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Belisario: un esfuerzo vano

Buenos Aires, 16/07/2010. Teatro Avenida. Gaetano Donizetti: Belisario. Ópera en tres actos. Libreto de Salvatore Cammarano. Marcelo Perusso, dirección escénica, escenografía y vestuario. Rubén Conde, iluminación. Omar Carrión (Belisario), María Luz Martínez (Antonina), Vanina Guilledo (Irene), Christian Peregrino (Giustiniano), Santiago Bürgi (Alamiro), Gabriela Ceaglio (Eudora), Gustavo De Gennaro (Eutropio), Walter Schwarz (Eusebio), Julián Zambó (Ottario), Lucas Somoza (un centurión). Orquesta y Coro de Buenos Aires Lírica. Director del Coro: Juan Casasbellas. Dirección Musical: Javier Logioia Orbe. Espectáculo presentado y producido por la Asociación Buenos Aires Lírica.
imagen No es fácil para una entidad lírica estructurar una temporada de ópera. Se puede caer en la tentación de programar infinitamente los diez títulos más populares del repertorio o presentar sólo novedades o buscar un equilibrio entre los títulos ofrecidos o miles de soluciones posibles. Buenos Aires Lírica, institución que a todas luces se ubica un paso adelante de las otras asociaciones locales que ofrecen ópera fuera de los teatros y subsidios estatales, ha sido, en general, muy razonable en la elección de sus títulos.

Quizás la mayor fortaleza de Buenos Aires Lírica sea con las óperas anteriores al clasicismo que salen del repertorio habitual de Buenos Aires sin desmedro de las muy buenas producciones de las óperas más conocidas del siglo XIX y hasta del XX. Cuando la Asociación ha buscado no atarse a estas grandes vertientes perece encorsetada en repetir títulos del pasado reciente del Teatro Colón (La carrera del libertino, El Cónsul, Attila, etc.) y ésta parecería ser la razón de la vuelta a la escena de Belisario que el teatro de la calle Libertad exhumó en 1981.


Momento de la representación
Fotografía © 2010 by Liliana Morsia, gentileza de Buenos Aires Lírica.


Buscando a Belisario

Belisario, estrenada el 4 de febrero de 1837, gozó de una gran popularidad en los primeros veinte años de trayectoria para luego caer en el olvido. La obra fue exhumada recién en 1969 en La Fenice y son escasos los lugares en las que se ofreció luego de ese año como informan las excelentes notas del programa de mano que firma Claudio Ratier: Bergamo (Teatro Comunale Donizetti, 1970), Londres (Sadler's Wells Theatre, 1972), Buenos Aires (Teatro Colón, 1981), Graz (Ópera, 1997), Winston-Salem (North Carolina School of Arts-Fletcher Opera Institute, 2005) y Estambul (Ópera del Estado, 2005). Habiendo tantas obras que merecen una revancha frente al público la lectura de la lista anterior hace dudar de la necesidad del experimento.

En principio la idea de volverla a presentar en la Argentina no pareció ser muy feliz ya que entre los más de setenta títulos de Donizetti hay sólo unos veinte -de los cuales se repiten frecuentemente tres- que fueron ofrecidos en la Buenos Aires contemporánea y Belisario es uno de ellos. Si la intención era acercar un título poco frecuentado del compositor bergamasco lo mejor hubiera sido encontrar una ópera que fuera desconocida en la Argentina.

Ante la atenta escucha de la obra se puede discernir que Belisario tiene todos los clichés por los cuales los que abjuran de la ópera se burlan del género: musicalmente pobre y desigual, dramáticamente nula y con un texto lleno de expresiones esteriotipadas, sin demasiada relación entre texto, canto, melodía y acompañamiento orquestal y con todas las fórmulas que ya en 1836 estaban gastadas. Sólo en algunos momentos se disfruta de la extraordinaria melodía vocal doninzettiana y quizás el final del primer acto sea dramáticamente lo más logrado.

Lamentablemente para llegar a esta versión la Asociación debió hacer un gran esfuerzo de producción que a la vista de la obra y de la recepción del público resultó vano.

La obtención de una partitura orquestal fue imposible ya que no existía ninguna edición comercial moderna de la obra; la producción del Teatro Colón de 1981 se había hecho con material orquestal prestado por el teatro La Fenice de Venecia, y ese material se perdió junto con el teatro en el incendio que lo destruyó por completo en 1996. La moderna tecnología acudió en ayuda de Buenos Aires Lírica: en internet se encontró la reproducción completa de un manuscrito que, si bien apócrifo, proviene de la época de Donizetti. Con ese manuscrito, la reducción para piano a la vista, el auxilio de las grabaciones comerciales existentes y por supuesto con la ayuda de su computadora y de los más modernos softwares, el maestro Juan Casasbellas reconstruyó la partitura y las partes orquestales de Belisario. Un esfuerzo terrible para una obra que no lo justifica.

En el año del Bicentenario de la Argentina el esfuerzo de reconstruir una partitura podría haberse orientado hacia alguna obra de Arturo Berutti, Pascual de Rogatis o cualquier otro compositor nacional y hacer un aporte valedero y perdurable para la cultura nacional.


Momento de la representación
Fotografía © 2010 by Liliana Morsia, gentileza de Buenos Aires Lírica.


La versión

La producción escénica de Marcelo Perusso lució con gran belleza y la idea de buscar texturas que simulen los mosaicos bizantinos resultó excelente. Los trajes fueron de una factura inmejorable y la iluminación acompañó adecuadamente la propuesta. La marcación actoral fue razonable para lo endeble del texto dramático.

El maestro Javier Logioia Orbe condujo la orquesta con pulcritud logrando buena respuesta y adecuado balance sonoro.

Omar Carrión compuso un muy buen Belisario con sutilezas vocales y buena emisión. La soprano chilena María Luz Martínez resultó irregular como Antonina.

De buena factura el Giustiniano de Christian Peregrino y demasiado exigida Vanina Guilledo como Irene.

Correctos Santiago Bürgi (Alamiro) y Gustavo De Gennaro (Eutropio) así como el resto del elenco y el coro.

En suma: una adecuada versión de una obra rescatada con mucho esfuerzo, lamentablemente vano.


Este artículo fue publicado el 22/07/2010

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tiempo de musica 24/07/2010 17:43:11
“Belisario” en el Teatro Avenida : Un Edipo bizantino
Buenos Aires Lírica asumió el riesgo de exhumar esta ópera de Donizetti, ausente de nuestros escenarios desde 1981, lo que permitió al público porteño disfrutar de las no pocas virtudes de esta obra olvidada. Por Ernesto Castagnino



Omar Carrión [Belisario] en el centro de una escena del primer acto
de Belisario, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2010

BELISARIO, ópera en tres actos de Gaetano Donizetti. Función del viernes 16 de julio de 2010 en el Teatro Avenida, organizada por Buenos Aires Lírica [BAL]. Dirección musical: Javier Logioia Orbe. Dirección escénica, escenografía y vestuario: Marcelo Perusso. Diseño de iluminación: Rubén Conde. Elenco: Omar Carrión [Belisario], Christian Peregrino [Giustiniano], María Luz Martínez [Antonina], Vanina Guilledo [Irene], Santiago Bürgi [Alamiro], Gabriela Ceaglio [Eudora], Gustavo De Gennaro [Eutropio], Walter Schwarz [Eusebio], Julián Zambó [Ottario], Lucas Somoza [Un centurión]. Coro de Buenos Aires Lírica y orquesta. Director de coro: Juan Casasbellas.

La exhumación de obras olvidadas o poco representadas son siempre bienvenidas. Además de disfrutar del sabor de lo nuevo o desconocido, obliga —como en este caso— a preguntarse el porqué de tal olvido. Como bien señala Claudio Ratier en el comentario del programa de mano, las razones para que perdiera popularidad esta ópera protagonizada por un barítono en un mundo operístico que siempre privilegió el lucimiento y protagonismo de la soprano, no son difíciles de imaginar. Belisario es una ópera que presenta algunas innovaciones en el canon belcantista ya que por un lado desplaza la temática amorosa [soprano-tenor] en favor de la temática paterno-filial [barítono-tenor o barítono-soprano], y por el otro desbalancea la importancia o centralidad del número solista, incorporando mayor cantidad de conjuntos.

Belisario, un militar del Imperio bizantino que recuperó gran parte de los territorios ocupados por los bárbaros en el siglo VI, es el personaje central de la trama que Gaetano Donizetti y su libretista Salvatore Cammarano eligieron para su segunda colaboración luego del éxito de Lucia di Lammermoor. La historia de este general, acusado de traición por su esposa y condenado a mendigar, había sido objeto de varias obras literarias y pictóricas que habían ido agregando detalles que hicieron al personaje cada vez más atractivo para el teatro.

En la versión de Donizetti asistimos a una tragedia de proporciones griegas: Belisario es acusado por su mujer Antonina de haber mandado a asesinar a su pequeño hijo debido a un sueño premonitorio en el cual se indicaba que su descendencia sería responsable de la caída del imperio. El niño en cuestión es salvado por el esclavo encargado de cumplir el asesinato y criado por extranjeros. Para vengarse, Antonina falsifica unos documentos que dejan a Belisario como traidor frente al emperador Justiniano I. La sentencia consiste en que le sean arrancados los ojos y vagar en el exilio como mendigo, acompañado de su hija Irene. Se descubre la identidad del hijo perdido en Alamiro, un prisionero que sin saber por qué se siente ligado a Belisario y lo sigue incondicionalmente. La intriga finalmente se descubre, pero Belisario muere acompañado por su esposa que clama por el perdón. Cualquier parecido con Edipo rey es pura coincidencia…



Vanina Guilledo [Irene], Omar Carrión [Belisario] y Christian Peregrino [Giustiniano] en una escena del primer acto de Belisario, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2010

La aproximación escénica de Marcelo Perusso a esta ópera permitió apreciar todas las virtudes de una obra compleja y original. Encargado de la dirección escénica, escenografía y vestuario, Perusso ideó un marco visual de estilizado carácter bizantino, con sus mosaicos y su iconografía, pero sin pretensión de realismo. Su planteo tendió más bien a un simbolismo o conceptualismo de buen resultado general pero que por momentos perdía eficacia y se convertía en mera acumulación, como los caballos de la escena final que evocaban, suponemos, la rebelión contra Justiniano I originada en el hipódromo —episodio ajeno a la trama— o el constante subir y bajar de elementos escenográficos que distraían más que ayudar a crear determinados climas.

El rol protagónico estuvo a cargo del barítono Omar Carrión quien demostró una vez más su calidad vocal e interpretativa. Su desempeño fue de menor a mayor, alcanzando en el duetto con la mezzosoprano que cierra el segundo acto momentos de gran contundencia dramática. Carrión desplegó una voz de impecable estilo belcantista, reflejando el patetismo del personaje y su destino trágico con gran entrega y generosidad de medios.

La soprano María Luz Martínez tuvo, en el rol de la vengativa Antonina, una carga que le resultó demasiado difícil de llevar. Algunas bellas y sugetivas messe di voce quedaron opacadas por agudos estridentes y una afinación algo errática. En el rol de Irene, la hija de Belisario, encontramos a la mezzosoprano Vanina Guilledo, quien cumplió con un material vocal de buena proyección y variedad de matices, e hizo de un rol de por sí algo unidimiensional una verdadera creación. Si bien en su registro agudo se evidencia aún algún esfuerzo, esta joven mezzosoprano realizó un interesante aporte en sus partes solistas y en los abundantes conjuntos en los que su voz se distinguía con claridad.

El tenor Santiago Bürgi —quien reemplazó al anunciado Sergio Spina— asumió el personaje de Alamiro/Alexis realizando una tarea extraordinaria. Un canto de refinado estilo belcantista, sin escatimar los matices heroicos cuando eran necesarios, configuraron una excelente actuación que le significó un merecido aplauso del público. El bajo Christian Peregrino asumió el rol del emperador Justiniano I con poderosos medios vocales dignos de su investidura. Una pena que el rol quedara algo desdibujado en su magnificencia debido a algunas marcaciones que igualaban o emparejaban demasiado al emperador con el resto de los personajes.



Vanina Guilledo [Irene], Omar Carrión [Belisario] y Sergio Spina [Alamiro]
en el tercer acto de Belisario, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2010

Javier Logioia Orbe realizó una concertación interesante, a partir de la reconstrucción de la partitura encargada a Juan Casasbellas por BAL, ya que la edición del Teatro La Fenice se perdió con el incendio del teatro en 1996. Con brío y energía, pero sin descuidar los detalles, Logioia Orbe llevó adelante esta interesante y original creación donizettiana, permitiéndonos apreciar toda la belleza de sus melodías. La Orquesta —especialmente la sección de cuerdas— estuvo a la altura del desafío, cumpliendo con excelentes resultados. El Coro, dirigido por Juan Casasbellas, cumplió una tarea extraordinaria en los numerosos conjuntos y los bellos coros marciales a los que los compositores románticos eran tan adeptos.

En síntesis, una muy merecida recuperación de esta obra olvidada de Donizetti que contiene momentos musicales de enorme belleza, y que fue eficazmente servida por el equipo reunido por BAL para este “reestreno” argentino de Belisario.

Ernesto Castagnino











“Belisario” en el Teatro Avenida : Un Edipo bizantino
Buenos Aires Lírica asumió el riesgo de exhumar esta ópera de Donizetti, ausente de nuestros escenarios desde 1981, lo que permitió al público porteño disfrutar de las no pocas virtudes de esta obra olvidada. Por Ernesto Castagnino



Omar Carrión [Belisario] en el centro de una escena del primer acto
de Belisario, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2010

BELISARIO, ópera en tres actos de Gaetano Donizetti. Función del viernes 16 de julio de 2010 en el Teatro Avenida, organizada por Buenos Aires Lírica [BAL]. Dirección musical: Javier Logioia Orbe. Dirección escénica, escenografía y vestuario: Marcelo Perusso. Diseño de iluminación: Rubén Conde. Elenco: Omar Carrión [Belisario], Christian Peregrino [Giustiniano], María Luz Martínez [Antonina], Vanina Guilledo [Irene], Santiago Bürgi [Alamiro], Gabriela Ceaglio [Eudora], Gustavo De Gennaro [Eutropio], Walter Schwarz [Eusebio], Julián Zambó [Ottario], Lucas Somoza [Un centurión]. Coro de Buenos Aires Lírica y orquesta. Director de coro: Juan Casasbellas.

La exhumación de obras olvidadas o poco representadas son siempre bienvenidas. Además de disfrutar del sabor de lo nuevo o desconocido, obliga —como en este caso— a preguntarse el porqué de tal olvido. Como bien señala Claudio Ratier en el comentario del programa de mano, las razones para que perdiera popularidad esta ópera protagonizada por un barítono en un mundo operístico que siempre privilegió el lucimiento y protagonismo de la soprano, no son difíciles de imaginar. Belisario es una ópera que presenta algunas innovaciones en el canon belcantista ya que por un lado desplaza la temática amorosa [soprano-tenor] en favor de la temática paterno-filial [barítono-tenor o barítono-soprano], y por el otro desbalancea la importancia o centralidad del número solista, incorporando mayor cantidad de conjuntos.

Belisario, un militar del Imperio bizantino que recuperó gran parte de los territorios ocupados por los bárbaros en el siglo VI, es el personaje central de la trama que Gaetano Donizetti y su libretista Salvatore Cammarano eligieron para su segunda colaboración luego del éxito de Lucia di Lammermoor. La historia de este general, acusado de traición por su esposa y condenado a mendigar, había sido objeto de varias obras literarias y pictóricas que habían ido agregando detalles que hicieron al personaje cada vez más atractivo para el teatro.

En la versión de Donizetti asistimos a una tragedia de proporciones griegas: Belisario es acusado por su mujer Antonina de haber mandado a asesinar a su pequeño hijo debido a un sueño premonitorio en el cual se indicaba que su descendencia sería responsable de la caída del imperio. El niño en cuestión es salvado por el esclavo encargado de cumplir el asesinato y criado por extranjeros. Para vengarse, Antonina falsifica unos documentos que dejan a Belisario como traidor frente al emperador Justiniano I. La sentencia consiste en que le sean arrancados los ojos y vagar en el exilio como mendigo, acompañado de su hija Irene. Se descubre la identidad del hijo perdido en Alamiro, un prisionero que sin saber por qué se siente ligado a Belisario y lo sigue incondicionalmente. La intriga finalmente se descubre, pero Belisario muere acompañado por su esposa que clama por el perdón. Cualquier parecido con Edipo rey es pura coincidencia…



Vanina Guilledo [Irene], Omar Carrión [Belisario] y Christian Peregrino [Giustiniano] en una escena del primer acto de Belisario, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2010

La aproximación escénica de Marcelo Perusso a esta ópera permitió apreciar todas las virtudes de una obra compleja y original. Encargado de la dirección escénica, escenografía y vestuario, Perusso ideó un marco visual de estilizado carácter bizantino, con sus mosaicos y su iconografía, pero sin pretensión de realismo. Su planteo tendió más bien a un simbolismo o conceptualismo de buen resultado general pero que por momentos perdía eficacia y se convertía en mera acumulación, como los caballos de la escena final que evocaban, suponemos, la rebelión contra Justiniano I originada en el hipódromo —episodio ajeno a la trama— o el constante subir y bajar de elementos escenográficos que distraían más que ayudar a crear determinados climas.

El rol protagónico estuvo a cargo del barítono Omar Carrión quien demostró una vez más su calidad vocal e interpretativa. Su desempeño fue de menor a mayor, alcanzando en el duetto con la mezzosoprano que cierra el segundo acto momentos de gran contundencia dramática. Carrión desplegó una voz de impecable estilo belcantista, reflejando el patetismo del personaje y su destino trágico con gran entrega y generosidad de medios.

La soprano María Luz Martínez tuvo, en el rol de la vengativa Antonina, una carga que le resultó demasiado difícil de llevar. Algunas bellas y sugetivas messe di voce quedaron opacadas por agudos estridentes y una afinación algo errática. En el rol de Irene, la hija de Belisario, encontramos a la mezzosoprano Vanina Guilledo, quien cumplió con un material vocal de buena proyección y variedad de matices, e hizo de un rol de por sí algo unidimiensional una verdadera creación. Si bien en su registro agudo se evidencia aún algún esfuerzo, esta joven mezzosoprano realizó un interesante aporte en sus partes solistas y en los abundantes conjuntos en los que su voz se distinguía con claridad.

El tenor Santiago Bürgi —quien reemplazó al anunciado Sergio Spina— asumió el personaje de Alamiro/Alexis realizando una tarea extraordinaria. Un canto de refinado estilo belcantista, sin escatimar los matices heroicos cuando eran necesarios, configuraron una excelente actuación que le significó un merecido aplauso del público. El bajo Christian Peregrino asumió el rol del emperador Justiniano I con poderosos medios vocales dignos de su investidura. Una pena que el rol quedara algo desdibujado en su magnificencia debido a algunas marcaciones que igualaban o emparejaban demasiado al emperador con el resto de los personajes.



Vanina Guilledo [Irene], Omar Carrión [Belisario] y Sergio Spina [Alamiro]
en el tercer acto de Belisario, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2010

Javier Logioia Orbe realizó una concertación interesante, a partir de la reconstrucción de la partitura encargada a Juan Casasbellas por BAL, ya que la edición del Teatro La Fenice se perdió con el incendio del teatro en 1996. Con brío y energía, pero sin descuidar los detalles, Logioia Orbe llevó adelante esta interesante y original creación donizettiana, permitiéndonos apreciar toda la belleza de sus melodías. La Orquesta —especialmente la sección de cuerdas— estuvo a la altura del desafío, cumpliendo con excelentes resultados. El Coro, dirigido por Juan Casasbellas, cumplió una tarea extraordinaria en los numerosos conjuntos y los bellos coros marciales a los que los compositores románticos eran tan adeptos.

En síntesis, una muy merecida recuperación de esta obra olvidada de Donizetti que contiene momentos musicales de enorme belleza, y que fue eficazmente servida por el equipo reunido por BAL para este “reestreno” argentino de Belisario.

Ernesto Castagnino













“Belisario” en el Teatro Avenida : Un Edipo bizantino
Buenos Aires Lírica asumió el riesgo de exhumar esta ópera de Donizetti, ausente de nuestros escenarios desde 1981, lo que permitió al público porteño disfrutar de las no pocas virtudes de esta obra olvidada. Por Ernesto Castagnino



Omar Carrión [Belisario] en el centro de una escena del primer acto
de Belisario, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2010

BELISARIO, ópera en tres actos de Gaetano Donizetti. Función del viernes 16 de julio de 2010 en el Teatro Avenida, organizada por Buenos Aires Lírica [BAL]. Dirección musical: Javier Logioia Orbe. Dirección escénica, escenografía y vestuario: Marcelo Perusso. Diseño de iluminación: Rubén Conde. Elenco: Omar Carrión [Belisario], Christian Peregrino [Giustiniano], María Luz Martínez [Antonina], Vanina Guilledo [Irene], Santiago Bürgi [Alamiro], Gabriela Ceaglio [Eudora], Gustavo De Gennaro [Eutropio], Walter Schwarz [Eusebio], Julián Zambó [Ottario], Lucas Somoza [Un centurión]. Coro de Buenos Aires Lírica y orquesta. Director de coro: Juan Casasbellas.

La exhumación de obras olvidadas o poco representadas son siempre bienvenidas. Además de disfrutar del sabor de lo nuevo o desconocido, obliga —como en este caso— a preguntarse el porqué de tal olvido. Como bien señala Claudio Ratier en el comentario del programa de mano, las razones para que perdiera popularidad esta ópera protagonizada por un barítono en un mundo operístico que siempre privilegió el lucimiento y protagonismo de la soprano, no son difíciles de imaginar. Belisario es una ópera que presenta algunas innovaciones en el canon belcantista ya que por un lado desplaza la temática amorosa [soprano-tenor] en favor de la temática paterno-filial [barítono-tenor o barítono-soprano], y por el otro desbalancea la importancia o centralidad del número solista, incorporando mayor cantidad de conjuntos.

Belisario, un militar del Imperio bizantino que recuperó gran parte de los territorios ocupados por los bárbaros en el siglo VI, es el personaje central de la trama que Gaetano Donizetti y su libretista Salvatore Cammarano eligieron para su segunda colaboración luego del éxito de Lucia di Lammermoor. La historia de este general, acusado de traición por su esposa y condenado a mendigar, había sido objeto de varias obras literarias y pictóricas que habían ido agregando detalles que hicieron al personaje cada vez más atractivo para el teatro.

En la versión de Donizetti asistimos a una tragedia de proporciones griegas: Belisario es acusado por su mujer Antonina de haber mandado a asesinar a su pequeño hijo debido a un sueño premonitorio en el cual se indicaba que su descendencia sería responsable de la caída del imperio. El niño en cuestión es salvado por el esclavo encargado de cumplir el asesinato y criado por extranjeros. Para vengarse, Antonina falsifica unos documentos que dejan a Belisario como traidor frente al emperador Justiniano I. La sentencia consiste en que le sean arrancados los ojos y vagar en el exilio como mendigo, acompañado de su hija Irene. Se descubre la identidad del hijo perdido en Alamiro, un prisionero que sin saber por qué se siente ligado a Belisario y lo sigue incondicionalmente. La intriga finalmente se descubre, pero Belisario muere acompañado por su esposa que clama por el perdón. Cualquier parecido con Edipo rey es pura coincidencia…



Vanina Guilledo [Irene], Omar Carrión [Belisario] y Christian Peregrino [Giustiniano] en una escena del primer acto de Belisario, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2010

La aproximación escénica de Marcelo Perusso a esta ópera permitió apreciar todas las virtudes de una obra compleja y original. Encargado de la dirección escénica, escenografía y vestuario, Perusso ideó un marco visual de estilizado carácter bizantino, con sus mosaicos y su iconografía, pero sin pretensión de realismo. Su planteo tendió más bien a un simbolismo o conceptualismo de buen resultado general pero que por momentos perdía eficacia y se convertía en mera acumulación, como los caballos de la escena final que evocaban, suponemos, la rebelión contra Justiniano I originada en el hipódromo —episodio ajeno a la trama— o el constante subir y bajar de elementos escenográficos que distraían más que ayudar a crear determinados climas.

El rol protagónico estuvo a cargo del barítono Omar Carrión quien demostró una vez más su calidad vocal e interpretativa. Su desempeño fue de menor a mayor, alcanzando en el duetto con la mezzosoprano que cierra el segundo acto momentos de gran contundencia dramática. Carrión desplegó una voz de impecable estilo belcantista, reflejando el patetismo del personaje y su destino trágico con gran entrega y generosidad de medios.

La soprano María Luz Martínez tuvo, en el rol de la vengativa Antonina, una carga que le resultó demasiado difícil de llevar. Algunas bellas y sugetivas messe di voce quedaron opacadas por agudos estridentes y una afinación algo errática. En el rol de Irene, la hija de Belisario, encontramos a la mezzosoprano Vanina Guilledo, quien cumplió con un material vocal de buena proyección y variedad de matices, e hizo de un rol de por sí algo unidimiensional una verdadera creación. Si bien en su registro agudo se evidencia aún algún esfuerzo, esta joven mezzosoprano realizó un interesante aporte en sus partes solistas y en los abundantes conjuntos en los que su voz se distinguía con claridad.

El tenor Santiago Bürgi —quien reemplazó al anunciado Sergio Spina— asumió el personaje de Alamiro/Alexis realizando una tarea extraordinaria. Un canto de refinado estilo belcantista, sin escatimar los matices heroicos cuando eran necesarios, configuraron una excelente actuación que le significó un merecido aplauso del público. El bajo Christian Peregrino asumió el rol del emperador Justiniano I con poderosos medios vocales dignos de su investidura. Una pena que el rol quedara algo desdibujado en su magnificencia debido a algunas marcaciones que igualaban o emparejaban demasiado al emperador con el resto de los personajes.



Vanina Guilledo [Irene], Omar Carrión [Belisario] y Sergio Spina [Alamiro]
en el tercer acto de Belisario, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2010

Javier Logioia Orbe realizó una concertación interesante, a partir de la reconstrucción de la partitura encargada a Juan Casasbellas por BAL, ya que la edición del Teatro La Fenice se perdió con el incendio del teatro en 1996. Con brío y energía, pero sin descuidar los detalles, Logioia Orbe llevó adelante esta interesante y original creación donizettiana, permitiéndonos apreciar toda la belleza de sus melodías. La Orquesta —especialmente la sección de cuerdas— estuvo a la altura del desafío, cumpliendo con excelentes resultados. El Coro, dirigido por Juan Casasbellas, cumplió una tarea extraordinaria en los numerosos conjuntos y los bellos coros marciales a los que los compositores románticos eran tan adeptos.

En síntesis, una muy merecida recuperación de esta obra olvidada de Donizetti que contiene momentos musicales de enorme belleza, y que fue eficazmente servida por el equipo reunido por BAL para este “reestreno” argentino de Belisario.

Ernesto Castagnino











“Belisario” en el Teatro Avenida : Un Edipo bizantino
Buenos Aires Lírica asumió el riesgo de exhumar esta ópera de Donizetti, ausente de nuestros escenarios desde 1981, lo que permitió al público porteño disfrutar de las no pocas virtudes de esta obra olvidada. Por Ernesto Castagnino



Omar Carrión [Belisario] en el centro de una escena del primer acto
de Belisario, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2010

BELISARIO, ópera en tres actos de Gaetano Donizetti. Función del viernes 16 de julio de 2010 en el Teatro Avenida, organizada por Buenos Aires Lírica [BAL]. Dirección musical: Javier Logioia Orbe. Dirección escénica, escenografía y vestuario: Marcelo Perusso. Diseño de iluminación: Rubén Conde. Elenco: Omar Carrión [Belisario], Christian Peregrino [Giustiniano], María Luz Martínez [Antonina], Vanina Guilledo [Irene], Santiago Bürgi [Alamiro], Gabriela Ceaglio [Eudora], Gustavo De Gennaro [Eutropio], Walter Schwarz [Eusebio], Julián Zambó [Ottario], Lucas Somoza [Un centurión]. Coro de Buenos Aires Lírica y orquesta. Director de coro: Juan Casasbellas.

La exhumación de obras olvidadas o poco representadas son siempre bienvenidas. Además de disfrutar del sabor de lo nuevo o desconocido, obliga —como en este caso— a preguntarse el porqué de tal olvido. Como bien señala Claudio Ratier en el comentario del programa de mano, las razones para que perdiera popularidad esta ópera protagonizada por un barítono en un mundo operístico que siempre privilegió el lucimiento y protagonismo de la soprano, no son difíciles de imaginar. Belisario es una ópera que presenta algunas innovaciones en el canon belcantista ya que por un lado desplaza la temática amorosa [soprano-tenor] en favor de la temática paterno-filial [barítono-tenor o barítono-soprano], y por el otro desbalancea la importancia o centralidad del número solista, incorporando mayor cantidad de conjuntos.

Belisario, un militar del Imperio bizantino que recuperó gran parte de los territorios ocupados por los bárbaros en el siglo VI, es el personaje central de la trama que Gaetano Donizetti y su libretista Salvatore Cammarano eligieron para su segunda colaboración luego del éxito de Lucia di Lammermoor. La historia de este general, acusado de traición por su esposa y condenado a mendigar, había sido objeto de varias obras literarias y pictóricas que habían ido agregando detalles que hicieron al personaje cada vez más atractivo para el teatro.

En la versión de Donizetti asistimos a una tragedia de proporciones griegas: Belisario es acusado por su mujer Antonina de haber mandado a asesinar a su pequeño hijo debido a un sueño premonitorio en el cual se indicaba que su descendencia sería responsable de la caída del imperio. El niño en cuestión es salvado por el esclavo encargado de cumplir el asesinato y criado por extranjeros. Para vengarse, Antonina falsifica unos documentos que dejan a Belisario como traidor frente al emperador Justiniano I. La sentencia consiste en que le sean arrancados los ojos y vagar en el exilio como mendigo, acompañado de su hija Irene. Se descubre la identidad del hijo perdido en Alamiro, un prisionero que sin saber por qué se siente ligado a Belisario y lo sigue incondicionalmente. La intriga finalmente se descubre, pero Belisario muere acompañado por su esposa que clama por el perdón. Cualquier parecido con Edipo rey es pura coincidencia…



Vanina Guilledo [Irene], Omar Carrión [Belisario] y Christian Peregrino [Giustiniano] en una escena del primer acto de Belisario, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2010

La aproximación escénica de Marcelo Perusso a esta ópera permitió apreciar todas las virtudes de una obra compleja y original. Encargado de la dirección escénica, escenografía y vestuario, Perusso ideó un marco visual de estilizado carácter bizantino, con sus mosaicos y su iconografía, pero sin pretensión de realismo. Su planteo tendió más bien a un simbolismo o conceptualismo de buen resultado general pero que por momentos perdía eficacia y se convertía en mera acumulación, como los caballos de la escena final que evocaban, suponemos, la rebelión contra Justiniano I originada en el hipódromo —episodio ajeno a la trama— o el constante subir y bajar de elementos escenográficos que distraían más que ayudar a crear determinados climas.

El rol protagónico estuvo a cargo del barítono Omar Carrión quien demostró una vez más su calidad vocal e interpretativa. Su desempeño fue de menor a mayor, alcanzando en el duetto con la mezzosoprano que cierra el segundo acto momentos de gran contundencia dramática. Carrión desplegó una voz de impecable estilo belcantista, reflejando el patetismo del personaje y su destino trágico con gran entrega y generosidad de medios.

La soprano María Luz Martínez tuvo, en el rol de la vengativa Antonina, una carga que le resultó demasiado difícil de llevar. Algunas bellas y sugetivas messe di voce quedaron opacadas por agudos estridentes y una afinación algo errática. En el rol de Irene, la hija de Belisario, encontramos a la mezzosoprano Vanina Guilledo, quien cumplió con un material vocal de buena proyección y variedad de matices, e hizo de un rol de por sí algo unidimiensional una verdadera creación. Si bien en su registro agudo se evidencia aún algún esfuerzo, esta joven mezzosoprano realizó un interesante aporte en sus partes solistas y en los abundantes conjuntos en los que su voz se distinguía con claridad.

El tenor Santiago Bürgi —quien reemplazó al anunciado Sergio Spina— asumió el personaje de Alamiro/Alexis realizando una tarea extraordinaria. Un canto de refinado estilo belcantista, sin escatimar los matices heroicos cuando eran necesarios, configuraron una excelente actuación que le significó un merecido aplauso del público. El bajo Christian Peregrino asumió el rol del emperador Justiniano I con poderosos medios vocales dignos de su investidura. Una pena que el rol quedara algo desdibujado en su magnificencia debido a algunas marcaciones que igualaban o emparejaban demasiado al emperador con el resto de los personajes.



Vanina Guilledo [Irene], Omar Carrión [Belisario] y Sergio Spina [Alamiro]
en el tercer acto de Belisario, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2010

Javier Logioia Orbe realizó una concertación interesante, a partir de la reconstrucción de la partitura encargada a Juan Casasbellas por BAL, ya que la edición del Teatro La Fenice se perdió con el incendio del teatro en 1996. Con brío y energía, pero sin descuidar los detalles, Logioia Orbe llevó adelante esta interesante y original creación donizettiana, permitiéndonos apreciar toda la belleza de sus melodías. La Orquesta —especialmente la sección de cuerdas— estuvo a la altura del desafío, cumpliendo con excelentes resultados. El Coro, dirigido por Juan Casasbellas, cumplió una tarea extraordinaria en los numerosos conjuntos y los bellos coros marciales a los que los compositores románticos eran tan adeptos.

En síntesis, una muy merecida recuperación de esta obra olvidada de Donizetti que contiene momentos musicales de enorme belleza, y que fue eficazmente servida por el equipo reunido por BAL para este “reestreno” argentino de Belisario.

Ernesto Castagnino


Alberto Leal 23/07/2010 23:16:26
UNA EXHUMACIÓN POCO FELIZ
Las óperas olvidadas del Bel Canto se justifica exhumarlas solo cuando se cuenta con grandes cantantes. Lo demuestra que, en la misma época, el Colón exhumó Caterina Cornaro y Beatrice Di Tenda con elencos mediocres y en la actualidad nadie recuerda esas funciones pero si las de Belisario.
Es de valorar el trabajo del Maestro Juan Casasbellas, al reconstruir la partitura a partir de la reducción para canto y piano, ya que la versión usada por el Teatro Colón provenía de la Fenice y la misma se destruyó con el incendio que se produjo en ese teatro en 1996.
Poco es lo salvable en la versión presentada por Buenos Aires Lírica. La orquesta a cargo del Maestro Javier Logioia Orbe comenzó con desafinaciones notables, aunque el director fue encauzando la misma con el correr de los actos, su versión pareció siempre falta de algún nivel de tensión dramática. Además, demasiadas entradas en falso de los cantantes, responsabilidad algo difícil de adjudicar.
En el plano vocal Christian Peregrino fue lo más interesante de escuchar y ver. Con su bello timbre, su canto siempre en estilo, afinado y su apostura escénica demostró que no hay papeles pequeños cuando se cuenta con el talento necesario.
Además es poseedor de la única voz con el volumen necesario de todo el elenco.
Omar Carrión, a pesar de oírselo con menos volumen del habitual y por momentos escaso, creó un buen Belisario. Su acostumbrada profesionalidad, acompañada por un canto siempre afinado, en estilo y suficientemente matizado, dio como resultado un trabajo positivo. Su voz parece haber perdido algo del brillo que lo caracterizaba. Realizó un encomiable trabajo actoral, dentro de una marcación que luego trataremos.
La soprano chilena María Luz Martínez, no posee la voz para el rol. Además su canto no brindó placer alguno. Siempre con problemas de afinación, control del aire y dificultades en las coloraturas, su trabajo fue totalmente [y rápidamente] olvidable. Debe sumarse su total falta de habilidad actoral. Realmente cuesta entender porque se contrata a una soprano extranjera, de magros antecedentes y bajo nivel vocal, cuando muchas de las sopranos argentinas hubieran realizado, sin dudas, un mucho mejor trabajo. En lo personal es un misterio que, seguramente, los responsables sabrán entender.

Vanina Guillado, expuesta prematuramente a un papel de exigencia y Santiago Bürgi, cumplieron con dificultad sus roles.
Marcelo Perusso, en uno de los trabajos menos logrados que le hemos visto, generó una escenografía elemental, colorida y totalmente previsible. Creo que el lado positivo de la misma fue la facilidad para los cambios. Algunos momentos realmente desafortunados, como las telas que cubrieron el escenario figurando el mar. Todo previsible, todo prolijo, recto y con muy poco vuelo. Igualmente no acertó con la marcación de los cantantes, aunque es cierto que solo en algunas excepciones contó con elementos con aptitudes actorales,
Parecieron quedar librados a su suerte.
El vestuario, demasiado lujoso y obvio, contribuyó solamente llevando algo de color a una función gris en su esencia. Difícil de entender que en situaciones tan disímiles, Irene luzca el mismo vestuario. Correcto el manejo de la iluminación.
Buena la actuación del Coro.
Valoro fuertemente el esfuerzo hecho por Buenos Aires Lírica al dar la oportunidad de ver una obra muy poco frecuentada, sobre todo a los que no han tenido la suerte de ver la puesta del Colón de 1981, el gran trabajo del Maestro Juan Casabellas y todo lo que esto demanda, pero lamento el resultado final. Tal vez con otro elenco el resultado sería otro, pero sigo sosteniendo que estas exhumaciones se justifican plenamente solo cuando se cuenta con grandes cantantes.
El frío de la sala se correspondió perfectamente con el que sentimos a la salida de la misma.
ALBERTO LEAL


Pollini 23/07/2010 23:11:37
Ámbito Financiero - Lunes 19 de Julio de 2010
La versión de «Belisario» de Buenos Aires Lírica
Rescate esforzado sin final feliz
Por: Margarita Pollini
En vista de su historial impecable, no se entiende por qué Buenos Aires
Lírica eligió una ópera de Donizetti que sólo puede atraer en una
realización muy lograda. Desafortunadamente no es el caso.

«Belisario», tragedia lírica en tres actos de G. Donizetti - Libreto: S.
Cammaranno. Orquesta y Coro Buenos Aires Lírica. Puesta en escena: M.
Perusso. Dir. Mus.: J. Logioia Orbe [Teatro Avenida, 16 de julio].

Si algo hay que destacar de Buenos Aires Lírica es una impecable selección
de títulos a lo largo de sus siete años y medio de vida. La asociación se
las ha ingeniado siempre para programar temporadas equilibradas, que
combinan títulos taquilleros con otros menos conocidos [o desconocidos] por
nuestro público pero de gran trascendencia en la historia del género. En
vista de ésto no se termina de comprender la elección de«Belisario» de
Gaetano Donizetti como uno de los cinco títulos de la temporada 2010. «Ópera
original y llena de logros», dice el programa de mano sin que lo que se
puede apreciar en el escenario lo confirme plenamente; tampoco se trata de
un estreno en nuestro país ni de un título tan olvidado, ya que se lo vio en
el Colón hace menos de 30 años. Por alguna razón BAL puso un empeño digno de
mejor causa por llevarla a escena y hasta debió encomendar a Juan
Casasbellas [preparador del coro] la reconstrucción del material, ya que el
que se utilizó para la producción del Colón fue destruido en el último
incendio del Teatro La Fenice.

Dentro de la producción de Donizetti, «Belisario» [1836] se ubica entre
«Lucia» e«Il campanello». El argumento gira en torno al general del ejército
del Imperio Bizantino en tiempos de Justiniano, que sufre una traición a
manos de su mujer y muere en la mayor de las desgracias. Una obra que tiene
momentos felices pero infortunados cuartos de hora [como decía Rossini de
las óperas de Wagner] sólo puede atraer en una realización muy lograda;
Buenos Aires Lírica, que cuenta con los medios materiales y los recursos
humanos, no la consiguió.

Enmarcada en una escenografía y vestuario con uso y abuso del mosaico, la
puesta de Marcelo Perusso se ve estática y pueril, con marcaciones actorales
básicas para el cuadro de cantantes. Omar Carrión [quien peluca y barba
mediante se asemeja poderosamente a Donizetti] pone su profesionalismo al
servicio de un papel ingrato cuya tesitura es poco acorde con su registro.
Los roles femeninos principales [Antonina, la esposa de Belisario, e Irene,
su hija] fueron asignados a cantantes de medios vocales por debajo de las
exigencias: la chilena María Luz Martínez, de una voz mucho más liviana de
lo requerido, tiene evidentes buenas intenciones musicales pero su emisión
tensa y su falta de proyección le impiden plasmarlas, mientras que la joven
Vanina Guilledo, de timbre áspero, tampoco convence como Irene. Sí lo hacen
Christian Peregrino como Giustiniano y Santiago Bürgi como Alamiro.

Afortunadamente en el podio está Javier Logioia Orbe para dirigir con
claridad de ideas y de gestos a una excelente formación orquestal y un coro
vibrante.

Habrá de todas maneras espectadores que defiendan los méritos de «Belisario»
y que puedan trenzarse con los decepcionados en algo tan caro a los
fanáticos del género y nunca más apropiado que en el caso de esta ópera: las
discusiones bizantinas.


Agustin 23/07/2010 16:59:05
Fui el viernes 16 y no coincido con la innecesariamente dura crítica de P. Kohan ni con MC cuando habla de "esfuerzo vano". Ningún esfuerzo dedicado al arte puede ser considerado vano. Menos aún el enorme esfuerzo que implica exhumar una partitura, sea de una obra cumbre o de una obra sin fama. La puesta me pareció excelente. Fantástico el vestuario que reprodujo fielmente el que vemos en los mosaicos de Ravenna. El simbolismo y el escenario regado de teselas me pareció muy logrado. No soy un experto, tengo 28 años y estoy lejos de poseer los conocimientos del señor Kohan, pero como público disfruté lo que escuché. La obra no será una obra cumbre de la ópera italiana y tal vez esté lejos de lo mejor de Donizetti pero no deja de ser meritorio traer nuevos títulos y garantizar el disfrute del público.

Buenos Aires Lirica 23/07/2010 3:31:31
Buenos Aires, 20 de julio de 2010.
Estimados melómanos:

A pocos días de haberse estrenado nuestro Belisario nos parece oportuno dirigirles algunas palabras.

Ninguna producción de ópera es perfecta, y tampoco lo es este Belisario . Sin embargo creemos haber logrado una producción a la altura de los estándares de Buenos Aires Lírica. La mayoría de quienes han visitado las funciones hasta ahora comparte esta opinión y ello se refleja en la ocupación del teatro, superior, incluso, en la función del domingo 18 que en la del viernes 16.

No obstante lo antedicho, ustedes y nosotros nos hemos visto sorprendidos por una crítica negativa en algunos medios, excepcionalmente agresiva. No es del caso especular aquí sobre los motivos que puedan haber llevado a semejantes expresiones, según las cuales Buenos Aires Lírica, por primera vez en ocho años, habría entregado al mercado un producto francamente indigno, apreciación ésta que sentimos muy alejada de la realidad.

El motivo de estas líneas es el de agradecer a los muchos que se han dirigido a nosotros para ofrecernos su genuina valoración del espectáculo y manifestarnos su solidaridad ante la increíble descalificación. Sus cálidas palabras servirán de desagravio al trabajo excepcional de los artistas - de primer nivel - que participan de este "revival" del Belisario de Donizetti.

Nuevamente, gracias y feliz Día del Amigo a todos.

Cordialmente,
La Comisión Directiva
Buenos Aires Lírica



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