Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 13/04/2011

Música y solistas pudieron más que la escena

Por Horacio Tomalino
Nueva York, 04/03/2011. Metropolitan Opera House. Lincoln Center for the Performing Arts. Lucia di Lammermoor. Ópera en tres actos con música de Gaetano Donizetti (1797-1848) y libreto de Salvatore Cammarano (1801-1852) basado en la novela “La novia de Lammermoor” de Sir Walter Scott (1771-1832). Estreno: Teatro San Carlo de Napoles, el 26 de septiembre de 1835. Mary Zimmerman, dirección escénica. Elenco: Natalie Dessay (Lucia), Philip Webb (Normando), Ludovic Tézier (Lord Enrico Ashton), Kwangchul Youn (Raimondo), Joseph Calleja (Edgardo), Theodora Hanslowe (Alisa), Matthew Plenk (Arturo). Coro y Orquesta del Met. Patrick Summers, director musical. Temporada 2010-11
De las últimas reposiciones de las cuales ha sido objeto la ópera Lucia di Lammermoor de Gaetano Donizetti en el máximo coliseo neoyorquino en lo que va de la era Gelb, esta ha sido la que por elenco vocal resultó más homogénea y mejor servida.

Como Lucia, la soprano francesa Natalie Dessay -quien inauguró esta producción escénica en la temporada 2007-08- mostró haber madurado su personaje tanto en lo vocal como en lo interpretativo logrando un resultado general mucho más satisfactorio que en aquella ocasión. En este nuevo acercamiento a la protagonista de la ópera de Donizetti, Dessay pareció menos concentrada en los aspectos técnicos del personaje -que parecieron estar ya perfectamente asimilados en su composición- lo que le permitió ahondar en la psicología del personaje dando de este modo mucho más rotundidad y efectividad a su caracterización. Si en su aria de entrada, ‘Regnava nel silenzio’, la soprano francesa supo deslumbrar por la riqueza de un bellísimo y emotivo canto lírico, sería en la escena de la locura donde alcanzaría el cénit de su arte resolviendo con perfección técnica cada una de las agilidades que le deparó la partitura y subrayando de manera acertada y siempre con canto matizado y refinado el contenido dramático de su personaje.



Natalie Dessay y Joseph Calleja. Fotografía © 2011 by MET

En una noche pletórica de vocalidad, el tenor maltés Joseph Calleja fue un magnífico Edgardo de subyugante lirismo y gran sensibilidad artística que convirtió en oro cuanta nota tocó. Bombardeando al público con un riquísima batería de recursos vocales y expresivos, su aria ‘Tombe degli avi miei…’ fue otro de los momentos mágicos que tuvo la noche y por el cual obtuvo un legitimo triunfo que se prolongaría a su posterior apasionado y no apto para cardíacos ‘Tu che a Dio spiegasti l ali…’

Al mismo nivel de sus colegas, con voz aterciopelada, el barítono francés Ludovic Tésier compuso un Enrico Asthon de fina línea de canto y técnica notable y que convino a la perfección a los requerimientos de su parte.

Un gran acierto fue encomendar el personaje de Raimondo al coreano Kwangchul Youn quien con una muy bella, generosa y bien timbrada voz de bajo, fraseo de gran dignidad e imponente sonoridad dio autoridad y un relieve poco usual al capellán del castillo de Ravenswood.

Como el noble y malogrado pretendiente de Lucia, el tenor Matthew Plenk cumplió y dejo entrever -a pesar de lo breve de su pasaje- interesantes cualidades vocales.

El único punto vocal discordante lo dio el errático y de dudosa entonación Normanno del tenor Philip Webb.

Un comentario al margen mereció la siempre profesional Theodora Hanslowe, una intérprete de lujo para la minúscula parte de la dama de compania Alisa.

El coro de la casa dio lo mejor de sí mismo y volvió a poner en evidencia el buen momento que atraviesa de la mano del maestro Donald Palumbo.

Desde el foso, el director americano Patrick Summers hizo una lectura dinámica, precisa y con brío de la partitura donizettiana al frente de una orquesta sobresaliente.



Ludovic Tésier y Coro. Fotografía © 2011 by MET

La producción que firmó la directora de escena Mary Zimmermann trasladó la acción a lo que se supone era la Inglaterra victoriana, sin que este hecho en principio perturbara la comprensión de la trama. Las complicaciones de su producción radicaron fundamentalmente en la visión teatral con la cual Zimmermann encaró la opera, y que le llevó a recurrir a explicaciones visuales de situaciones que, o bien ya de por sí eran obvias o que estaban explicadas a través de la música. El recurso de introducir un fantasma que se paseó por el escenario mientras Lucia cantó su aria de entrada y que luego regresó para acompañar a Edgardo en su escena final fue un claro ejemplo de esta situación, que no sólo no aportó nada sino que distrajo la atención del público. Asimismo, hubo momentos en que la creatividad de Zimmermann se permitió incluso ir mas allá de toda justificación, ¿o alguien puede explicar que en un momento tan dramático como lo es el sexteto del segundo acto, un fotógrafo acomode a los personajes para tomarles un foto familiar mientras están cantando? Absolutamente prescindible.

Ateniéndose al resultado general de la producción, cuesta entender que la dirección del Met hay invitado a esta directora de escena a montar dos nuevas producciones en las temporadas siguientes. La música y los solistas pudieron más que Zimmermann y terminaron haciendo de este espectáculo una de las mejores ofertas de la actual temporada.