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Bien leída, pero falta la música

La Coruña, 19/06/2002. Teatro Rosalía Castro. Josep Colom, piano. Real Filharmonía de Galicia. José Ramón Encinar. Igor Stravinsky: 'Pulcinella', suite de ballet. Frederyk Chopin: Variaciones sobre el dúo 'Là ci darem la mano' de Don Giovanni de Mozart, para piano y orquesta op. 2. Wolfgang Amadè Mozart: 39ª Sinfonía en mi bemol mayor, KV 543. V Festival Mozart de La Coruña. Aforo: 750 localidades.
imagen "Ya está leída, ahora puedes empezar a estudiarla". Todos los que han estudiado un instrumento, se conocen bien la rutina. El profesor te indica la obra que vas a tocar, tú te consigues la partitura (y a menudo un disco) y empiezas a mirarla en casa. Los hay rápidos, que en una ya se la llevan al profesor 'mirada', y hay otros que tardan bastante más porque les da mucha pereza lo de estudiar cosas nuevas. El profesor la escucha, corrige los errores más evidentes, cambia alguna digitación, y te recomienda ejercicios para ayudarte en los pasajes más difíciles. Unos días después se la tocas por segunda vez, momento en el cual se espera que ya la obra tenga cierta coherencia, que no haya errores de lectura y que por momentos empiece a 'apuntar' algo de musicalidad, estilo personal, etc. Entonces, si todo ha ido bien, el profesor te dice que "la obra está bien leída, ahora empieza a hacer música".Bueno, pues esa es la fase en la que estaban las Variaciones 'Là ci darem la mano' de Chopin que nos tocó Josep Colom en el Festival Mozart. La Op. 2 es una obra compuesta por un estudiante de dieciséis años tomando como modelo de la obra que consagró a Ignaz Moscheles, en Viena: las Variaciones sobre 'La marcha de Alejandro', Op. 32 (1815), Chopin no se limitó a calcar la estructura de la obra: una larga introducción en la que el tema apenas se atisba, cinco variaciones (1ª, la mano derecha presenta el tema y sus ornamentaciones; 2ª, agilidades de ambas manos; 3ª, agilidades de mano izquierda y grandes extensiones laterales; 4ª, saltos combinados con dobles notas y 5ª, cantabile en estilo sentimental) y final alla polacca, Chopin también imita las características del pianismo moscheliano, cumbre del efusivo estilo sentimental que demandaba el público europeo, tras las guerras napoleónicas. Chopin no compuso estas Variaciones para ser interpretadas por él mismo (posiblemente su técnica, en aquella época, no se lo permitiera), sino para una pianista dilettante (o sea, no profesional, porque a veces este diletantismo encubría técnicas soberbias), la esposa del general Józef Sowínski, cuya protección procuraba.Es evidente que las capacidades pianísticas de Colom se aproximan como mucho a las de Chopin cuando era estudiante. Y a esto se añade que Colom tiene como referencia estilística al Chopin parisino de fuerte personalidad, y no a este joven estudiante varsoviano, preocupado por salir adelante en la vida que tomaba como modelo de sus composiciones a los compositores de moda, eso si, con enorme talento y sensibilidad, pero sin el menor atisbo identitario, al menos en sus obras concertantes que eran las que, supuestamente, iban a proporcionarle la gloria y la deseada oportunidad de abandonar -a poder ser definitivamente- la provinciana Varsovia. Tampoco parece entender Colom que en este tipo de obras, cuando se cita el tema melódico que se va a variar hay que 'cantarlo' de la manera más aproximada a como se canta el aria original. Pero preocupado por dar las notas, Colom no tuvo en cuenta "detalles" como el fraseo, el estilo, la pulsión rítmica, el equilibrio agógico, etc. En cualquier caso se hubiera agradecido que no golpease el piano, el instrumento no tiene ninguna culpa de que Colom saliese a escena sin tener la obra preparada. ¡Menos mal que este Festival Mozart se anunció como "sin rellenos"!Tampoco a José Ramón Encinar pareció interesarle especialmente la juvenil obra chopiniana, se limitó a acompañar a Colom (excepto cuando el pianista se iba 'a los cerros de Úbeda'), dándole respuestas infinitamente más musicales que la exposición del solista.Fue a mi a quien no le interesó su versión de la suite de Pulcinella, nada podría reprochar de su cuidadísimo trabajo con la Real Filharmonía ni de su claridad y precisión expositiva, mi disidencia es exclusivamente conceptual: Encinar sigue una importantísima tradición interpretativa de la obra, que tiene su cénit en la versión de Boulez en el Festival de Otoño de París de 1980 y a mi me aburre profundamente esa versión. Es de justicia destacar a la espléndida flauta solista, que tuvo que hacerse cargo de la obra por repentina indisposición del solista titular ya mediados los ensayos (esperamos que se recupere pronto), y lo hizo con decisión y valentía. Chapeau!Tampoco comparto su concepto sobre el último Mozart, pero me interesó mucho su interpretación de la Sinfonía en mi bemol mayor por la clara definición de planos, el cuidado de las texturas y la organización del discurso. Noté en falta una mayor presencia de la melodía, que Encinar tiende a relegar a un segundo plano, pero acertó a revelar la suprema elegancia de la retórica mozartiana y a obtener un excelente servicio de las cuerdas de la Real Filharmonía y un mejor equilibrio entre éstas y los vientos, algo muy importante en la actual fase de maduración de la orquesta.No puedo terminar sin llamar la atención sobre las notas de programa de Santiago Martín Bermúdez, tituladas El primer año de la deriva. No se trata de una disidencia intelectual, sino de una denuncia de la ignorancia más crasa y pulida. Santiago Martín nos cuenta una historia fantástica sobre el motivo por el cual Mozart dejó de componer sinfonías: "¿Para qué, si no ha podido colocar esas tres?" (las tres últimas sinfonías). ¿Es que ni siquiera se ha leído El último año de Mozart de H. C. Robbins Landon? Las cuatro últimas sinfonías de Mozart fueron las más tocadas de todas sus sinfonías en vida del autor, y éste se hartó de escucharlas, puesto que las compuso para una gira de conciertos por Alemania y él mismo las dirigió ciudad tras ciudad. Ese es el motivo de que las plantillas de maderas sean distintas en cada una de las sinfonías: de este modo tenía asegurado que siempre podría dirigir alguna de ellas a pesar de las variables en las plantillas de las orquestas de cada ciudad.El disparate de llamar a Chopin típico "compositor intérprete virtuoso" sólo es superado por la barbaridad de llamar a Chopin "el Paganini del piano". ¿Es que Santiago Martín desconoce que Chopin abandonó su proyecto de ser concertista tras su doble fracaso como virtuoso en Viena y París? Se conocen apenas treinta conciertos suyos, y la mayoría fueron en casas privadas y no en salas públicas. Y por cierto, ¿de dónde saca Santiago Martín que la Polonesa final de la opus 2 de Chopin es "un tributo nacionalista a una patria acosada y aplastada"? ¿Y por qué no lo es la Polonesa del Triple concierto de Beethoven?El mito del Chopin nacionalista es sólo eso, un mito, que fue muy útil políticamente a principios del siglo XX y que se difundió tras la 2ª Guerra Mundial, sobre todo gracias a Hollywood y sus biopics chopinianos, que respondían al interés popular que había producido en los EEUU la resistencia de Polonia y su caída en el eje comunista.

Este artículo fue publicado el 21/06/2002

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