Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 11/08/2011

Impresiona por su energía

Por Juan Krakenberger
Cambrils, 28/07/2011. Cripta de la Ermita. Judith Jáuregui, piano. Obras de Jordi Cervelló, Frederic Mompou, Isaac Albéniz, Alexander Scriabin, Bela Bartók y Claude Debussy. 37º Festival de Música, Cambrils 2011. Asistencia: 75% del aforo

Un interesante y exigente programa, que con la ayuda de la buena acústica de la Cripta de la Ermita de Cambrils, nos permitió gozar de hora y media de buena música, tocada con entrega y dominio. La joven pianista vasca Judith Jáuregui (San Sebastián, 1985) nos presentó algunas obras poco conocidas del repertorio español, y luego música europea del siglo XIX.

El concierto se inició con A Franz Schubert de Jordi Cervelló: música tranquila con muchos arpegios, ensoñada, que hace honor a su título y que recibió una versión sentida y bien sonante. Luego, del mismo compositor, Balada a Rubinstein, que por su contenido debe referirse al famoso pianista: porque se trata de música muy pianística, técnicamente muy exigente, tocada con enorme soltura y superioridad. El final no podía sino ser más brillante aún. Muchos aplausos premiaron esta versión.

Siguieron las Impresiones íntimas de Frederic Mompou. Se trata de varios episodios de música entre post-romántica e impresionista, piezas muy emotivas y bonitas, en las cuales la joven pianista pudo mostrar su capacidad de sacar sonidos delicados contrastados del piano. Y para terminar esta primera parte, de la conocida Suite Española de Albéniz, tres piezas: Granada, Cádiz y Castilla, música que a todos nos suena familiar. Contrastes dinámicos logrados, rubati insinuando el espíritu andaluz, y brillantez en general, animaron estas piezas. Nuevamente, se trató de versiones sobresalientes, y el público lo rubricó con insistentes aplausos.

Después de un breve intermedio, siguió la Fantasía op 20 de Alexander Scriabin. Hay que tener mucho coraje para programar esta obra: plagada de dificultades técnica, pone a prueba la capacidad del pianista. Dentro de un clima vigoroso, hay que desarrollar pasajes hacia un clímax aún más potente. ¡Notable! Excelente versión.

Siguieron las simpáticas Seis danzas rumanas de Bela Bartók, breves pero elocuentes ejemplos de cómo la música folclórica puede florecer a través de la mano experta de un soberbio compositor. Muy buena música, muy bien tocada. Del mismo compositor, siguió su Suite op 14, obra menos conocida, en cuatro partes, que son a su vez expresiones de energía (con rubati), de capricho, de incesante movimiento, con clímax final, y de tranquilidad y calma para terminar. La versión que escuchamos convenció plenamente.

Y como última obra del programa, L’Isle Joyeuse de Claude Debussy. Aquí la pianista -que hasta entonces había desarrollado un programa recio, de sonido mayormente agresivo- pudo demostrar que también sabía matizar los sonidos para producir el clima típicamente impresionista de esta obra, que también incluye un clímax impresionante. Muy buena música.

Ante los insistentes aplausos del público, Judith Jáuregui nos regaló dos propinas, piezas de Mompou y Granados, para dar el broche final a un recital en el cual convenció a todo el mundo de su arte de cómo tocar el piano para hacer auténtica música. ¡Brava! ¡Un recital así no se escucha todos los días!