Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 22/03/2012

Violinista virtuoso

Por Andrés Sáenz
San José de Costa Rica, 16/03/2012. Teatro Nacional. Philippe Quint, violín (Antonio Stradivarius, Cremona, 1708). Orquesta Sinfónica Nacional (OSN). Director invitado: Nan-se Gum. Ho-jun Lee, Unificación de amigos. Ástor Piazzolla, Las cuatro estaciones porteñas. Antonin Dvorák, Sinfonía N° 6, en re mayor, opus 60. Concierto de inauguración de la temporada oficial 2012

Celebrada este año en el marco del Festival Internacional de las Artes (FIA 2012), la apertura el viernes 16, en el Teatro Nacional (TN), de la temporada oficial de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), estuvo engalanada por la prodigiosa interpretación, de parte del violinista ruso-estadounidense Philippe Quint, de Las cuatro estaciones porteñas, del argentino Ástor Piazzolla (1921-1992).

La emblemática obra de Piazzolla se escuchaba por vez primera en el país en la versión para violín solo y orquesta de cuerdas arreglada por el compositor y director de orquesta ruso Leonid Desyatnikov.

La circunstancia de que Corea del Sur fuera el invitado especial del FIA propició que la inauguración de la temporada estuviera a cargo del director surcoreano Nan-se Gum y que en el programa figurara el estreno nacional de Unificación de amigos, pieza para ensamble de cuerdas del compositor surcoreano Ho-jun Lee.

El programa del concierto de apertura se completó con la Sinfonía N° 6, en re mayor, opus 60, del compositor checo Antonin Dvorák (1841-1904).

Piazzolla

El inimitable músico argentino compuso Las cuatro estaciones porteñas entre 1965 y 1970, en semejanza a Las cuatro estaciones, de Antonio Vivaldi, una serie de cuatro conciertos para violín, orquesta de cuerdas y clave, pero, a diferencia de las alusiones a la naturaleza en la obra del compositor barroco italiano, el argentino pincela impresiones del cambiante entorno netamente urbano, a lo largo del ciclo temporal, de su Buenos Aires querido.

En su inconfundible estilo de tango nuevo, Piazzolla escribió Las cuatro estaciones porteñas para su propio quinteto, formado por violín, piano, bandoneón, guitarra eléctrica y contrabajo.

A fines de la década de 1990 (no en el 2009, como erróneamente se indica en el programa de mano), Leonid Desiatnikov acercó la obra del argentino al modelo de Vivaldi, arreglándola para violín solo y conjunto de cuerdas.

Junto a la difícil reelaboración del acompañamiento de las cuerdas y la escritura virtuosística para el violín solo, Desyatnikov reestructuró en tres partes los movimientos únicos de Las cuatro estaciones porteñas, e hilvanó de manera ingeniosa referencias a la obra de Vivaldi en la urdimbre de su arreglo. Por ejemplo, en Verano porteño cita el Invierno de Vivaldi, para acatar la inversión de las estaciones según los hemisferios boreal y austral.

Momento del concierto

© 2012 by La Nación

Interpretación

En su primera presentación en el país, Philippe Quint forjó una ejecución portentosa como solista en el violín, distinguida mediante una pericia técnica deslumbrante, la entonación impecable y los timbres traslúcidos que obtuvo del instrumento, un apreciable Stradivarius, conocido como El rubí.

Asimismo, el acompañamiento de las cuerdas de la OSN se distinguió mediante la destreza instrumental y el sonido terso y fulgente, y la dirección meticulosa de Nan-se Gum mantuvo al solista y al conjunto en unión estrecha. Álvaro González, violonchelo principal, se destacó en un breve solo.

Philippe Quint recibió una ovación estruendosa y prolongada de los oyentes y complació, fuera de programa, con un brillante Capricho de su autoría.

Demás obras

El concierto de apertura se inició con Unificación de amigos. Las dos breves secciones de la pieza de Ho-jun Lee, compuesta para la celebración del Foro Asiático 2009, contrastan quietud y movimiento e incorporan sendas canciones representativas de Corea, Japón y China.

La obra demuestra una escritura ágil para las cuerdas y logra hermosos efectos de timbre e instrumentación, realizados con primor por el conjunto bajo la precisa conducción del maestro Gum.

Pasado el intermedio, el director y la OSN completa moldearon una lectura competente de la Sexta de Antonín Dvorák, que data de de 1880, composición que se oye con menor frecuencia y no alcanza la inspiración de la Séptima, Octava y Novena, obras maestras que culminan la producción sinfónica del gran músico bohemio.

En ocasiones noté cierta falta de equilibrio entre las secciones, con preponderancia de metales estridentes, quizá ocasionada debido a la mayor proyección sonora favorecida por los arreglos hechos últimamente a la concha acústica del Teatro Nacional.

Al concluir la obra, el público premió al maestro Nan-se Gum y la Orquesta Sinfónica Nacional con largos y entusiastas aplausos.

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Esta crítica y fotografía interior se publican por cortesía del diario 'La Nación' de Costa Rica