Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 28/06/2011

Trompeta y vuelta al ruedo

Por Xoán M. Carreira
Granada, 24/06/2011. Palacio de Carlos V. Alhambra de Granada. Christiane Stotijn, mezzosoprano. Cor de la Generalitat Valenciana (Francesc Perales, director). Coro de la Presentación (Elena Peinado, directora). Orquestra de la Comunitat Valenciana. Zubin Mehta, director musical. Gustav Mahler, Sinfonía nº 3 en re menor. 60 Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
Trompeta y vuelta al ruedo en el coso del Palacio de Carlos V de Granada para el maestro Zubin Mehta en el concierto inaugural del 60 Festival Internacional de Música y Danza de Granada. El público entusiasta y enfervorizado, Mehta agradeciendo los aplausos con su tradicional saludo zoroástrico, y a su lado la cuadrilla, la espléndida mezzosoprano Christiane Stotijn, los directores de ambos coros y el trompetista húngaro Tamás Dávida que protagonizó los momentos más entrañables de la velada.

Un éxito memorable que tuvo su reflejo en la prensa local al día siguiente en ese lenguaje característico de las 'crónicas de sociedad' intemporales, como intemporales eran las notas al programa en las que las citas del padre Sopeña (1917-1991) elevaban a este sacerdote falangista a la categoría no sólo de musicólogo, sino también de autoridad internacional en Gustav Mahler. Todo, incluso las incómodas sillas, la absurda acústica del patio circular y el insoportable calor del comienzo del concierto, que al disiparse según iba avanzando la larga Sinfonía nº 3 conseguía destemplar los instrumentos y colaborar a la anarquía acústica general, rememoraba aquellos conciertos memorables -pero por otros motivos- de la Orquesta Nacional de España durante los años de la Transición Española, en el mismo lugar y con unas sillas igualmente incómodas.

Al margen de estas consideraciones, el público que asistía al concierto disfrutó sinceramente del mismo. La Orquestra de la Comunitat Valenciana es un magnífico instrumento que realizó su trabajo con precisión, a pesar de las adversas condiciones. Los coros cantaron admirablemente, Christiane Stotijn estuvo maravillosa y precisamente dado el lugar, la noche, las condiciones y -desde luego- el talento y la maestría del trompetista, la Sinfonía nº 3 fue de Tamás Dávida que nos emocionó en los largos y cálidos pasajes nocturnos que Mahler le reserva a su instrumento.

Zubin Mehta es un gran virtuoso de la dirección y la Sinfonía nº 3 es una de sus obras predilectas. La mima y la cuida hasta el más mínimo detalle de la escritura mahleriana, y creo que me resultaría muy difícil hacerle reproches filológicos y le concedo la máxima calificación como ejecutante, como analista e incluso como diseccionador de esta complejísima partitura. Pero al igual que tenía la impresión de que asistía a un acto social de finales de los años 1970, al escuchar dirigir a Mehta no podía evitar la sensación de estar recreando una interpretación musical de la época de Margaret Tatcher: extraordinariamente objetiva, muy bella incluso, pero sobre todo absolutamente institucional. Y si por aquel entonces me causaban una desazón que no sabía explicar, ahora siento simple y llanamente el más absoluto aburrimiento.