Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 11/06/2012

Inauguración de la 13 Documenta de Kassel

Por Juan Carlos Tellechea

La Documenta, considerada como la muestra de arte contemporáneo más importante del mundo, en la que participan 180 artistas de 55 países, fue inaugurada este sábado 9 de junio en Kassel (centro-oeste) por el presidente federal de Alemania, Joachim Gauck.

La exposición que se extiende durante 100 días (hasta el 16 de septiembre próximo) y aguarda a más de 750.000 visitantes, se realiza ahora cada cinco (antes cada cuatro) años; esta es la 13a. edición desde que fuera abierta por primera vez en 1955.

Concebida como una cita para ver obras de arte, asombrarse y reflexionar ante ellas, la Documenta tiene como recinto principal el Museo Friedericianum, un imponente y sólido edificio de piedra que data de 1779. Tras ingresar al recinto y penetrando al ala occidental de la planta baja, una fuerte brisa, creada por el artista británico Ryan Gander (Chester, 1976), sorprende e incomoda un tanto al espectador anticipándole ya que soplarán aires nuevos y frescos cuando se adentre más en la exhibición.

Tres esculturas de Julio Gómez

El siglo XX

En la misma sala, protegidas en una vitrina, están las innovadoras esculturas de metal Tête plate (1930), Danseuse à la marguerite y Homme gothique (ambas de 1937) de uno de los más importantes artistas del siglo XX, el español Julio González (1876-1942), exiliado en París tras la Guerra Civil (1936-1939), amigo de la coleccionista de arte (escritora y editora) Gertrude Stein y asistente de Constantin Brancusi, quien colaboraba asimismo con su amigo Pablo Picasso.

La Antigüedad

A pocos pasos de allí, la Documenta reúne, entre otras piezas, un curioso conjunto de ocho figurillas de más de 4.000 años de antigüedad exhibidas en el lugar más destacado: la rotonda del Museo Friedericianum, "el cerebro" por donde pasan todas las "conexiones neurales" de esta manifestación.

Las figurillas de 20 centímetros de altura, talladas sobre fragmentos de clorita y esteatita (silicatos), con algunos elementos de lapislázuli, entre los años 2.500 y 1.500 antes de Cristo, representando a princesas de Bactriana (nombre griego de la antigua región del Hindu Kush localizada entre Uzbekistán, Tayikistán, Afganistán, Pakistán, China y Turkmenistán), llaman poderosamente la atención del público, porque pese al paso del tiempo parecen haber sido realizadas en nuestra era.

Bactriana, conquistada sucesivamente por Ciro el Grande (540 aC) y Alejandro Magno (328 aC), fue un importantísimo nudo de enlace para las caravanas de mercaderes que desde tiempos pretéritos comerciaban entre el Lejano Oriente, la India y la cuenca del Mediterráneo; entre sus legados más asombrosos figura el arte grecobactriano, en el que confluyen influencias de la Antigua Grecia, así como de las culturas hindú y medo- persa.

Princesa de Bactriana

Cuestiona la economía

Para la directora artística de la Documenta 13, Carolyn Christov-Bakargiev, la presente edición "está impulsada por una visión global escéptica y 'no logocéntrica' ante la persistente fe en el crecimiento económico".

"Esta (amplísima) visión comparte y respeta las formas y prácticas del conocimiento de todos los productores vivos y no vivos del mundo, incluídos los seres humanos", agrega la escritora e historiadora de arte ítalo- estadounidense, nacida en Ridgewood, Nueva Jersey, en 1957.

Mucha pintura, menos fotografías

Esta vez se ve abundante pintura, muchos dibujos, muchas instalaciones (incluso de experimentación electrónica), pocos vídeos y menos fotografías en comparación con ediciones anteriores. Llaman la atención los cuadros de gran formato de la estadounidense de origen etíope Julie Mehretu (Addis Abeba, 1970) que pueden describirse como paisajes espirituales que entretejen con líneas abstractas y colores sobre fondo blanco densas composiciones gráficas con referencias históricas, arquitectónicas y geográficas.

Desde el punto de vista museístico la exposición está muy bien presentada, si bien cuesta un poco seguir el hilo conductor que ha querido mostrar la directora Christov-Bakargiev con su concepto.

¿Quiénes intervienen?

La lista oficial de participantes (artistas o no, vivos o no) en la Documenta 13 incluye casi 300 nombres, desde la letra "A", como el de la artista Lida Abdul, pasando por el del físico, filósofo, téorico, científico y escritora Karen Barad, el coreógrafo Jérôme Bel, el biólogo Ali Brivanlou, el ingeniero agrónomo George Chan o el célebre Salvador Dalí.

Pero abarca asimismo a la feminista Silvia Federici, al poeta Kenneth Goldsmith, al antropólogo cultural Horacio Larraín Barroso, al cineasta Albert Serra, a la diseñadora Zolaykha Sherzad, al genetista Alexander Tarakhovsky o al escritor Ignacio Vidal-Foch, y llega a la letra "Z", hasta el nombre del artista e ingeniero en computación Konrad Zuse.

Colapso y reconstrucción

"El límite entre lo que es y no es arte tiene poca importancia", afirma Christov-Bakargiev. Lo que exponen los participantes "puede que sea arte o que no lo sea. Aquí, de lo que se trata es de "colapso y reconstrucción", explica la directora de la Documenta.

"Ya no se trata de dos momentos que se suceden consecutivamente, sino que a menudo sobrevienen de forma simultánea y la inseguridad existencial se ha convertido en norma en todo el mundo. Vivimos en un estado permanente de crisis, situaciones de emergencia y de excepción", señala.

Museo Friedericianum

© 2012 by Nils Klinger

¿Por qué Kassel?

Ningún lugar parece más idóneo que Kassel para esta muestra, una ciudad en la que se producían torretas para carros blindados de combate (Krauss-Maffei) bajo el régimen nazi de Adolf Hitler (1933-1945) y que fue casi completamente destruída durante la Segunda Guerra Mundial.

La exhibición se distribuye en 31 edificios y espacios públicos de la ciudad y sus alrededores, entre los que figuran una antigua panadería, un cine, una estación ferroviaria (desde la que eran transportados judíos a los campos de concentración) o un antiguo monasterio benedictino, según el catálogo de más de 500 páginas que la acompaña.

"En Kassel hay muchos lugares por descubrir", afirma Christov-Bakargiev. "Cuando uno excava encuentra historias", acota. La urbe de 200.000 habitantes está situada cerca del centro geográfico de Alemania, en la denominada ruta de los hermanos Grimm, cuyos legendarios lugares inspiraron muchos de sus cuentos de hadas. La Sociedad Hermanos Grimm que vela por su legado tiene su sede en Kassel.

Viniendo por la autopista desde Berlín el viajero bordea, entre otros sitios encantados, el macizo del Harz (envuelto en estas épocas primaverales por una peculiar bruma), donde según la tradición popular las brujas celebran sus aquelarres anualmente el 1 de mayo.

También Afganistán, Egipto y Canadá

Pero la directora artística de la Documenta no sólo llevó a cabo "excavaciones" en Kassel, sino también en Kabul, en El Cairo y en Alejandría así como en un parque nacional de Canadá, declarados como sitios adicionales de esta exposición.

La muestra relata historias muy interesantes, algunas casi increíbles, como la del artista afgano Mohammad Yusuf Asefi, quien salvó en Kabul 80 cuadros con representaciones de personas y animales, cubriéndolos con una capa de pintura soluble al agua, antes de que fueran destruídos por los Talibanes. Las imágenes fueron "lavadas" posteriormente para quitarles la capa y para que se pudieran ver otra vez los motivos originales pintados al óleo.

Manzanas de Korbinian Aigner

Las manzanas y el genocidio nazi

El visitante puede conocer también las obras del párroco católico, pomólogo y artista Korbinian Aigner (1885- 1966), de la región de Baviera (sur). Este valiente cura de pueblo atacaba a los nazis en sus sermones y fue confinado por el régimen de Adolf Hitler al campo de concentración (Konzentrationslager, abreviado KZ) de Dachau.

Nada menos que en este campo de exterminio Aigner creó nueva vida, al desarrollar cuatro variedades de manzanas que bautizó como KZ1, KZ2, KZ3 y KZ4, hoy más conocidas como manzanas de Korbinian (de color dorado con vetas rojas, tamaño mediano y muy jugosas). Al igual que un moderno artista conceptual, el cura pintó durante 50 años una y otra vez estas frutas.

En una de las grandes salas de la Documenta se exponen sus cuadros que, sorprendentemente, son fuente de inspiración e impresionan a los espectadores. Un joven ejemplar del manzano de Korbinian fue plantado en el parque de esculturas de la Documenta situado sobre la vega del río Fulda que atraviesa Kassel a un centenar de metros del Friedericianum.

La vida

La vida reina en todo su esplendor en el vecino Jardín de mariposas de la artista, biólogo y teólogo alemana Kristina Buch, respaldando así las apreciaciones universales de la directora de la Documenta: las crisálidas son una metáfora sobre la renovación y regeneración de la naturaleza, omnipresente en la muestra.

El artista chino Song Dong ha cubierto de plantas un montón de desperdicios orgánicos en proceso de descomposición; el francés Pierre Huyghe ha realizado un estercolero para la producción de mantillo, ambas creaciones convertidas también en obras de arte. Entre los nombres menos conocidos en la muestra figura el del pintor y cineasta sudafricano William Kentridge, quien en sus performances [acciones artísticas] más recientes, como Refusal of time, aborda temas como la confrontación entre el tiempo y la modernidad.

¿Feminismo?

No siempre son inteligibles las interpretaciones de Christov-Bakargiev, como cuando afirma que las imágenes de la fotógrafo Lee Miller (1907-1977) sentada en la bañera de Hitler serían presumiblemente una "denuncia feminista", un intento de limpiar a la humanidad de sus pecados, algo que no todos necesariamente pueden entender así.

Miller, quien en abril de 1945 fur reclutada como corresponsal de guerra para acompañar a las tropas estadounidense en Múnich, vivió durante unos días en el domicilio privado de Adolf Hitler, en la plaza Prinzregentenplatz de esa ciudad, y utilizó la bañera del dictador nazi para bañarse el día en que se suicidó. La Documenta muestra algunos de los recuerdos que sacó Miller de la vivienda de Hitler, entre ellos una toalla con las iniciales A.H. y una polvera que perteneció a su amante, Eva Braun.

Attia Kadar. Instalación

© 2012 by Roman Maerz

La guerra y sus horrores

A quienes prefieren recibir el influjo directo de una obra de arte en su percepción en lugar de leer las interpretaciones de los organizadores de una muestra, la instalación del francés Kader Attia les viene que ni pintada.

En un espacio iluminado con luz de color ámbar, con un áurea algo mortecina, el artista ha colocado en unas vitrinas cartuchos de bala o de proyectiles de artillería vacíos utilizados como elementos de decoración, y sobre unas estanterías metálicas unas esculturas en madera de cedro representando cabezas de hombres con deformaciones en sus rostros.

Aunque no sepa de que se trata el espectador piensa de inmediato en los horrores de la guerra o en los crímenes de lesa humanidad perpetrados en la época colonial en África. Libros y fotografías descriptivos sobre la Gran Guerra y el despojo del continente africano completan la instalación y generan un incontenible alud de asociaciones en su mente, algo que sólo al arte le está reservado.