Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 29/02/2012

Con una sonrisa...

Por Javier del Olivo
Bilbao, 24/02/2012. Palacio Euskalduna. L'elisir d'amore de Gaetano Donizetti. Libreto de Felice Romani sobre el libreto de 'Le philtre' de Eugène Scribe. Mario Gas, dirección de escena. Juan Antonio Gutiérrez, dirección de la reposición en Bilbao. Marcelo Grande, escenografía y vestuario. Quico Gutiérrez, iluminación. Celso Albelo, Nemorino. Mariola Cantarero, Adina. Bruno de Simone, Dulcamara. Luca Salsi, Belcore. Itziar de Unda, Giannetta. Coro de Ópera de Bilbao, Boris Dujin, director del Coro. Orquesta Sinfónica de Euskadi. José Miguel Pérez Sierra, director musical. 60 Temporada de la ABAO. Ocupación 95%

Con una sonrisa salía un buen aficionado de la tercera representación de L'elisir d'amore que la ABAO (Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera) ha puesto en escena en la segunda quincena de febrero. Y como él, la mayoría del público bilbaíno, porque realmente fue para salir contento por lo que se había vivido en el Palacio Euskalduna.

Siempre me ha parecido que las óperas bufas del llamado belcantismo han sobrevivido mucho mejor al paso del tiempo que sus hermanas "serias". No estoy hablando de la música, sino más bien de las temáticas y los libretos. La historia que, por ejemplo, nos cuenta L'elisir, sigue haciendo sonreír con ternura al público actual, tal como lo hizo al del estreno. Las aventuras de Adina y Nemorino siguen vivas. Esta "actualidad" no la comparten otras obras de este período que han sobrevivido en el repertorio por sus valores musicales, aunque nos interese muy poco lo que se cuenta en ellas, quizá con la excepción de Norma, ópera seria que sigue conmoviendo por ambos conceptos.

Teatralmente hablando, ha sido una de las mejores representaciones que en los últimos años se han visto en esta Asociación. Concebida para el Liceu, Mario Gas hace una impecable dirección de actores a la que contribuye en este caso la excelente conexión personal entre los cantantes protagonistas. Gas, representado en Bilbao por Juan Antonio Gutiérrez, hace un trabajo excelente, con unos movimientos siempre creíbles y adecuados. Aunque el traslado de la acción teatral de un entorno rural del siglo S. XIX a los suburbios de una ciudad en la Italia fascista chirría a veces, entre lo que se canta (campesinos, jóvenes que van a viajar a la ciudad) y lo que se ve (el protagonista es kioskero, sus vecinos, obreros), al final consigue que el público esté de acuerdo en que da igual el tiempo o el lugar, la historia es siempre la misma. A todo ello ayuda el buen trabajo de Mario Grande en la escenografía y el vestuario, y de Quico Gutiérrez, responsable de la iluminación.

 

Gran noche fue, sobre todo, en lo musical. Debutaba en la ABAO el tenor canario Celso Albelo. Hemos comentado a menudo en estas páginas la especial pasión que hay por la cuerda de tenor entre los aficionados bilbaínos. Se esperaba con expectación conocer el trabajo de este cantante, que venía precedido de las mejores críticas, Y Albelo no decepcionó. Su recreación de Nemorino fue de esas que nunca se olvidan. Si estuvo genial como actor (simpático y divertido), como cantante dio muestra de todo su potencial y talento. No es una voz grande, y el siempre temible espacio del Euskalduna no le ayudó en ningún momento. Pero él triunfó con unas cualidades que no se ven todos los días: musicalidad cuidada, elegancia en la emisión, perfecta afinación y excelente fiato. Brindó 'Una furtiva lagrima' de estremecerse, con un dominio de su voz absoluto, brindándonos unos reguladores bellísimos, optando por una interpretación sentida, recogida, como para sí mismo, pero de una belleza absoluta. En otros teatros hubiera arrancado unos "bravos" tremendos, pero el siempre poco entusiasta público bilbaíno solo le brindó un cálido y prolongado aplauso.

Frente a este excelente cantante tuvimos a otra gran intérprete. Mariola Cantarero ya ha demostrado en Bilbao que es una especialista en belcanto. Su Adalgisa de hace unas temporadas se recuerda con admiración y cariño. Seguimos con la misma opinión: su Adina es una mujer de carácter, pero con el estilo de una Sofia Loren o Anna Magnani. Su química con Albelo es total y se les pudo ver en algún momento partidos de risa. En lo vocal estuvo a gran altura. Con gran dominio de toda la tesitura, fue especialmente brillante su intervención en la escena, 'Prendi, per me sei libero'. Con facilidad para llegar a las notas más agudas y mantenerlas sin problemas, siempre dio sensación de gran seguridad y de dominio del fiato.

 

También a gran nivel el Dulcamara de Bruno de Simone, que fue el cantante con mejor proyección y dicción. Su interpretación nunca cayó en la bufonería y su voz tiene un timbre bello y muy adecuado al papel. Un poco más flojo, pero con buenas prestaciones, el Belcore de Luca Salsi. Sus coloraturas fueron francamente deficientes, pero en el resto dio la talla. Muy bien Itziar de Unda como Giannetta, que, acompañada por el coro femenino, nos ofreció una excelente interpretación de la escena en la que las campesinas se enteran de la herencia que acaba de recibir Nemorino. Muy bien también el Coro de Ópera de Bilbao, dirigido por Boris Dujin, algo a lo que nos tienen acostumbrados.

La labor de José Miguel Pérez Sierra como director musical fue discreta. No destacaremos más que su mesura en los momentos más líricos con el objeto de permitir que los cantantes se lucieran. El resto fue un correcto trabajo de dirección con algún arranque más rápido que desconcertó a los cantantes. Buena la prestación de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, que supo adaptarse a la dirección y que tuvo algún momento solista destacable. Como curiosidad anotar la libertad que se tomó el pianista al tocar el acorde de Tristán cuando en el escenario hablan del elixir de la reina Isolda. Otro agradable guiño.

Lo dicho, salimos con una sonrisa, algo que, en estos tiempos que corren, siempre se agradece.