Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 10/10/2008

Las atroces huellas del pasado

Por Paco Yáñez
Jorge E. López: Gebirgskriegprojekt. Klangforum Wien. Dominique My, directora. Rosalinde Vidic, Flavia Kobald y Andreas Buchacher, productores. Gerhard Weiser, Anton Reininger y Rainer Kaiser, ingenieros de sonido. Un DVD (Región 0) DDD de 56:50 minutos de duración grabado en la Funkhaus de Viena y en el ZKM de Karlsruhe (Alemania). Wergo WER 2061 5. Distribuidor en España: Diverdi
Damos la bienvenida en la sección discográfica de Mundoclasico.com al inquieto compositor cubano Jorge E. López (La Habana, 1955), un artista cuyo itinerario vital muestra un constante desplazamiento a lo largo del mundo, ya que en 1960 emigró con su familia a los Estados Unidos, donde pasó su infancia en New York, trasladándose posteriormente a lugares como Chicago, Idaho, Arizona, Portland o Seattle; donde el contacto con la naturaleza y la montaña en la frontera entre los Estados Unidos y Canadá se erige como una de las fuentes de inspiración fundamentales de su obra. Es también en los EEUU donde realiza sus primeros trabajos de composición, ya en la década de los años setenta, buena parte de los cuales destruyó posteriormente. Alumno de composición de Leonard Stein y Morton Subotnick, a pesar de que López estudió en el California Institute of Arts, básicamente es un creador autodidacta en diferentes terrenos artísticos, destacadamente la composición y la creación audiovisual.

Después de varias estancias en Alemania, finalmente se traslada a Europa en 1991, comenzando de nuevo un recorrido de nómada que lo lleva por lugares siempre cercanos a la naturaleza, como Islandia o el valle de Möll, en la Carinthia austriaca, donde finalmente se asienta. Entre los años 2000 y 2003 López trabaja estrechamente con el ZKM (Zentrum für Kunst und Medientechnologie) de Karlsruhe, creando piezas para orquesta, ensemble y formatos audiovisuales que han sido presentadas en los más importantes festivales de Centroeuropa; unos trabajos de instrumentaciones muy variadas, en las que el espacio y su interacción con el sonido juegan un papel fundamental, dentro de un planteamiento de reinvención constante de su propia obra.

Gebirgskriegprojekt (El proyecto de la montaña en guerra) es uno de los resultados de la colaboración de Jorge E. López con el ZKM; instituto con el cual ya habían trabajado previamente compositores como Wolfgang Rihm, cuyo paso por el ZKM de su ciudad natal nos dejó su Etude d’après Séraphin (1997), también grabada en su día para Wergo (WER 2055-2). En 1997, López recibe el encargo de una obra orquestal por parte de la ORF austriaca, momento en el cual el compositor cubano tenía en mente una pieza sobre el frente alpino en la Primera Guerra Mundial; pieza que trabajará antes en su factura visual -dirigida por él mismo- que en la musical, que no comenzará hasta el año 2000.

La obra, según el compositor, se complicaba por el hecho de jugar, de nuevo, con el espacio en el que se interpreta la música, con constante movimiento del sonido desde diversos focos. Es por ello que López decidió grabar en torno a 250 módulos orquestales con el Klangforum Wien a las órdenes de Dominique My, que después constituirían la materia prima para el montaje sonoro, en un trabajo que bebe de las fuentes del propio cine y de la electrónica. Toda la labor de montaje fue minuciosamente desarrollada con el ZKM, de forma que el resultado final prescinde en la proyección en vivo de la interpretación orquestal, siendo volcado el sonido directamente por altavoces a escena a través de un sistema de ocho canales, para centrar la atención -también según López- exclusivamente en el elemento audiovisual.

Tras analizar, durante su estancia en los EEUU, la montaña en relación con sus elementos puramente naturales y/o espirituales para el ser humano -algo que nos recuerda al compositor norteamericano asentado en Alaska John Luther Adams (1953)-, en los Dolomitas López busca la experiencia del hombre en la montaña, su afán de supervivencia a 3.500 metros entre nieves, el salvajismo de la guerra, las manchas de la sangre histórica en la roca del presente... algo que, según él, cambia la visión que uno tiene sobre nuestra propia especie, desarrollando un ángulo de observación nuevo que dice haber obtenido ‘con oído de compositor’ en sus numerosas visitas a esas montañas de la guerra, tan próximas al sur de Austria, donde reside.

Jorge E. López dice haber concebido la totalidad de su trabajo como una fuga a cuatro voces, “al modo de Johann Sebastian Bach”; siendo estas cuatro voces las imágenes históricas de la Primera Guerra Mundial, las imágenes actuales de la naturaleza que albergó en su día dichas batallas, sonidos instrumentales del Klangforum Wien tomados en primer plano con micrófonos, y sonidos concretos mezclados posteriormente con ayuda del ZKM. Estos cuatro elementos, como en el contrapunto tradicional, no se ofrecen en paralelo, sino que van reaccionando los unos con los otros en los diversos momentos del film, pasando de imágenes fuertemente saturadas en color a fundidos en negro, así como de clímax de sonido instrumental a elocuentes silencios.

Todo ello rompe cualquier concepto de género tanto musical como cinematográfico, situándonos en la línea de interesantes reflexiones sobre el pasado fílmico y sus ecos en el presente, como la recién editada en DVD Tren de Sombras (1997), del catalán José Luis Guerín.

En el caso del cubano, la relación de los planos temporales es más intrincada y continua, con constantes invocaciones mutuas en esta fuga que parte de la naturaleza filmada en color, a la que acompaña el sonido del viento y del agua; dos de los elementos de este ‘contrapunto a cuatro voces’ en cuyo plano visual se insertan variadísimos formatos con las imágenes de la guerra provenientes del Filmarchiv Austria y del Bildstelle Tirol.

Las sobreimpresiones y fundidos son constantes, buscando esos fantasmas que parecen habitar los resquicios de las montañas, sus cuevas y rincones, en los que López encuentra relaciones de causalidad entre las maniobras bélicas y las huellas, heridas y cicatrices abiertas hasta el presente; producto de una conflagración cuyos protagonistas humanos desconocemos en la actualidad, pero cuyas muescas en la naturaleza, aún revisitable, sí son evidentes; por más que López dice haber encontrado también numerosos huesos humanos, muy probablemente parte de aquellas luchas, aún entre sus restos; algo que, prudentemente, no nos muestra en imagen.

Es la naturaleza, en manos de López, un lienzo de carácter expresionista, en la que acentúa los elementos morfológicos y orográficos de carácter pictórico, casi abstracto; enfatizados por el uso de tintados, en el mejor estilo del cine de comienzos del siglo XX -recordemos a Murnau, por ejemplo-, así como por disposiciones sobre la roca que recuerdan al informalismo matérico de la segunda mitad del siglo XX, como los cuadros antibelicistas de Leopoldo Nóvoa, por su uso de alambre de espino oxidado u otros residuos de la guerra, perfectamente dispuestos por Jorge López casi a modo de grupos escultóricos en la escena de la batalla, por momentos adquiriendo los perfiles de verdaderos fósiles. Determinados planos de la maraña de espinos, cuando éstos se muestran tintados, no nos serán ajenos, en su percepción, a la estética de un Pollock, configurando así una bellísima imaginería visual llena de ecos y señales.

Como advertía anteriormente, no se trata de una proyección de imagen constante, y, de éste modo, nos encontramos con largos fundidos en negro, en los que por momentos la música toma el protagonismo ‘robado’ a la imagen para crear una verdadero juego de imagen intuida a través del audio fuera de plano, en el mejor estilo bressoniano, que nos liberará de la visión del horror de la batalla, cuya plástica por desgracia tan bien conocemos.

Son esos pasajes de música expresionista, agresiva, con fuerte presencia de metal y percusión (destacadamente el último fundido en negro, el de la batalla), en la que se cuelan ecos de cierto Rihm y hasta de un Berg, por no citar a compositores como Mahler, cuya mandolina de la 7ª Sinfonía parece renacer en los momentos de suspensión de este Gebirgskriegprojekt. Si por ambiente y ecos parecen asomar desde el Wozzeck hasta la magna Die Soldaten, la electrónica y las inserciones de música concreta nos llevan hasta otras referencias acústicas, la de la cuarta voz en esta gran fuga. A través de disoluciones y ecos, la música se convierte por momentos en una reverberación deformada de sí misma, casi la banda sonora recuperada de un film del expresionismo alemán de Weimar, conformada a partir de fanfarrias militares, como si el sonido se hubiese envejecido premeditadamente en correlación a lo observamos en lo visual.

La recurrencia constante a imágenes de la ‘no guerra’; es decir, las transiciones, los tiempos muertos, las maniobras, los penosos traslados a través de la nieve, etc., no hacen sino destacar la debilidad del hombre frente a la naturaleza, al tiempo que el abnegado voluntarismo de estos peones de las batallas, que López nos muestra en cierto modo como víctimas en sí mismas de todo combate. De hecho, tras habernos ‘ocultado’ la batalla, el film se cierra con el traslado de los heridos, de estas ‘víctimas y verdugos’ que son los cuerpos de infantería.

El recorrido final, casi desarrollado a modo de ‘coda’, recupera buena parte de los motivos previos, como las figuraciones abstractas cercanas al estilo de José Antonio Sistiaga que añaden un componente de carácter onírico en lo visual, con el que cerrar este ejercicio de estilo que concluye esta pesadilla en una decoloración de la naturaleza hacia el gris, acompañados del sonido del agua, en marcha hacia el silencio y el fundido en negro de las imágenes rodadas por la cámara de Georg Penn.

Como fácilmente podrán deducir, estamos ante un ejercicio musical nada convencional, por lo cual no resulta sencillo, en absoluto, valorar la interpretación de un Klangforum Wien muy reforzado para lo ocasión, con un amplísimo dispositivo de maderas y metales a cuatro, lo que rebasa los límites del ensemble para llegar a una orquesta de cámara, que conserva la contundencia, técnica y noble sonido de los vieneses; por los ecos antes citados, un conjunto idóneo para ejecutar esta obra.

Cuidadosamente editado, con un libreto con fotos y ejemplos de partitura, así como detallando la amplísima nómina de colaboradores, el DVD se presenta en formato 4:3, con muy buena calidad de imagen, y dos formatos de audio (estéreo y Dolby Digital AC 3, 4.1) para mejor disfrute del sonido multifocal. Es por ello que esta peculiar propuesta se recomienda no sólo para los amantes de la música de hoy, sino para aquellos que se quieran aventurar en interesantes lenguajes audiovisuales actuales como los de López.

Este disco ha sido enviado para su recensión por el Klangforum Wien.

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