Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 01/06/2009

Extraña Elektra

Por Sergio Corral
Las Palmas de Gran Canaria, 17/05/2009. Teatro Pérez Galdós. Elektra, tragedia en un acto de Richard Strauss. Libreto de Hugo von Hofmannsthal basado en la obra homónima del autor (1903). Estreno: Teatro de la Ópera de Corte de Dresde, 25 de enero de 1909. Estreno, en versión de concierto, en Las Palmas de GC: XV Festival de Música de Canarias el 24 de enero de 1999. Estreno escénico en Canarias, en conmemoración del centenario de la ópera. Mario Pontiggia, dirección escénica. Daniela Taiana, diseño de escenografía y vestuario. Claudio Martín, coreografía. Horacio Efron, diseño de iluminación. Elenco: Elizabeth Connell, Electra. Melanie Diener, Crisótemis. Victoria Livengood, Clitemestra. Hernán Iturralde, Orestes. Josep Ruiz, Egisto. Víctor García Sierra, El Preceptor de Orestes / Un Viejo Criado. Juan Antonio Sanabria, Un Joven Criado. Karine Motyka, Doncella I. Claudia Schneider, Doncella II. Mireia Pintó, Doncella III. Virginia Wagner, Doncella IV. Eliana Bayón, Doncella V. María José Martos, La Celadora de las Doncellas / La Confidente de Clitemestra. Carmen Esteve, La Portadora del Manto de Clitemestra / Criada I. Carmen Sánchez, Criada II. Rosa Delia Martín, Criada III. Carmen Yanez, Criada IV. Rosa Cillero, Criada V. María Luisa Yanez, Criada VI. Coro del Festival de Ópera (Olga Santana, dirección musical) y Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Maximiano Valdés, dirección musical. Producción del Teatro Colón de Buenos Aires. 42 Festival de Ópera de Las Palmas de Gran Canaria Alfredo Kraus 2009
La gran ovación que pudo escucharse al final de la representación es la prueba palpable del éxito cosechado por esta nueva producción de ACO, basada en la versión original del Teatro Colón de Buenos Aires. Gustó su recreación ambiental y un vestuario en el que se compaginaban la estética sadomasoquista con la del antiguo Egipto y la moda punk, como la mostrada por el gran Hernán Iturralde en su encarnación del héroe griego Orestes, vestido para la ocasión con gabardina de cuero y luciendo un tocado al estilo mohicano.

Sin embargo, y a pesar de este panorama francamente favorable, la Elektra interpretada por Elizabeth Connell pudo resultar un tanto ‘light’ para aquellos gustos que, como el mío, se han labrado con las interpretaciones de referencia del personaje debidas a Leonie Rysanek, Eva Marton, Birgit Nilsson o de la propia Connell de otras veladas. La soprano sudafricana es una consumada intérprete del personaje straussiano, ahí están las diversas actuaciones que lo atestiguan, pero en esta ocasión no estuvo del todo afortunada debido al escaso volumen mostrado en la mezza voce -siendo acallada por la voz de la orquesta- y pasando algunos apuros en la entonación de las notas altas del registro.



© 2009 by Nacho González

Por otro lado, la particulares cualidades expresivas de la voz empleadas durante la noche, así como la disposición dramática, contribuyeron a perfilar una Elektra anónima, poco creíble y comunicativa, dando la sensación -dentro del contexto de esta ópera- que se escuchaba más a una heroína italiana que a una heredera de la tradición wagneriana al apoyarse -o recrearse- más en el aspecto melódico o lírico de las arias que en procurar imprimir un tinte más oscuro, despiadado, taciturno o ‘tenebroso’ a su caracterización. Mucho más completas estuvieron, desde mi punto de vista, las otras dos intérpretes femeninas.



© 2009 by Nacho González

Las cualidades de la bella voz timbrada, aterciopelada y perfectamente impostada de Melanie Diener, unida a su sentida e intensa interpretación de Crisóstemis, ponía en duda la jerarquía de las voces establecidas en el reparto cuando la soprano alemana compartía las tablas con la blanda Elektra de Connell. Por este motivo se merecía una ovación mayor que la obtenida. Sí se hizo justicia, sin embargo, con la ofrecida a la mezzosoprano estadounidense, Victoria Livengood, por su sobresaliente interpretación de una Clitemestra, majestuosa, solemne, atormentada y manipuladora, cuya voz nos permitió disfrutar de algunos de los momentos más straussianos de la noche.

Momentos que son impensables sin la participación de la orquesta; verdadero protagonista principal de esta y de todas las demás óperas del autor alemán. La relevancia dada a la nutrida representación orquestal en la partitura tuvo cumplida respuesta por parte de los músicos de la agrupación grancanaria quienes, bajo las órdenes de un experimentado Maximiano Valdés, lograron plasmar la intensidad y la riqueza tímbrica y armónica de una música cuya trascripción constituyó el hecho más notable de la noche, permitiendo a su vez que esta representación -con la que se conmemora el centenario de esta ópera- no pase a engrosar la lista de aquellas otras confinadas definitivamente al olvido.