Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 24/11/2005

2 Operas de Manuel de Falla 2

Por Luis Gutiérrez Ruvalcaba
Ciudad de México, 17/11/2005. Palacio de Bellas Artes. Manuel de Falla: “El retablo de Maese Pedro” (1926) y “La vida breve” (1913). César Piña, Dirección Escénica. Juliana Vanscoit, Escenografía y Vestuario. Elena Marsans, Iluminación. María Antonia “La Morris”, Coreografía para 'La vida breve'. Manuel Betancourt (Don Quijote y er tío Sarvaor), Lourdes Ambriz (el trujamán), Óscar de la Torre (Maese Pedro), María Luis Tamez (Salud), Dante Lorenzo Alcalá (Paco), Luis María Bilbao (Voz de la fragua), Eloísa Jurado (La abuela), Martín Luna (Manolo), Maribel Salazar (Carmela), Angélica Guzmán, Enivia Mendoza y Lourdes Beltrán (vendedoras), José Miguel Moreno (cantaor), Pepe Jiménez (guitarrista). Orquesta y Coro de la Ópera de Bellas Artes. Director: José Luis Castillo. Aforo: 2000 localidades. Ocupación: 75%

El retablo de Maese Pedro, ópera de cámara raramente representada, con libreto del compositor basado en los capítulos 20 y 21 de la segunda parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha fue presentada por Bellas Artes como homenaje a Don Quijote en el cuarto centenario de su publicación.

La producción de César Piña es muy fiel a lo que el libretista-compositor pide en su obra de marionetas. El único cambio importante fue musical ya que en vez de un niño soprano, tuvimos a una mujer como el narrador, ‘el trujamán’, y creo que esta fue una buena solución ya que Lourdes Ambriz fue capaz de imprimir en su voz características infantiles sin caer nunca en la monotonía propia de una voz de niño.

El papel de ‘Maese Pedro’, un tenor, es realmente pequeño y fue adecuadamente realizado por Oscar de la Torre. El que me decepcionó fue Manuel Betancourt como ‘Don Quijote’, especialmente después de haber escuchado recientemente una grabación de uno de los más grandes barítonos españoles del siglo pasado, Manuel Ausensi. En el foso, el maestro valenciano José Luis Castillo tuvo una interpretación de excepcional calidad al mando de la Orquesta de la Ópera de Bellas Artes.

La vida breve

Esta muy breve opera, una hora y quince minutos, podría calificarse como verista y como folklórica. Su argumento es tan realista y tan de clase baja, algo así como Cavalleria rusticana, y su lenguaje y danzas con un color tan local, Granada en este caso, que podría compararse con La novia vendida o Susannah, que se requiere de una cantante del calibre de Victoria de los Ángeles para tener una función satisfactoria. Y, como sabemos, por desgracia, ya no la tenemos entre nosotros. Como Salud tuvimos a María Luisa Tamez, quien sí es capaz de gritar como en cualquier ópera verista, pero que celebrando sus veinticinco años de solista tuvo una noche muy poco saludable.

Los demás miembros del elenco estuvieron a la altura de la prima donna. Inclusive los dos números de danza se vieron bastante falsos, lo cual es una vergüenza en un país con una larga tradición en danza flamenca, no por algo durante tres siglos nos llamamos la Nueva España. El único que mereció, y obtuvo, un fuerte aplauso fue, de nuevo, el director musical José Luis Castillo que demostró que la Orquesta que la Orquesta de la Ópera de Bellas Artes puede sonar muy bien cuando es bien dirigida.

Por cierto, César Piña también dirigió La vida breve quesque como homenaje a Juan Ibáñez.

El resultado final Don Quijote 1 Vida breve 0