Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 19/04/2012

Torna, torna Serrallonga…

Por Justino Losada Gómez
Barcelona, 19/11/2011. Auditori de Barcelona. Sala 1 Pau Casals. Samuel Barber, Adagio para cuerdas, Jesús Torres: Libro de los secretos. Piotr Ilich Chaicovski, Sinfonía nº 6 “Patética”. Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña. Pablo González, director. Aforo 2200. Asistencia: 90%

El problema de ser grabado en televisión reside en que lo positivo y lo negativo siempre quedan para la posteridad. En muchos casos, la amalgama de sensaciones y reflejos que nos deja el recuerdo, una vez sedimentada la información y sus enlaces, trae cierto bouquet agridulce que nos recuerda lo ocurrido aunque queramos olvidarlo. Así funciona la memoria, por medio de chispas repentinas de lucidez, fotos fijas en el tiempo que reconstruyen todo el espectro sensorial desde un eco y aroma terciarios, que nos hacen tener una vívida experiencia del recuerdo, tanto si es para sonreir como para sonrojarnos. Si en vez de que alguien nos recuerde las cosas lo hace un video grabado, el recuerdo puede materializarse de forma más fidedigna si cabe y recrearse en vivencia, tal y como ocurrió el concierto de abono Nº 6 de la OBC, emitido en stream en directo, y que fue alojado para posterior visionado en la web medici.tv.

Cabe recalcar en primer lugar, que precisamente lo negativo no fueron las interpretaciones, ni el contenido musical del concierto, sino la reacción a las mismas, no exentas de socarronería y hasta alevosía. Me refiero al público. Ese público al que parece que nunca debe reprochársele nada, y que en cambio se erige en juez de todo lo que ocurre en un espectáculo, amparándose en que el solaz viene de la mano del evento y por consiguiente de un más que distendido comportamiento. La cuestión reside entonces en que si las costumbres de unos molestan el disfrute de otros, o lo que es peor, fastidian el trabajo de director y profesores de la orquesta, habría que hacérselo mirar.

El concierto dio comienzo con una interpretación del Adagio para cuerda de Samuel Barber, que Pablo González trazó con equilibrio quirúrgico entre lirismo y análisis, el grandísimo arco formal de esta obra, originalmente ideada como el tercer movimiento de su cuarteto de cuerda, y que fue orquestada para una muy amplia sección de cuerda como respuesta a Toscanini. El inicial comedimiento del director poco a poco se tornó en gesto generoso, que supo hacer crecer la interpretación en un rango dinámico notable, prestando atención a los numerosos divisi que encierra la obra.

El compositor Jesus Torres fue el protagonista de la segunda obra del programa, mediante el estreno de su Libro de los secretos para orquesta sinfónica. Obra no tan arriesgada como su excelente sinfonía compuesta por el 40 aniversario de la OSRTVE en 2005 o La tumba de Antígona, obra de sólidas condiciones formales. El Libro de los Secretos parte de las ideas del místico sufí Fari ad-din Atar, gran maestro persa de los siglos XII y XIII, y enfrenta dos secciones contrastadas de carácter más armónico en las que metales, cuerdas y percusión, creando un contrapunto lleno de diluidas frases rotas, con abundantes pasajes repetitivos como los redobles en timbales y láminas, o las secciones para maderas, y en definitiva recreando un paisaje sonoro muy atmosférico. El trayecto no gradual entre ambas secciones se hace mediante un breve interludio de ataque rítmico de cuerda y percusión que en la modesta opinión de quien escribe estas líneas sonó muy forzado, rompiendo el discurso comunicativo. En cualquier caso, y dejando aparte detalles sobre la obra, en términos interpretativos, tanto Pablo González, dedicatario de la obra, como la OBC dieron buena cuenta de este estreno, mediante una ágil, entretenida y transparente interpretación, que puso de manifiesto la carga técnica de la obra.

En la segunda parte, Pablo González se mostró apasionado y ansioso, y por momentos con gesto incluso violento, cuando llevó a cabo una lectura de la sexta sinfonía de Chaicovski, totalmente en sintonía con la contradicción sentimental que sufría el compositor en su última época. El primer movimiento se trazó con un discurso homogéneo desde el más que pianissimo pasaje inicial, prestando atención a los crescendos en la cuerda casi con intensidad de esforzandi, dando una gran fuerza expresiva, y buscando la nobleza mediante el sufrido discurso en consonancia con la tradición rusa, llegando a un trepidante clímax. En el allegro con grazia González se mostro elegante resolviendo el ingenuo movimiento en 5/4, y en el tercer movimiento mutó a un concepto muy marcial de creciente precisión, exponiendo un brillantísimo rango dinámico, así como emocionante y tensa conclusión. La naturaleza de este movimiento se contrapone a la angustiosa carga emocional del adagio final, que el público rompió con aplausos a destiempo. No contento con el sonoro boicot de ruidos de todo tipo durante todo el concierto, desde guturales gargajos hasta papeles de caramelos, el aplauso fuera de lugar enfureció a González, cayo gesto quedó registrado, justo antes de arrancar una descarnada interpretación del adagio que concluyó un brillantísimo concierto, pese a lo ruidoso del auditorio.

Queda entonces recapacitar sobre lo ocurrido ante un público que va a pasarlo bien y que disfruta de un concierto tanto más si la calidad del mismo lo permite. Por ello se debe recordar que el hecho musical se debe a personas que nos deleitan con su trabajo, y al respeto del público por el trabajo de los músicos. Sin respeto nunca habrá buen trabajo, y sin trabajo nos roban la música… El día que pase esto habrá que emular a Els Esquirols e invocar de nuevo la vuelta de Serrallonga.