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Sí, pero no

Renée Fleming: Belcanto. V. Bellini, La sonámbula: 'Ah!... se una volta... Ah! Non credea mirarti... Ah! Non giunse uman pensiero'; Il pirata: 'Introduzione... Ah! S'io potessi... Col sorriso d'innocenza... Oh sole! Ti vela'; G. Donizetti, Maria Padilla: 'Abbracciami... Il più tenero suo d'arpa morende... Ah! Non sai qual prestigio si cela'; Lucrezia Borgia: 'M'odi, ah m'odi... Figlio!... figlio!... Olà, qualcuno!... Era desso il figlio mio'; G. Rossini, Semiramide: 'Introduzione... Bel raggio lusinghier... Dolce pensiero'; Armida: 'D'Amor al dolce impero... Gli augei tra fronde e fronde... La fresca età sen fugge... Ah! Si, godete amanti'. Renée Fleming, soprano. Kristine Jepson, mezzo. Coro del Maggio Musical Fiorentino. Orchestra of St. Luke's. Patrick Summers, director. Clive Bennett y Evans Mirageas, productores ejecutivos. Tom Lazarus, Jonathan Stokes y Neil Hutchinson, ingenieros de sonido. Un compacto DDD de 71 minutos de duración grabado en el Masonic Hall, New York entre el 3 y el 12 de diciembre de 1999. Decca 467 101-2
imagen Renée Fleming es una de las grandes sopranos que tenemos en el mundo. Con Decca está realizando una labor operística de gran calidad. No sólo con repertorio estándar, sino con títulos menos frecuentes como Thaïs de Massenet o A streetcar named desire de Previn. Su anterior recital con este sello, consagrado a Verdi, Puccini, Cilea y demás, ofrecía una lección tras otra. Incluso su 'Casta Diva' de la Norma de Bellini era de marca mayor.Ahora se acerca, como era de esperar observados sus recientes debuts neoyorquinos, al repertorio más puramente belcantista y los resultados son desiguales. Es loable su riesgo. No canta rarezas del belcanto, sino que ataca directamente el corazón del repertorio: Sonámbula, Pirata, Lucrecia, Armida, Semiramide y la menos popular Maria Padilla.Lo da todo en los recitativos y convece sin entusiasmar por su musicalidad en las arias -en exceso amaneradas, en exceso empalagosas. Sin embargo, las cabalette son insulsas. Fleming no es una cantante de coloratura espectacular y el público pide eso cuando llega el aterrador "Oh sole! Ti vela!". Ahí es donde Fleming defrauda. Ataca el primer compás con lentitud y juega con los tempi de manera que le quepan todas las notas. Podría salir bien y ofrecer un disco de adagios belcantistas, pero ha querido ir hasta el final y se ha quedado a medias. El disco provoca, así, indiferencia.

Este artículo fue publicado el 02/12/2002

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