parte de uno de los ensembles europeos que más y mejor ha interpretado a Schönberg desde su fundación, allá por 1976.

Toda una oportunidad, así pues, para escuchar en vivo a una de las agrupaciones musicales más importantes de nuestro tiempo, aunque en el tono general de su interpretación esta noche haya primado cierta contención un tanto rutinaria, más técnica y estructuralista que expresiva, más fría que emocional; quizás, al fin y al cabo, las señas de identidad que caracterizan y ponen en valor el carácter del ensemble parisino.

En abril, los días 27 y 28, el Remix Ensemble abordará, conducido por su titular, Peter Rundel, en el marco del anual ‘Música & Revolução’, nuevas partituras de Boulez, su Domaines (1968-69) y la histórica Le Marteau san maître (1953-55), que serán acompañadas por revolucionarias obras orquestales del propio Boulez, Debussy, Ravel y Wagner en manos de la Orquestra Nacional do Porto dirigida por Emilio Pomàrico. Seguramente, el ensemble portuense no alcanza la perfección técnica de sus colegas galos, pero sin duda darán ese plus de entrega y emoción que caracteriza sus conciertos. Allí esperamos estar, para conocer nuevos capítulos de esta aventura francesa en la Casa da Música; un auditorio que, por lo que me consta, se está viendo afectado por la ola de recortes y progresiva aniquilación de la cultura sostenida por el Estado que asola parte de Europa (especialmente la intervenida oficial o extraoficialmente). En esta difícil coyuntura, los responsables de la institución portuense se han centrado en las músicas que más apoyo requieren y menos publicidad disfrutan por parte del mercado (y de los medios de (in)comunicación de masas); dejando parte de sus citas con el pop, el rock, o el jazz en manos de convenios con promotoras privadas que suelen de por sí encargarse de este tipo de músicas (más rentables comercialmente). No es mala opción, ni mala lección para parte de nuestros gerentes musicales, que a través del populismo creen van a salvar el sentido y la utilidad social de nuestros auditorios, priorizando el aplauso fácil sobre la apuesta artística culta, de progreso y comprometida.