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Un año más sin pena ni gloria

Santiago de Compostela, 19/07/2002. Auditorio de Galicia. R. Groba, Concerto lorquiano; L. van Beethoven, Concierto para piano op. 73 'Emperador' y Sinfonía nº 7. Leonel Morales, piano. Real Filharmonía de Galicia. Mijail Jurowsky, director. IV Festival Internacional de Música de Galicia. Aforo, 1.000 localidades.
imagen La Real Filarmonía puso el colofón al IV Festival Internacional de Música de Galicia con un concierto irregular en el que la producción de Beethoven fue la protagonista y donde se presentó un programa con obvio paralelismo al planteado por la Sinfónica hace escasos días: una obra de compositor gallego, un concierto y una sinfonía.El homenaje musical que Groba dedicó a Lorca fue el encargado de abrir la velada. Una obra estrenada por esta misma orquesta hace menos de un año y que está claramente marcada por los tonos opacos y un exaltado talante percusivo, casi tribal. Efectismo orquestal resaltado por la batuta de Jurowsky a quien por otra parte la partitura no pareció entusiasmar en ningún momento.Tras la apoteosis Lorquiana Leonel Morales ocupó el lugar central sentándose al piano con aire de despistado. Tras un flojo comienzo atropellado en los agudos fue solventando la situación por momentos sin llegar a ofrecer un conjunto brillante. Destacó la elegancia con la que interpreto trinos y fraseos sólo quedando ensombrecida por la torpeza en los cortes.Solista y orquesta no llegaron a entenderse bien en el discurrir de los compases ni alcanzaron ningún acuerdo sobre quien llevaba la voz cantante.La debilidad demostrada en este Concierto se contagió a una Séptima en la que Jurowsky volvió a tirar de intensidad pero sin conseguir moldear los matices, culminando con unos metales considerablemente alejados de los presupuestos del compositor alemán.Así concluyó sin plena ni gloria un año más este Festival que no acaba de consolidarse. Una programación poco interesante, por no decir nada, en la que a falta de opciones bien meditadas y de un planteamiento inteligente por parte de la organización les ha obligado a recurrir a nombres con mayúscula que ni por asomo se corresponden con la calidad que se les presupone. Si bien las ediciones anteriores se caracterizaron por la irregularidad en su selección siempre encontramos alguna que otra sesión interesante, baste recordar el Pierrot Lunaire de Peter Stein que dio tanto que hablar, el Dracula de Glass por el Kronos Quartet o el montaje de Greenaway entre otros.

Este artículo fue publicado el 25/07/2002

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