Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 07/12/2010

De Mozart a Piazzola … y regreso a Mozart

Por Carlos Singer
Buenos Aires, 27/11/2010. Auditorio Pilar Golf. Andrés Spiller, oboe. Camerata Bariloche. Concertino y dirección: Freddy Varela Montero. Wolfgang Amadeus Mozart, Divertimento en Re Mayor K. 136. Tomaso Albinoni, Concerto a 5 para oboe, cuerdas y continuo en re menor, opus 9 N° 2. Antonin Dvorak, Dos Valses opus 54. Edvard Grieg, ‘De los tiempos de Holberg’, suite en estilo antiguo opus 40. Astor Piazzola, Adios Nonino (arreglo de Fernando Hasaj), Oblivion y La Muerte del Ángel (arreglo de José Bragato). Cierre del Ciclo 2010 de Conciertos Pilar Golf
Ya es un hábito dentro de la temporada de conciertos que organiza Pilar Golf en el amplio y cómodo auditorio que ha erigido en el primer piso de su edificio principal, que el cierre del ciclo de conciertos esté a cargo de la Camerata Bariloche en un programa algo más corto de lo acostumbrado (cosa que en esta oportunidad prácticamente no se notó) porque a su término se lleva a cabo en los salones y las terrazas del complejo una multitudinaria fiesta a la que son invitados todos los asistentes y que incluye, entre otros, el anuncio de la programación prevista para el año siguiente y un gran espectáculo de fuegos artificiales.

Concierto éste que fue dedicado a la memoria de Fernando Hasaj, concertino y director del conjunto por casi dos décadas -el programa con que concluyó la temporada 2009 de Pilar Golf lo tuvo a su frente- fallecido en marzo de este año. Ahora la responsabilidad de guiar a la agrupación le cupo a Freddy Varela Montero, un artista chileno que se ha incorporado este año como concertino a la Orquesta Estable del Teatro Colón.

Aunque el programa llevaba por título ‘De Mozart a Piazzola’ el espectro temporal era sensiblemente mayor, ya que en segundo término estaba incluido el más célebre de los conciertos de Albinoni con oboe solista, el Concerto a 5 en re menor, opus 9 N° 2, compuesto casi medio siglo antes del nacimiento del genio de Salzburgo. Para esta partitura -y luego en una de las páginas de Piazzola- se contó con la invalorable colaboración de Andrés Spiller, un eximio oboísta que a la delicadeza y calidad del sonido que extrae de su instrumento aúna una gran musicalidad así como un fino sentido estilístico. De ahí que la versión que nos fue dable apreciar resultó desde todo punto de vista impecable tanto en lo técnico como en lo musical y el melancólico ‘Adagio’ central, en particular, estuvo exquisitamente vertido.


Fotografía © 2010 by Liliana Morsia. Cortesía de Pilar Golf


El concierto se había iniciado con una correcta interpretación del primero de los tres Divertimentos que Mozart escribiera en 1772, cuando contaba dieciséis años. A lo largo de sus tres movimientos, la Camerata puso en evidencia sus conocidos atributos de ajuste, afinación, belleza de sonido (con chelos y contrabajo brindando un firme y caudaloso sostén) así como adecuado balance. Si la versión no me llegó a convencer plenamente fue porque eché en falta mayores contrastes dinámicos o que los motivos principales estuviesen marcados de manera más incisiva, con un fraseo que les otorgara más realce. Fue, en suma, una labor competente pero que no superó ese nivel.

La obra de Dvořák que se escuchó es una orquestación realizada por el propio autor de dos de los valses (el N° 1, Moderato en La Mayor y el N° 4, Allegro vivace en Re Bemol Mayor) extraídos de los Ocho valses para piano opus 54, que datan de 1880. Aquí si los integrantes de la Camerata lograron, sobre todo en el primero (un vals lento) un vuelo lírico y una libertad rítmica dignas de elogio, conformando una ejecución altamente satisfactoria.

Bastante menos atractiva me resultó, por el contrario, la interpretación de la extensa Suite Holberg (nombre con el que se conoce comúnmente a esta página que, al igual que la precedente, proviene de piezas pianísticas que el propio Grieg se encargó de orquestar para conjunto de cuerdas y que desde ese momento se ejecuta casi exclusivamente en ese nuevo formato), a la que afectó una marcada parsimonia en la elección de tiempos y cierta uniformidad conceptual, con pocos contrastes y un tono general en el que primó un enfoque aséptico y algo desprovisto de carácter, del que solo se libró, a mi entender, el ‘Rigaudon’ conclusivo.

Las cosas volvieron por la buena senda con las tres obras de Astor Piazzola con las que concluyó la parte programada del concierto. En Oblivion, compuesta para la banda de sonido del film Enrique IV del italiano Marco Bellocchio, tuvo destacada participación el oboísta Andrés Spiller, mientras las otras dos páginas eran interesantes arreglos del lamentado Fernando Hasaj en el caso del celebérrimo Adios Nonino y de José Bragato en La Muerte del Ángel, que fueron objeto de versiones de gran fuerza interpretativa y un perfecto ajuste rítmico.

El numeroso público, que colmaba literalmente las instalaciones, brindó a todos los integrantes de la Camerata Bariloche una firme y prolongada ovación que movió a los músicos a volver a Mozart para ofrecer fuera de programa una briosa y lucida recreación del 'Presto' con el que concluye el Divertimento en Fa Mayor Köchel 138.

Un digno cierre para otra atractiva temporada de los Conciertos Pilar Golf.