Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 20/06/2011

Un mecanismo aceitado

Por José Mario Carrer
Salta, 11/06/2011. Casa de la Cultura. Solistas: Andriy Chornyy y Carolina Pineda Andrade (violonchelos). Orquesta Sinfónica de Salta. Directora invitada, Mª Yeny Delgado. W.A.Mozart, Obertura de La Flauta Mágica. Concierto para dos violonchelos y orquesta (A. Vivaldi 1678-1741). Sinfonía nº 3 “Renana” (R. Schumann 1810-1856). Aforo 100%
Cuando el público sale tarareando pasajes melódicos de alguna obra es porque esta ha calado hondamente no solo en su oído sino en sus neuronas inhibidoras de tristezas o depresiones. Esto pasa en general con la música de Mozart y la hermosa obertura de una de sus famosas óperas, La Flauta Mágica, es un fiel ejemplo de lo que digo. Excelente, limpia, transparente, pulida, que además contiene referencias filosófico-religiosas ya comentadas anteriormente. La página mereció una plausible traducción.

Vivaldi escribió no menos de tres docenas de conciertos de cámara. En realidad, creo que es uno de los creadores de este género, al tomar uno o más solistas acompañado/s del grupo instrumental también llamado ripieno. Su tradicional forma; rápido-lento-rápido dio marco a esta definición camerística del significado del llamado Concerto. El programado tiene un rítmico ‘allegro’ inicial, arrollador, de vital empuje, repetido luminosamente al final. En el medio un ‘largo’ en forma de danza a cargo de los dos notables solistas que con fondo del continuo, rayaron a gran altura, cantando con un instrumento de espeso sonido que por momentos hasta carraspea con atractiva simpatía. El sostenido aplauso, generó un buen arreglo del Reverié (uno de los famosos números de Escenas Infantiles) del autor que vino después.

Final para la mejor sinfonía de Schumann. Cuando menos, para mí. La llamada ‘Renana’ no se hacia por la orquesta local desde hace ocho años. En ese lapso se tomó conciencia verdadera del ánimo, la solemnidad y el lirismo del compositor alemán que escribió un ‘scherzo’ y un animado final, ambos sin desperdicio. Hubo rigor y musicalidad en la conductora Delgado, que produjo una interpretación liberal donde la orquesta mostró sus virtudes (de allí el título de esta nota), libre de ataduras, merced a lo cual la conductora se mostró oportuna en la marcación y en la elección de los tempi para solaz de los seguidores que colmaron la antigua sala de la Casa de la Cultura. Un detalle final; por descanso del actual asistente de concertino, tomó su lugar el joven Nicolás Atampiz. La mención es obligada porque cuando tenía 10 años, tocaba en aquella vieja orquesta juvenil que había en Salta y ya se mencionaba en mis críticas como una promesa, hoy, una realidad.