Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 28/04/2010

Unas "nozze" muy españolas

Por Javier del Olivo
Bilbao, 24/04/2010. Palacio Euskalduna. W. A. Mozart. Le nozze di Figaro. Libreto de Lorenzo da Ponte basado en la comedia homónima de P. A. Caron de Beaumarchais. Emilio Sagi, dirección de escena. Daniel Bianco, escenografía. Renata Schussheim, vestuario. Eduardo Bravo, iluminación. María Bayo (Condesa). Ludovic Tezier (Conde). Lorenzo Regazzo (Figaro). Ainhoa Garmendia (Susanna). Maite Beaumont (Cherubino). Patrizia Biccirè (Marcelina). Carlos Chausson (Bartolo). Jon Plazaola (Basilio). José Manuel Montero (Don Curzio). Alberto Arrabal (Antonio). Itziar de Unda (Barbarina). Coro de Ópera de Bilbao, Boris Dujin, director del Coro. Al Ayre Español. Eduardo López Banzo, director musical. 58 Temporada de la ABAO. Ocupación 100%
Aborda la ABAO (Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera) la penúltima de las óperas de su 58 temporada. Y lo hace con una de las obras cumbres del repertorio operístico y por supuesto, de su autor, W. A. Mozart: Las bodas de Fígaro. Para esta nueva producción que comparte con el Teatro Real, el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas y el Teatro Nacional de Lituania, la ABAO ha apostado por un elenco mayoritariamente nacional que, unido a la dirección muy andaluza y muy luminosa de Emilio Sagi, presentan una visión profundamente española de la obra mozartiana. Y eso no sólo se nota en los excelentes figurines o en la escenografía, que luego comentaremos, sino en un enfoque muy mediterráneo, tanto de la dirección de actores como de los propios cantantes, que dan un cariz mucho más creíble a sus personajes, tantas veces estereotipados cuando los asumen personajes de otras latitudes.

Y esa autenticidad se debe, en gran parte, a la excelente regia de Emilio Sagi. El director asturiano, que ahora lleva las riendas del Teatro Arriaga, también en Bilbao, ha creado un ambiente perfecto para la obra que, sobre el texto de Beaumarchais escribió ese insigne escritor y libretista que fue Lorenzo da Ponte. Es un mundo cerrado, de palacio-cortijo andaluz, pero lleno de luz y color, donde los personajes de la comedia, doscientos años después de su estreno, siguen siendo actuales y las situaciones creíbles. La escenografía, espléndida, del argentino Daniel Bianco, no es nada recargada, sino adecuada a cada momento, en los patios de palacio, en la habitación de la Condesa, en el nocturno jardín andaluz. Nunca cayendo en el tipismo ni en el barroquismo innecesario.

También muy adecuado el vestuario de su compatriota Renata Schussheim. Aquí cada uno se viste como le corresponde a su situación social y no vemos a una Susanna más elegante que la Condesa o a un Fígaro más apuesto que el Conde. Apoyado en esta escenografía y vestuario, y con una iluminación de lo mejor que se ha podido ver en Bilbao firmada por Eduardo Bravo, Sagi recrea el pequeño mundo de la nobleza rural andaluza y sus sirvientes, donde todos, pese a las diferencias sociales, tienen algo que decir. Es esa democratización de los sentimientos la base de la obra, y lo que mantiene, como ya hemos dicho, el interés de públicos muy lejanos de los que la escucharon por primera vez. Pero este interés se mantiene también por esa perfecta partitura que Mozart creó para ese libreto. Alegre, con aires de nobleza (minueto) o populares (fandango), música siempre viva que llena de alegría el corazón.



© 2010 by E. Moreno Esquibel/ABAO

Por tercera temporada consecutiva se presentaba ante el público bilbaíno el aragonés Eduardo López Banzo al mando de su conjunto Al Ayre Español. Y si, tanto en sus anteriores Così fan tutte como en Giulio Cesare los resultados fueron muy satisfactorios, no podemos decir lo mismo en esta ocasión. Hubo una incuestionable descoordinación entre foso y escenario. Y de esto solo puede ser responsable Banzo. Si sus tempi fueron correctos y mantuvo un pulso acertado y vivo durante toda la obra, falló en el engranaje con la escena. En demasiadas ocasiones el director estuvo más pendiente de su orquesta, que no sonó tan bien como en otras ocasiones, que de los cantantes, los cuales suplieron esa falta de guía con gran profesionalidad. Esperemos que estos desajustes se vayan matizando en posteriores representaciones.



© 2010 by E. Moreno Esquibel/ABAO

El papel protagonista fue, quizás, lo más flojo del por otra parte solvente reparto. Asumía el papel de Figaro el bajo Lorenzo Regazzo, que no tiene una voz demasiado bella, y que sonó gran parte de la representación colocada un poco atrás, sin que corriera del todo, lo que dificultó su audición aún contando con una orquesta de instrumentos originales. Como actor no estuvo muy expresivo, pero se agradeció que no fuera el sirviente mandón que otros compañeros representan. Ludovic Tezier creó un Conde de lujo, con una voz expresiva, bien modulada, perfecta en toda la tesitura y entregándonos un 'Vedrò, mentr'io sospiro' de manual. Carlos Chausson sigue siendo el gran bajo/barítono que recordábamos. Su breve papel no le dejó lucirse plenamente, pero nos brindó una espléndida aria de 'La vendetta'. Muy bien también Jon Plazaola como Basilio, que pudo cantar, muy bien, por cierto, la suprimida a veces aria de la piel del asno del cuarto acto. A ver si es posible verlo en este teatro en papeles de más envergadura. Correcto José Manuel Montero como Curzio y estupendo el Antonio de Alberto Arrabal, que demostró ser, además de buen cantante, un excelente actor.



© 2010 by E. Moreno Esquibel/ABAO

Cuatro de los papeles femeninos estaban en manos de cantantes vasco-navarras, por lo que se puede decir que jugaban en casa. La gran triunfadora de la noche (aunque el público bilbaíno se mostró generoso con todos los cantantes) fue Ainhoa Garmendia. Bordó el papel de Susanna: su voz sonó fresca y clara, y en un recinto tan desabrido como el Euskalduna, llegó a todos los rincones. Recorrió la tesitura sin mostrar dificultades en ningún momento. Su mayor logro vino de manos del aria 'Deh' vieni, non tardar', llena de matices, cantada con gran elegancia. Si sigue así, el futuro de esta cantante es muy prometedor.

María Bayo es una gran profesional, y lo demostró, como el resto de sus compañeros, en los recitativos, piedra de toque del canto mozartiano. Pero ya en 'Porgi amor' se vio que no era el día de la soprano navarra. Sufrió los desajustes con la orquesta, y su voz sonó incómoda, con unos portamenti precarios. Aunque mejoró en 'Dove sono', su canto adoleció del legato necesario en la parte más lenta del aria. Aún así desmostró su maestría en la sección más briosa, donde dejó correr la voz con soltura y sus agudos fueron más limpios. Como actriz estuvo muy acertada, dibujando una condesa que no se deja amilanar por su marido.

Una delicia Maite Beaumont en su debut en las temporadas de la ABAO. Verdad es que las dos arias de Cherubino son dos bombones para cualquier cantante, y su intervención no lo desmintió. Con un perfecto estilo mozartiano, casi recitó donde era necesario, y dejó que la voz fluyera con la elegancia y juvenil tono que se exige en este papel. Muy bien también Patrizia Biccirè como Marcellina, personaje que dibujó mucho menos "maruja" de lo que se suele ver. Gustó mucho su aria del cuarto acto. Como la Barbarina de Itziar de Unda, que dio a su breve pero bellísima aria 'L'ho perduta, me meschina', ese aire a lo "Lolita" que tan bien le va.



© 2010 by E. Moreno Esquibel/ABAO

Poco destacable esta vez el siempre solvente Coro de Ópera de Bilbao, y muy agradable la coreografía goyesca pensada por Nuria Castejón, que animó el pasaje instrumental del tercer acto.

El público de Bilbao salió contento de la representación. Mozart vuelve a triunfar una vez más.