Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 26/12/2007

Pax nobiscum

Por Esteban Hernández-Castelló
Barcelona, 21/12/2007. Basílica de Santa María del Mar. La Capella Reial de Catalunya i Hespèrion XXI. Jordi Savall, director. Da Pacem (700-2007). Músiques i Cants per la Pau en hebreu, bizantí, àrab, mossàrab, ladí, llatí, català, castellà, italià, grec, etc. i músiques de l’entorn Mediterrani dels segles X al XXI

Ser profeta en su tierra, como lo es Jordi Savall, no impide que sus apariciones en casa se encuentren en ocasiones salpicadas con programas como el que se ofreció en la Basílica de Santa María del Mar, es decir, con solera. Tal circunstancia ha permitido a Savall abrir con acierto y soltura su ciclo 'El So Original: origins i memoria', con el que se prodigará con cinco conciertos más, repartidos entre la sala Pau Casals del Auditori y la basílica del Borne, hasta junio del año venidero, a través de actuaciones en las que podremos ver las diferentes formaciones con las que nos presenta su particular visión de la música antigua: 'La Suite Française del temps del Rei Sol a Lluís XV' (21de enero); 'Sud i Nord: a l’Europa del Renaixement i del primer Barroc' (13 de marzo); 'Jerusalem: La Ciutat de Les dues Paus' (14 de abril); 'Vivaldi, La Senna festeggiante' (27 de mayo) y 'Lux Feminae (900-1600): Set rostres de la Dona a l'Antiga Hespèria' (9 de junio).

Como el propio título del programa anunciaba, a través de la antífona gregoriana Da pacem [Domine] -cuyo íncipit abreviado suponemos responda a una licencia políticamente correcta- la Capella Reial de Catalunya, Hespèrion XXI y un nutrido conjunto de solistas vocales encabezados por Montserrat Figueras han pretendido concentrar las diversas tradiciones musicales de los pueblos reunidos entorno al Mare Nostrum [el Mediterráneo], otorgando al pronombre posesivo un amplio sentido intercultural en aras de presentar la riqueza de obras profanas y sacras -instrumentales y vocales- de culturas y religiones diversas, apelando con sus cantos por la paz a través del conocimiento mutuo.

La citada monodia litúrgica, eje vertebrador del concierto, pudo escucharse hasta en cuatro ocasiones -precedidas de un sobrio toque de campana-: en su versión monódica ambrosiana, y en las versiones polifónicas de los compositores Gilles Binchois (s. XIV), Hieronimus Parabosco (s. XVI) y el contemporáneo estonio Arvo Pärt, esta última compuesta expresamente para la agrupación en homenaje a las victimas del atentado de Madrid.

Especialmente significativa, tanto por la calidad de la aportación como por su significado -sin duda acorde con el tema del concierto- fue la intervención conjunta del israelí Yair Dalal y el marroquí Driss El Maloumi ejecutando una invocación instrumental anónima en la que ambos lucieron su virtuosismo con el oud -simplificando, la versión oriental del laúd-, pese a que la inmensa basílica mermaba la percepción de las todas aquellas sutilezas cromáticas que hacen aún más bello este repertorio.

Como no podía ser menos, las cantigas de Santa María (números 10, 37, 181 y 209) también tuvieron su protagonismo en la homónima basílica, repertorio del que Savall es más que consciente de sus inmensas posibilidades, motivo por el cual utilizó todo su complejo instrumental y vocal, recurriendo a una propuesta interpretativa antifonal, otorgando de este modo una mayor riqueza sonora al repertorio mariano.

Del fruto de los deseos de Alfonso X estuvo también presente el Canto de la Sibila, para cuya interpretación solística Montserrat Figueres utilizó la capilla alta del lado del evangelio de la basílica, soberbiamente acompañada por Pedro Memelsdorff (flauta) y Lawrence-King (salterio), creando una atmósfera que envolvió al público en la versión galaica del texto apocalíptico. De hecho la calidad -y calidez- de los conciertos de Savall no sólo se percibe y transmite a través del profundo conocimiento y estudio del repertorio, sino también por la sabia conjunción de instrumentistas que muestra en cada una de sus apariciones, sin duda lo más excelso del panorama internacional.

Solo un sabio embaucador podía cerrar un concierto de casi dos horas de duración -sin pausa- haciendo cantar al público repertorio del siglo XIV, y así lo hizo, con un propicio bis ('Ave Maria') extraído del Llibre Vermell de Montserrat en el que la locución fue encomendada a un agradecido auditorio.

Las notas al programa fueron sustituidas en esta ocasión por una breve intervención del director antes del concierto en la cual explicó la estructura del programa y las particularidades del repertorio, cuyos textos, eso sí, se pudieron degustar en un nutrido programa que, curiosamente, carecía del texto de la propia antífona que estructuró el concierto. Y es que para que todo sea más humano es siempre necesario que aflore algún defecto.