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Prokofiev y además, divertido

Hamburgo, 27/01/2002. Hamburgische Staatsoper. S. Prokofiev, El amor de las tres naranjas. Ernst-Teo Richter, dirección escénica. Jorge Jara, vestuario. Harald Stamm (Rey Trébol), Peter Galliard (Príncipe), Renate Spingler (Princesa Clarisa), Moritz Gogg (Leandro), Jürgen Sacher (Truffaldino), Jan Buchwald (Pantalón), Andreas Hörl (Mago Celio), Hellen Kwon (Hada Morgana), Mercedes Seeboth, Maite Beaumont y Aleksandra Kurzak (Ninetta, Nicoletta y Linetta, princesas de Orange), Simon Yang (Cocinera), Carl Schultz (Farfarello), Katha Pieweck (Esmeraldina). Alfred Eschwé, dirección musical. Ocupación: 90 %
imagen El amor de las tres naranjas es una ópera de locos, que contrasta con el gran cuadro histórico que es Guerra y Paz: obra maestra para algunos, soporífero pastiche para otros, entre los que me cuento. Sobre ella habló en Mundoclasico.com Enrique Sacau el pasado año, aunque acudiré a su autoridad para referirme a otro aspecto más directamente relacionado con la Commedia dell'arte y a una conversación que mantuvimos a su regreso de ver Le maschere de Pietro Mascagni.La Commedia dell'arte puede estar directamente representada en algunos importantes títulos de repertorio, pero es muy grande su influencia indirecta, dado que ha aportado personajes tipo para las más diversas obras teatrales. Salvo un par de estudios publicados en italiano -algo anticuados- y uno en alemán, cuya perspectiva no comparto, se ha estudiado poco el rastro que han dejado 'Pantalone', 'Truffaldino' y sus compañeros en la ópera, aunque un libro muy grueso necesitaría un estudio centrado sólo en la Belle Epoque, a la que no pertenece El amor de las tres naranjas, pero a lo que debe algunos elementos ornamentales. En cualquier caso, la ópera habla de crisis de las formas tradicionales y por tanto, de debate acerca de la pertinencia de los modos teatrales tardo-románticos, lo que puede tener una inmediata lectura política. El año 1921 de la composición de la ópera es muy importante y tomada como debe, El amor de las tres naranjas es mucho más que una fábula.Como en las óperas románticas, el tenor desea entablar relación con la soprano -la tercera naranja, 'Ninetta', dado que sus hermanas naranjitas han muerto de sed en el desierto- y un cúmulo de acontecimientos impiden, en un principio, que esto suceda. Sin ser directamente el barítono el responsable de la primitiva separación, el esquema es asimilable al de las óperas del XIX.La trama, sin embargo, es más compleja y al trío protagonista tradicional se une un desfile de elementos, más o menos importantes, reflejo del cambio de las estructuras dramáticas que vive el teatro de la época. De hecho, el por momentos absurdo libreto (surrealista dirán algunos, quizás con razón, pero con matices) complica la situación enormemente y hace pensar en la estructura dramática de Las bodas de Fígaro.Tanto la luminosa escenografía de Ernst-Teo Richter como el delirante vestuario de Jorge Jara -sin ser de la brillantez del montaje de Andreas Homoki con escenografía de Frank Philipp Schlössmann, vestuario de Mechthild Seipel y dirección musical de Michail Jurovski que pude ver en la öpera Cómica de Berlín en 1988- eran visualmente atractivos. No se buscaba en ningún momento hallar el lema político o tratar de encontrar un elemento de reflexión sobre las fórmulas teatrales -como sí, aunque tímidamente, planteaba Homoki- y funcionó muy bien.Se acompañaron del éxito de la sólida Orquesta de la Ópera de Hamburgo, modélica en las cuerdas y especialmente brillante en las maderas, elementos importantes en esta ópera. La batuta Alfred Eschwé salió al foso con intención de divertirnos y lo consiguió.Peter Galliard cantó el príncipe con una voz de tenor bella, squillante y sin dejar su papel de adusto heredero, logró teñir el papel con tintes heroicos. Tuvo una buena réplica en Aleksandra Kurzak, una 'Ninetta' bien construida. En todo momento, hubo equilibrio y se disfrutó de una buena obra de teatro. Los cantantes, sin ser estrellas, lucieron muy bien y ofrecieron un conjunto de mucha calidad.

Este artículo fue publicado el 25/02/2002

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