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Sempre Traviata

Avilés, 27/05/2001. Teatro Palacio Valdés. Giuseppe Verdi: La Traviata (Teatro de la Fenice de Venecia, 6 de Marzo de 1853). Melodrama en tres actos inspirado en La Dama de las Camelias de Alexandre Dumas (hijo). Reparto: 'Violetta Valéry', Sung Eun Kim. 'Alfredo Germont', Luis Dámaso. 'Giorgio Germont', Carlos Bergasa. 'Flora Bervoix', Aida Lukankin. Coro de la Asociación de Amigos de la Ópera de Oviedo. Director del coro: Mariano Rivas. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Dirección musical: Enrique Patrón de Rueda. Director de Escena: Francisco López. Producción del Teatro Villamarta de Jerez en coproducción con el Teatro Palacio Valdés. Ciclo Música en Escena (Enero-Mayo 2001). Asistencia: 100%
imagen Mucha expectación se había creado alrededor de esta Traviata que ha puesto cierre al ciclo 'Música en Escena' desarrollado en Avilés en los últimos meses, ambiente de expectación que se podía palpar fácilmente momentos antes de la función. Desde hace semanas no se hablaba de otra cosa en los ambientes musicales de la región y prueba de ello era el cartel de ‘localidades agotadas’ que colgaba de la taquilla y la cantidad de público de toda Asturias que se daba cita en el Teatro Palacio Valdés para ver esta producción del Teatro Villamarta de Jerez.Pocas óperas del repertorio cuentan con la popularidad de La Traviata cuyo argumento resulta casi ridículo, al menos, para el espectador contemporáneo pero cuya inspirada música sigue fascinando de principio a fin provocando emociones como casi sólo Verdi sabía hacer. Incluso para algún famoso director dicho argumento fue suficiente razón para no incorporar la obra a su repertorio. Karajan cuenta en su biografía Herbert von Karajan (Nueva York, 1986) su nulo interés por esta ópera a la que, según él, no podía dar ningún crédito. Termina una breve explicación sobre su argumento con las siguientes palabras: "Es tan estúpido que no me lo puedo creer. Sería incapaz de gastar mi energía en esto". Karajan nunca la grabó comercialmente y la dirigió sólo circunstancialmente, la primera vez en Ulm en 1933 y la última en Milán en 1964 en producción de Zeffirelli y con Anna Moffo en el papel protagonista. Para otros, sin embargo, como el admirado y excéntrico Carlos Kleiber, parecía que Verdi no había compuesto otra cosa (junto a Otello) pues la dirigió hasta la saciedad y la grabó comercialmente para el sello amarillo. Curiosidades y manías....La Traviata es claramente una ópera de soprano cuyo papel protagonista es fascinante desde un punto de vista musical, de enorme dificultad y agotador, con un final que a buen seguro deja a la soprano exhausta. Dice Fernando Fraga en su libro Verdi (Barcelona, 2000) ‘Con Violetta Valéry, Verdi ha creado una de las heroínas operísticas más atractivas y universales, favorita de las sopranos de cualquier generación, cargada de enormes dificultades tanto vocales como dramáticas y escénicas'.La surcoreana Sung Eun Kim, encargada de dar vida a este tormentoso personaje en Avilés, es una soprano que posee potencia, volumen y amplio fiato además de mostrar un excelente dominio del canto verdiano. Vocalmente es una cantante de medios portentosos que no siempre regula bien su caudal de voz tendiendo a veces a 'enseñar demasiado' su instrumento. En contraste, es capaz de hacer unos pianissimi delicados, etéreos y bien proyectados. Es conocido el comentario de que 'Violetta' es un papel para tres sopranos: ligera de coloratura en el primer acto, soprano lírica en el segundo y lírico-spinto o incluso dramática en el tercero, se supone para reflejar la evolución y transformación a las que se ve sometida el personaje a lo largo de la obra. Puede que la voz de la surcoreana no se ajustara del todo bien a este esquema pero al menos dio la talla. Escénicamente fue creíble con esa progresión necesaria entre los actos, desenfadada y frívola en el primero y frágil y sufriente en el último. Finalizó mejor de lo que empezó, quizás un poco nerviosa en el primer acto, pero siempre centrada y entregada a su papel aunque al final sin el toque de absoluto abandono y enajenación al que nos tienen acostumbrados otras sopranos ilustres en la mente de todos los aficionados.El papel de 'Alfredo', un tenor lírico con agudos comprometidos, recayó en el joven tenor madrileño Luis Dámaso. Puede que su técnica no esté del todo madura, pero posee estilo y color aunque su voz se quede atrás en los agudos lo cual es una pena porque su timbre es bello y su fraseo promete. Escénicamente su actuación fue pobre, sin gusto, aparecía agarrotado sin mostrar desenvoltura por el escenario.El joven barítono Carlos Bergasa fue el padre de 'Alfredo' que resolvió bien su parte. Cantó con autoridad y buen gusto y supo salir airoso de su famosa aria Di Provenza il mar; interpretación de notable factura a pesar del moroso tempo marcado por la batuta. Buen material y limpia emisión. Un artista a tener en cuenta.Larga y merecida ovación para el Coro de la Asociación Asturiana de Amigos de la Ópera que sonó empastado y seguro logrando una muy notable actuación en el coro de gitanas y toreros, uno de los más conocidos de Verdi.En el foso la OSPA cumplió sin brillantez. Desajustes en los metales que sonaron excesivamente altos y una cuerda un tanto insulsa. La dirección de Enrique Patrón de Rueda no transmitió la belleza de una partitura llena de matices aunque tuvo momentos inspirados como el emocionante final pero, en general, se mantuvo en un nivel discreto. El preludio inicial fue aburrido, no consiguió que la cuerda sonara chispeante en el coro de las gitanas y pocas veces logró transmitir la atmósfera adecuada. Fue caprichoso en la elección de los tempi y por lo general se inclinó por los tempi en exceso lentos con los que la música no acababa de fluir con naturalidad. Algo mejor fue el magnífico preludio al tercer acto momento donde el director debe dar lo mejor de sí mismo ante esa música fascinante en tonalidad menor que nos introduce en el trágico final y que contrasta con la dulzura del primero, en tonalidad mayor.La puesta en escena resultó adecuada y convincente. Sin ser original, ni demasiado imaginativa cumplió su cometido y nunca molestó. Buen contraste entre los diferentes escenarios: moderado lujo en la mansión parisina, sencillez en la casa de campo, gran colorido en la fiesta de Flora y desnudez y austeridad en el acto final, con una muerte de 'Violetta' de gran belleza que cae al suelo, sin vida, alejada de los demás, bajo una penetrante luz blanca.En definitiva, una buena producción con una muy interesante 'Violetta' y un público entregado que aplaudió con entusiasmo a la menor ocasión. Una vez más La Traviata mostró todos sus encantos, esta vez en una pequeña ciudad como Avilés que no quiso dejar de sumarse a las celebraciones en el año Verdi demostrando también su capacidad de convocatoria para la ópera.

Este artículo fue publicado el 31/05/2001

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