Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 27/04/2012

Música y creencias

Por Maruxa Baliñas
San Petersburgo, 16/04/2012. Sala Grande de la Filarmónica de San Petersburgo. Coro del Monasterio de Valaam dirigido por Aleksei Chukov. Divna Ljubojevic, solista vocal, y Coro Melodi. Comentarios: Protodiácono Andrei Kuraev. Festival Internacional de Coros de San Petersburgo.

¿Qué es lo importante en un concierto de música religiosa, el texto o la música? A esta pregunta contestó otra de las periodistas que estaba cubriendo el Festival Internacional de Coros de San Petersburgo con un tajante "¡El texto!", y subrayó que lo importante es la palabra de Dios, y que la música resulta sólo un añadido sin importancia que puede suprimirse sin que pase nada. No es la respuesta que esperaba, pero es la que mejor explica un concierto que fue muy atípico desde el punto de vista de Europa Occidental. Aunque no sabría decir quién tiene la razón en este caso. La respuesta implica muchas cosas, casi todas referidas a las creencias personales de cada uno y más en concreto al valor que le da a la música.

El Festival Internacional de Coros de San Petersburgo está organizado por el Ministerio de Cultura de la Federación Rusa pero también por la iglesia ortodoxa, que interviene especialmente en el caso de estos conciertos que se celebraron coincidiendo con las fechas de Cuaresma y de Pascua y que convocaban mayoritariamente a coros religiosos de diferentes países, pero todos ellos de tradición ortodoxa (Bielorrusia, Serbia, Estonia, o Grecia).

En Europa Occidental también hay unos cuantos festivales similares coincidiendo con Cuaresma y Pascua -Mundoclasico cubre cada año la Semana de Música Religiosa de Cuenca-, pero con una diferencia muy clara: lo religioso es independiente de lo musical o cultural, y se plantea de tal modo que ambas facetas se separan claramente y la persona que asiste tiene muy claro si va a un acto religioso, de proclamación de la fe, o a un espectáculo musical. Pero en el concierto del pasado lunes 16 de abril en la Gran Sala de la Filarmónica de San Petersburgo ambos elementos se mezclaron indisolublemente: las interpretaciones musicales se intercalaron en los sermones del protodiácono Andrei Kuraev, y abundaron los gritos de “Cristo ha resucitado” por parte de la presentadora, de Andrei Kuraev e incluso de los intérpretes musicales, con la entusiasta respuesta por parte del público.

Cuando comenté mi asombro con algunos asistentes al concierto me dijeron que esta música es religiosa y por lo tanto lo lógico es que se interprete respetando este carácter, que no se puede separar la música de la ideología -o espiritualidad- que la fundamenta. Hablaron negativamente de la secularización de Europa Occidental, de la falta de valentía de los creyentes para hablar sinceramente de su fe y mostrarla en público. Y me hicieron sentir que mi función como periodista musical en este festival iba a resultar mucho más complicada de lo que había pensado, ya que se pedía que juzgara la música que sonaba en su contexto, un contexto que además desconozco, ya que siempre me enfrenté a la música ortodoxa como algo ajeno, como un 'tipismo' de un país que me gusta pero con el que apenas tengo contacto.

Centrándose en los aspectos musicales diré que no hubo un concierto sino más bien dos distintos e independientes entre sí, incluso en la duración, ya que fueron más de tres horas en la sala. En primer lugar actuó el Coro del Monasterio de Valaam dirigido por Aleksei Chukov, que a pesar de su nombre no es propiamente el coro oficial del Monasterio -el cual en los días de Pascua está cubriendo la liturgia en su propio monasterio- sino un coro profesional de voces masculinas que toma su nombre del prestigioso monasterio situado en la isla del mismo nombre situada en el Lago Ládoga. Su actuación constituyó fundamentalmente un repaso de algunos cantos de Resurrección desde el Renacimiento/Barroco hasta el siglo XX interpretados con respeto a la tradición decimonónica y unas voces francamente buenas tanto entre los tenores como los bajos o los bajos profundos. Luego, para completar su concierto, interpretaron algunas canciones tradicionales rusas adaptadas a varias voces.

En la segunda parte del concierto, y tras una nueva y extensa intervención de Andrei Kuraev, llegó la 'estrella' de la velada: Divna Ljubojevic, una cantante serbia que está obteniendo un gran éxito tanto en los ambientes religiosos como 'profanos' con sus maravillosos cantos, que son cantos ortodoxos antiguos planteados de un modo muy medieval -a menudo con una protopolifonía en la que sobre una nota o un acorde pedal realizado por el Coro Melodi- y al tiempo muy moderno, plan world music. Salvando las distancias geográficas y culturales, que son tampoco tan amplias, Ljubojevic me recordó mucho a la libanesa Sor Maria Keiroutz, tanto en su forma de cantar como en el propio modo de estar en el escenario. El resultado es tremendamente atractivo, y dejarse llevar por su canto resulta una experiencia que combina preciosamente lo religioso-espiritual y el placer meramente estético.

Por completar todos los aspectos del concierto añadiré que hubo también un intérprete de campanas que hizo dos números al comienzo y final del concierto con la gente moviéndose por la sala, la presentación de un proyecto para ayudar a niños oncológicos en su estancia hospitalaria -y hablaron dos niños enfermos-, y que no entendí prácticamente nada de lo que Kuraev, un prestigioso predicador ortodoxo, propuso en sus intervenciones, aunque debo confesar que en parte lo preferí y tampoco me esforcé en seguirlo. Kuraev aparecía en esos mismos días en los periódicos por unas declaraciones que acababa de hacer contra las actuaciones de Madonna en Rusia en las que llegó a proponer que los jóvenes creyentes hicieran todo lo posible por impedir el concierto, incluyendo llamadas telefónicas con amenaza de bomba al local de la actuación, si antes no se había conseguido anular su actuación.