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Juan ‘Rigoletto’ Pons

Nueva York, 29/03/2002. The Metropolitan Opera House. G. Verdi, Rigoletto. Otto Schenk, Dirección Escénica. Zack Brown, Escenografía y Vestuario. Ruth Ann Swenson (Gilda), Juan Pons, Marcelo Álvarez (Duque de Mantua), Denyce Graves (Maddalena), Robert Lloyd (Sparafucile). Orquesta y coros del Metropolitan Opera House. Dirección Musical: Marco Guidarini. Ocupación: 100 %
imagen Escuchar de nuevo el 'Rigoletto' de Juan Pons es siempre un placer, que se acrecienta si el barítono español se acompaña por la gran estrella tenoril de la actualidad -una vez que Alagna se obstina en perjudicar su carrera-: Marcelo Álvarez.Hace pocos días, se podía leer en una revista española que Marcelo Álvarez es un segundón que apenas sabe cantar, en referencia a su disco de arias francesas. ¿A qué se refieren cuando hablamos del mejor 'Hoffmann', 'Des Grieux', 'Werther' y 'Romeo' de la actualidad? Pues como 'Duque de Mantua', más de lo mismo. Timbre limpio, claro, brillante y homogéneo. Frasea con gusto exquisito, a veces es un poco amanerado, pero cantó toda su parte con escrupuloso buen gusto.A Ruth Ann Swenson le falta un hervor para casi todo lo que hace, pero esta 'Gilda' fue de marca mayor. La Swenson sabe que no hay personaje, así que se decidió por hacer lo que parecía, en plan exagerado, y funcionó bien. Cantó su 'Caro nome' de muerte y clavó un agudo en el 'Bella figlia del amore' de esos que cortan la respiración cuando ponemos el disco.Ahora toca el turno a Juan Pons. Quizás 'Rigoletto' es su mejor papel, lo que es muchísimo decir en un barítono que lo canta todo bien. Es adorado por el público del Met, que le aplaudió en cuanto puso un pie en el escenario, antes ya de empezar a cantar. Al final, el teatro parecía venirse abajo. Escribo con la piel de gallina al recordar su 'Cortiggiani'. ¡Qué odio! ¡Qué fuerza! ¡Qué personaje más estúpido! Pons lo sabe y pone toda la carne en el asador.Otra cosa, bien distinta, fue el foso. ¿Recuerdan La Traviata de Sevilla? Allí no importaba que Domingo no se enterase de nada porque estaba Arteta en el escenario y porque la escenografía era de doña Marta Ornelas de Domingo -su esposa. Sin embargo, la función del 29 fue dirigida por Marco Guidarini y aquí, con Otto Schenk al frente del cotarro, daba pena escuchar a la orquesta del Met con semejante falta de gusto. No es que no fuera musical, dado que musicalidad le sobra. Faltaba todo lo demás: balance, dinámica, tempi y mil veces etcétera.La escenografía de Schenk es por todos conocida. Realista, pero coherente -en mayor medida que su apreciado Caballero de la Rosa vienés-. El acto último, con la Swenson exhalando su última respiración y con Pons llorando su suerte es de gran emotividad. Además, Schenk responsabiliza de lo sucedido a quien en verdad es el responsable: Juan 'Rigoletto' Pons.

Este artículo fue publicado el 11/04/2002

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