Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 08/03/2010

Manantial de ecos

Por Paco Yáñez
Jesús Torres: Manantial de luz; Poética; Trío; Presencias; Decem. Cécile Daroux, flauta. José Luis Estellés, clarinete. Paul Cortese, viola. Juanjo Guillem, percusión. Trío Arbós. Barbara Fränzen y Peter Oswald, productores. Bertram Kornacher y Juan Luis Martínez, ingenieros de sonido. Un CD DDD de 66:18 minutos de duración grabado en el Teatro Auditorio de San Lorenzo del Escorial y en el Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid (España), los días 28 y 29 de julio de 2008 y del 7 al 9 de julio de 2009. Kairos 0013012 KAI. Distribuidor en España: Diverdi
Tras el notabilísimo compacto que el Trío Arbós grabara en el año 2006 con música de Jesús Torres (Zaragoza, 1965) para el sello Autor (SAO 1294), el conjunto madrileño vuelve a situarse ante las partituras del aragonés, en este caso en una nueva entrega de la serie que el sello austriaco Kairos dedica a la música española actual.

En el compacto de Autor figuraban ya varias obras que ahora volvemos a escuchar: Trío (2001), Presencias (2002) y Decem (2006). Por no ahondar demasiado en lo ya conocido, diremos que Trío supuso la primera incursión de Torres en esta formación camerística, a petición del Trío Arbós. Quizás se trate de la pieza más abstracta de las aquí recogidas, lo que se traduce en una amplia exploración de la gestualidad, unida al trabajo de figuración y células entrelazadas, para recalar posteriormente en una regularidad rítmica de cierta vehemencia a través de un moto perpetuo, en pasajes de variación por fuga, y en un final desnudo y meditativo, con agudísimos que se desvanecen en el silencio. Presencias porta inconfundibles ecos de Messiaen y Ligeti, ambos bien digeridos por un Torres que nos brinda un ciclo de cuatro piezas para piano de brillante escritura aunque muy marcadas por la impronta explícita de los citados compositores. Decem fue escrita para celebrar el décimo aniversario del Trío Arbós, y como tal es una pieza festiva y vivísima, más desinhibida que el abstracto y sesudo Trío. Decem juega con células interválicas derivadas de las iniciales de los componentes del Arbós, que conforman un acorde de séptima dominante (Miguel Borrego: mi-si bemol; José Miguel Gómez: mi-sol; y Juan Carlos Garvayo: do-sol). Fugas, motivos muy rítmicos con nuevos ecos ligetianos y cierto carácter festivo de virtuosismo notable, van guiando esta pieza que sirve de magnífico colofón al disco.

Novedad en este compacto de Kairos, Poética (2007) se basa en una serie de poemas de lo que podríamos considerar médula espinal de la poesía en alemán (que no alemana) de los siglos XIX y XX. De este modo, nos encontramos con la densa oscuridad del espiritualismo de Novalis; con el humanismo filantrópico de ese romántico ilustrado que fue Hölderlin, con su verbo al tiempo elegante y combativo; con el sigilo y aquilatamiento del silencio en ese fahrenden Gesellen que fue Rilke, aventurero de alcobas y destilador del amor como poema; con la convulsa expresión de la culpa y alma herida de Trakl, tan incómoda como inquieta; para terminar recalando en otro espíritu quebrado por los derroteros del siglo exterminador por antonomasia, con Paul Celan, cuya Todesfuge permitió a Adorno volver a creer en el arte después de la atroz visión del holocausto, aquí transubstanciado en un espacio de silencios abigarrados y crípticos, como su sombría y crispada semántica que se va diluyendo en un tono grave e insondable. Desconocemos si aquello que permanecerá lo habrán fundado, como afirmaba Hölderlin, los poetas, pero sí permanece en pie con solvencia esta pieza para trío y clarinete, dominada por el eco y las reverberaciones en el espacio, por el peso de la palabra transmutada en música, a veces convulsa, a veces mística, pero vía siempre para abismarse en los límites de lo humano, como Torres pretende.

Por último, Manantial de luz (2007) está escrita para una plantilla más amplia, con flauta, clarinete, viola, violonchelo, percusión y piano solista. Su comienzo nos sitúa ya en un manantial de reverberaciones, en las que podemos distinguir improntas estilísticas de lo más variado y sustantivo. Así, la primera sección, ‘Onírico’, tiene un bellísimo sentido feldmaniano, con un doble relieve de piano y trasfondo instrumental, a modo de figura-fondo. Ese ‘segundo plano’ va tomando consistencia a medida que avanza la obra, adquiriendo los restantes instrumentos un protagonismo creciente para acompañar al piano a través de un espacio que, a pesar de conservar cierta desnudez, se va saturando de texturas y gestos sonoros, aunque el piano siga ejerciendo de columna vertebral, de eje estructural y pilar sonoro del discurso; algo que quizás debamos relacionar con la dedicatoria de la obra a ese excepcional músico que es Juan Carlos Garvayo. Aun con cierta naturaleza próxima al puntillismo en determinados pasajes, los motivos que Torres hace emerger a medida que prolifera este manantial sonoro poseen una fuerza expresiva de gran potencia, así como el eco de cierta nostalgia, de cierta calidez de la música española apreciable especialmente en la cuarta parte, ‘Íntimo’, con su sugerente solo de piano y ecos. ‘Vivo’, por su precisión rítmica, tiene algo de ligetiano, aunque también de glassiano -en su mejor vertiente, por su trabajo con células musicales-, y de jazzístico, con su carácter incisivo, fuertemente afianzado por piano y percusión, en unos compases enérgicos que contagian su vitalidad en sus diferentes variaciones cíclicas. La aparición de la percusión grave señala el carácter de ‘Intensamente dramático’, sexta y conclusiva sección de Manantial de luz; un final desnudo para gong y tam-tams, de espacios reverberantes y colores oscuros, que de nuevo mutan las texturas de una pieza heterogénea, plural y camaleónica.

Se trata de música, así pues, en la que se destilan y condensan ecos de referencias tan nutricias como pertinentes en un heredero de la segunda mitad del siglo XX; un compositor que no deja de abrirse a la expresividad y a cierto lirismo, combinando con seguridad lo estructural y la brillantez de su escritura. Quizás se trate de eso que algunos reclaman a la contemporaneidad como ‘música digerible’. A mí, desde luego, no se me ha atragantado, y puede que a algunos les ayude en su acercamiento a la música de hoy, con unas obras accesibles y muy disfrutables que conectan con la tradición musical que muchos melómanos ya conocen y dominan desde hace tiempo.

Las interpretaciones son realmente soberbias, de una expresividad y altura técnica muy destacables. Con respecto al compacto del sello Autor ganamos ahora en musicalidad y profundización, con pasajes de verdadero lucimiento tanto grupal (Manantial de luz y Decem, especialmente) como individual (Presencias). Es algo que se agradece, y que sitúa a la música española a gran altura en cuanto a lo interpretativo, aspecto en el que el Trío Arbós continúa entre lo mejor de nuestro estado.

La habitual (muy buena) presentación de Kairos y unas grabaciones magníficas completan un disco accesible para todos los amantes de la música.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Diverdi