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En cuatro palabras: Pen-dat-chan-ska

Nueva York, 24/03/2002. The New York City Opera. Wolfgang Amadé Mozart, Don Giovanni Thor Steingraber, Dirección Escénica. Ricardo Hernández, Escenografía. David Woolard, Vestuario. Peter Coleman-Wright (Don Giovanni), Nathan Berg (Leporello), Alexandrina Pendatchanska (Donna Anna), Amy Burton (Dona Elvira), Ilya Levinsky (Don Ottavio), Mariateresa Magisano (Zerlina), Kevin Burdette (Masetto), Daniel Borowski (Comendador). Orquesta Sinfónica y coros de la New York City Opera. Dirección Musical: George Manahan. Aforo: 2.779. Ocupación: 100 %
imagen Esta crítica tiene menos sentido del que en primer lugar podría parecer. Era una fría mañana neoyorquina en la que se me ocurrió ir a la New York City Opera para aprender un poco de cómo se hacen las cosas bien, sin necesidad de divos. Sin embargo, mi gozo en un pozo. Había una diva como la copa de un pino sobre el escenario: Alexandrina Pendatchanska.Primera sorpresa: la escenografía. Moderna y coherente, la degeneración de Don Giovanni tal y como lo concibe Thor Steingraber no tiene límites. La dirección de actores fue impecable y el efecto final cuando un gran espejo desciende sobre el escenario en la penúltima escena permitiéndonos ver de frente al director y a todos los personajes desde todos los ángulos fue muy interesante. Los problemas los arreglaron a tiros y la venganza del comendador fue, así, más prosaica de lo habitual.Segunda sorpresa: la orquesta y el coro de la NYCO. Magnífico empaste, perfecto sonido, ductilidad en las cuerdas y docilidad bajo la experimentada y eléctrica batuta de George Manahan, que acompañó los recitativos al clave.Tercera sorpresa: Alexandrina Pendatchanska. La había visto en Italia y no me extrañaba que fuera bien considerada. Pero de sus belcantistas a esto, media un abismo. Es una 'Doña Ana' muy bien plantada. Actriz donde las haya y de voz grande, muy grande. ¿Matices? Los justos. ¿Delicadeza? Poca. Pero es una pantera.Todos los demás, sin excepción posible, habrían hecho las delicias en el Metropolitan. Amy Burton fue una 'Doña Elvira' furiosa -tanto que perjudicó en exceso el canto por momentos, especialmente en 'Mi tradì quel alma ingrata'. Amanerado el 'Don Octavio' de Levinsky, como corresponde y muy cómplices 'Leporello' -Nathan Berg, histriónico y de voz en exceso clara- y 'Don Giovanni' - Peter Coleman-Wright, inteligente dosificándose hasta su verdaderamente intensa serenata.

Este artículo fue publicado el 09/04/2002

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