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Oda a Santa Cecilia

Santiago de Compostela, 22/11/2001. Auditorio de Galicia. Programa: Rogelio Groba, 'Concierto Lorquiano'; Alfred Schnittke, Sonata para violín y orquesta de cámara; Felix Mendelssohn, Sinfonía nº 3 op. 56 'Escocesa'. Real Filharmonía de Galicia. Daniel Hope, violín. Antoni Ros Marbá, director. Aforo: 1.000 localidades. Asistencia:
imagen El día 22 de noviembre, día de Santa Cecilia, la patrona de los músicos se vio recompensada con este concierto de la Real Filarmonía de Galicia , dirigida por Ros Marbá y con Daniel Hope como violín solista. El programa de la noche estuvo centrado en un repertorio de los siglos XIX y XX. Abrió el concierto el estreno absoluto -encargo de la RFG- de una obra del compositor gallego más reconocido del último cuarto de siglo, Rogelio Groba. Su Concierto Lorquiano resultó ser un claro homenaje a este poeta andaluz a través de un rica variedad orquestal, donde el piccolo ejecutó un perfecto papel de solista, mientras el viento volvía estridente la obra por momentos, todo ello arropado por unos marcados ritmos en la percusión de claro acento folclórico. De este modo Groba presentó una obra totalmente dinámica y cargada de disonancias, que provocó en el público una reacción notable. El propio compositor salió, visiblemente emocionado, a recibir la ovación del público asistente y los respetos del director y la orquesta.Como complemento a la obra gallega, se interpretó la Sonata para violín y orquesta de cámara del compositor germano-ruso Alfred Schnittke, en cuya producción se observa la renovación de la música europea desde los años 60, pasando por el serialismo, pero sin decantarse por fórmulas extremadamente racionales. Entre los años 70 - 80 el violín fue elemento protagonista de la obra de Schnittke, y a esta etapa pertenece esta Sonata (versión orquestal de la Sonata para violín y piano nº1 de 1963).El británico David Hope resultó ser un solista 'muy suave' para la sala del Auditorio, y en las últimas filas se escuchaba débilmente su interpretación. Ejecutó la obra tanto sirviéndose del arco como del pizzicato y rasgueado de cuerdas, mientras el grupo de cuerda de la orquesta ejecutó una serie de glissandos y se produjo un momento 'mágico' cuando Hope mantuvo una nota 'al aire' en su violín y mientras las violas producen una base armónica que transmite una tranquilidad total, solamente rota por las ocasionales disonancias introducidas por el clave. Otro gran momento se produjo cuando ejecutó a la perfección el hermosísimo pasaje de armónicos, totalmente delicados, que por momentos nos hizo creer a todos que aquel violín se había convertido en un canario flauta. En general el solista mostró un alto grado de perfección técnica, aunque en ocasiones se resintió su afinación. La obra demostró no tener una tonalidad definida ni un ritmo claro, lo cual convierte esta sonata en un pequeño capricho que pocos serían capaces de interpretar, y menos de memoria, como hizo Hope.Finalizó el concierto con la Sinfonía nº 3 'Escocesa' de F. Mendelssohn, ejecutada por la Filarmonía con un sonido empastado, gran fuerza por parte del grupo de cuerda y apoyado todo ello por los timbales y las partes solísticas del viento. La obra volvió a poner de manifiesto que en la orquesta de Compostela está totalmente descompensada la calidad entre la sección de cuerda y la de viento (las trompas no lograron entrar a tiempo, y ello provocó un mal efecto sonoro). A pesar de ello, se produjo un bonito dúo de flauta y oboe.

Este artículo fue publicado el 27/11/2001

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