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Un espejo de la realidad argentina en el escenario del Colón

Buenos Aires, 13/04/2002. Teatro Colón. Kurt Weil: Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny. Libreto de Bertolt Brecht. Dirección escénica y escenografía: Jeóme Savary, Vestuario: Mini Zuccheri, Iluminación: Ernesto Diz, Coreografía: Diana Theocharidis, Dirección Musical: Gerardo Gandini, Jenny Hill: Graciela Oddone y Adriana Mastrángelo, Jum Mahoney, Carlos Bengolea y Gustavo López Manzitti, Leokadja Begbick: Marcela Pichot y Alejandra Malvino, Fatty: Gabriel Renaud y Fernando Chalabe, Moses: Luis Gaeta y Luciano Garay, Bill: Omar Carrión y Luciano Garay, Jack O'Brien: Carlos Sampedro, Joe: Juan Barrile y Omar Brandán, Toby: Carlos Duarte y Carlos Ullán. Lleno en un 60% aproximadamente en el estreno. Funciones del 13 y 16 de abril
imagen Con una obra que refleja muy significativamente las miserias en que fue sumido el pueblo argentino por una clase política corrupta, asociada con la cumbre financiera y los concentradores del poder económico, ilustres vaciadores de empresas y con estreno, paradójicamente en gran abono (ahora con trajes de calle y sin etiqueta obligatoria) se inició la temporada 2002 en el Teatro Colón de Buenos Aires. No sabemos si el tremendo vacío que presento el teatro (27 palcos vacíos y grandes claros tanto en platea como en el resto de las localidades) se debió a una reacción contra la obra, o simplemente que la crisis alcanzó también a la clase alta argentina que no renovó los abonos en la cantidad esperada. En caso de dilucidarlo será tema de otro comentario y caso contrario permaneceremos en la duda.Hablar de los valores musicales indiscutibles que la partitura de Weill contiene, parece innecesario. Esta es sin duda, tanto por el tratamiento de cada número, por su coherencia estética con los textos de Brecht, una de las obras mas importantes no solo de la producción de Weill sino de la del siglo XX. La misma nos ingresa rápidamente por medio de su música en un contexto dominado por el 'arte pequeño', tal vez heredero de la tendencia satírica de Offenbach. Anti wagneriana y decadente. Libertina y profunda. Desde la esencia de sus personajes siempre creciente, sus particiones vinculadas por comentarios de un narrador (sabiamente dichos por Gui Gallardo con textos en castellano) se encuentran distribuidas dramáticamente en forma equilibrada, permitiendo llevar las tensiones y reposos de manera tal que el espectador es conducido por una línea de tiempo que pasa inadvertida, superada únicamente por la velocidad de reflexión a la que obliga.Desde un escenario poblado de basura, donde los efectos violentos de encendido y apagado de luces, resaltan un clima de espasmos e inverisimilitudes que por su propia concepción son creíbles, la regie de Savary muestra que la creatividad y la coherencia hacen que las mas crudas escenas no sean ridículas y crezcan potenciando toda la magnificencia de la música. A diferencia de otras puestas, como la de Falstaff, aquí se rescata y valora estéticamente situaciones que en otro contexto recorrerían peligrosamente el límite de lo desagradable o el asco. A la inversa, el suicidio explosivo, el homicidio luego de la pelea entre 'Moses' y 'Joe', el ensañamiento, la escena potente de las heladeras, las boxeadoras que danzan en un vértigo que emparenta el sexo con la violencia y tantos otros detalles nos conducen en este proceso decadente e injusto, que precisamente por su profundidad estética, se torna en arte. Merece una mención aparte la truca del huracán que destrozando en su paso ciudad vecinas perdona a Mahagonny.Del elenco presentado en el estreno, Bengoléa pudo con un rol que tiene muchas exigencias sobre todo actorales, y no molestó su vibrato, fue un leñador muy particular porque su vestimenta lo acercaba mas a un vendedor tocatimbres de posguerra. También Graciela Oddone supero las dificultades de Jenny Hill (su grupo de chicas que llegaron 'a trabajar' también se lucieron) aunque por momentos ciertos desbordes de la orquesta conducida por Gandini generaron la sensación de que no se la escuchaba en toda su intensidad. Marcela Pichot, como Leokadja logro climas excelentes y tanto en lo vocal como en lo actoral favorecida por una figura acorde al rol. Con la autoridad y profesionalidad de siempre Luis Gaeta y Omar Carrión. Notable también la facilidad con que corrió la agradable voz de Carlos Duarte en el rol de Toby.La presente fue una demostración de cómo se puede llegar a resultados excelentes con la calidad de los interpretes argentinos se puede generar espectáculos mas que dignos.Esperemos que las autoridades del Teatro no tengan el mismo final de 'Jimmy' y puedan pagar al elenco, porque se lo merecen y porque corresponde, aunque como en Mahagonny hay quien puede comprar atenuantes. Aun cuando siempre, como hemos vivido, suelen suceder desórdenes y tumultos que, desde el caos, abren el camino a un nuevo orden.Segundo elenco protagónicoDel elenco presentado en la función del día 16 de abril, donde practicamente debutaba un rol protagónico Gustavo López Manzitti, podemos decir con todo gusto que su voz recorrió la sala con soltura y con el color tan particular que le pertenece, si bien ya había cantado roles menores con notable amplitud, en esta ocasión no solo cumplió con las espectativas sino también las superó agregando una actuación mas que convincente. Mastrangelo confirmo una vez mas que sus potencia vocal y su buen gusto estan en los mejores niveles. Impecable el trabajo de Gaeta que crece notablemente de función en función logrando una caracterización del dificil personaje de Moses digna de los mejores actores de prosa.

Este artículo fue publicado el 19/04/2002

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