Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 07/04/2006

Naturalidad y buen gusto

Por Fernando Peregrín Gutiérrez
Madrid, 01/04/2006. Auditorio Nacional de música. Frank Peter Zimmermann, violín Orquesta Nacional de España Joseph Pons, director. Wolfgang Amadè Mozart: Conciertos para violín y orquesta números 1, en Si bemol mayor, K 207; 4, en Re mayor, K 218 y 5, en La mayor, K 219, “Turco”. Fernando Sor: Hercule et Omphale, obertura. Vicente Martín y Soler: Una cosa rara, obertura. Aforo completo.

No era la primera vez que Josep Pons, director titular de la Orquesta Nacional de España, y el violinista alemán Frank Peter Zimmermann se reunían para interpretar juntos los Conciertos para violín y orquesta de Mozart. A finales de octubre y principios de noviembre de 2003, ambos, director y violinista, ofrecieron al público granadino los cinco conciertos mozartianos para violín y orquesta, contando en aquella ocasión con la colaboración de la Orquesta Ciudad de Granada.

 

Zimmermann se prodiga bastante y con regularidad en los auditorios y salas de conciertos españoles. En concreto, este “sesqui-año” mozartiano interpretará la integral de los conciertos para violín y orquesta de Mozart en varias ciudades españolas, habiendo empezado estas interpretaciones en enero, en el marco del XXXI Festival de Música de canarias, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Tenerife y el maestro Víctor Pablo Pérez (nuevamente, el violinista y este director de orquesta se volverán a encontrar en La Coruña, en el curso del Festival Mozart, para interpretar juntos esta integral).

 

El primero de los dos conciertos dedicados a interpretar los cinco conciertos de Mozart para violín y orquesta fue una grata experiencia para mí, por dos razones, principalmente: comprobar cómo Zimmermann ha depurado y perfeccionado aún más su ya espléndida interpretación de estos conciertos y, en segundo lugar, confirmar la indudable mejoría de la ONE desde que Josep Pons se hizo cargo de ella. Hacía varios meses que no tenía ocasión de asistir a un concierto de esta orquesta y me sentí gratamente sorprendido por su más que notable acompañamiento, haciendo un mozart de buena calidad.

 

Por su parte, Zimmermann me produjo la sensación de pasar casi de puntillas y sin mucho interés por la partitura del Concierto núm. 1, K 207. Pero a partir de la cadencia del Andante cantabile del número 4, K 218, su interpretación estuvo a la altura de lo que yo esperaba de uno de los mejores intérpretes actuales de las composiciones para violín de Mozart. El sonido es realmente bello, cristalino y cálido a la vez; el fraseo es inequívocamente mozartiano, esto es, que hace cantar al violín con una afinación y musicalidad de mucha altura. El violinista se mostró espléndido, muy emotivo, contenidamente apasionado y delicadamente intenso en todo momento del Quinto concierto, en el cual el maestro y la orquesta, contagiados y llevaos tal vez por la musicalidad y el buen hacer del solista, estuvieron realmente bien.

 

Con todo, tengo para mí que la mejor virtud de Zimmermann es su naturalidad y buen gusto, que están por encima de la exhibición de virtuosismo, cosa que si sucedió, y en qué manera y estilo, en la pirotécnica y endemoniadamente difícil propina paganiniana.

 

El programa se completó con dos oberturas, una de las cuales, la del ballet Hercule et Omphale aparecía por vez primera en los atriles de la ONE. Ambas fueron interpretadas con corrección y cierta brillantez por el maestro Pons y su reducida y muy mejorada orquesta.