A la búsqueda de Antonio Vivaldi

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Los manuscritos de Antonio Vivaldi conservados en Turín

imagen Turín, relegada al margen de la vida nacional, como suele ocurrir a menudo, e infravalorada por los representantes del mundo cultural, es sin embargo una tierra privilegiada por parte de los dioses de la música, aunque son muy pocos los que lo saben. Parece ser que los habitantes mismos no se percataron de este privilegio, o bien que no hicieron nunca alarde de aquello. Los honores a la civilización musical del Piamonte y a los monumentos de la música nacidos por este lado de los Alpes siempre fueron rendidos por sabios venidos de lejos. La situación ha cambiado a lo largo de estos últimos 25 años, abriendo el camino a la puesta en relieve del patrimonio histórico musical local, sobre todo gracias al Istituto per i Bieni Musicali in Piemonte [Instituto para el Patrimonio Musical del Piamonte]Turín cuenta por lo menos con 10 organismos (bibliotecas y archivos) donde se encuentran archivos musicales de interés histórico, pero es en la Biblioteca Nazionale Universitaria, creada por Víctor Amedeo Segundo en 1723, donde se encuentra el corpus musical más importante, tanto por su amplitud como por su importancia histórica. Este corpus está repartido en numerosas series, cada una con personalidad y características propias.Los documentos que nos interesan aquí están a nombre de Mauro Foà y de Renzo Giordano, que no son coleccionistas, como se podría pensar, sino los titulares de los dos fondos documentales. Al principio, estos fondos estaban reunidos en un solo corpus, entregado en dos veces a la biblioteca del Piamonte, en 1927 y en 1930, después de un itinerario aventurado. Se añadieron luego otras obras, a veces sin gran discernimiento, lo que suma a 465 el número de volúmenes (entre ellos 254 manuscritos). El fondo original es obra del Conde Giacomo Durazzo (1717-1794), conocido en la historia de la música por haber sido entre 1754 y 1764 el “Director general de la música de los Teatros imperiales” en Viena, y el defensor de reformas importantes en el teatro musical, como la introducción en la capital austríaca de la ópera cómica francesa y de las nuevas reglas del ballet propuestas por el coreógrafo Gasparo Angiolini. Sin embargo, Durazzo es sobre todo famoso por haber sido el apóstol de la gran reforma de la ópera que debemos a Christoph Willibald Gluck, y al libretista Raniero de Calzabigi, reforma que se expresa por primera vez en 1762 con la representación de Orfeo ed Euridice.El Conde Durazzo pertenecía a una ilustre familia que dio nueve Dux a la República de Génova. Fue miembro de la legación de esta misma República de Génova en la Corte de Turín, de 1742 a 1745, luego embajador de Génova en Viena de 1749 a 1752 y, por fin, de 1764 a 1784, embajador del Imperio en la República de Venecia. Gran coleccionista – sobre todo de dibujos y grabados -, compró una parte musical de la inmensa biblioteca reunida por el senador veneciano Jacopo Soranzo (1686-1761), que incluía más de 250.000 volúmenes impresos y más o menos 250 códices. La parte que los herederos de Soranzo vendieron a Durazzo, y que se sumaba a otras obras ya en posesión del gentilhombre genovés, incluía, entre otros, 27 volúmenes con obras de Antonio Vivaldi, la mayoría autógrafos (aproximadamente 450 composiciones), 10 volúmenes de obras de Alessandro Stradella, y 19 tomos de arias de óperas venecianas. A estos hay que añadir 16 volúmenes de tabladura alemana para órgano, que constituyen el mayor fondo de este género en el mundo, incluyendo 1770 composiciones que ilustran la casi totalidad del repertorio para órgano italiano y alemán entre el siglo XVI y el siglo XVII.Hemos llegado a las obras de VivaldiVivaldi murió misteriosamente en Viena en 1741, y los catálogos en nuestra posesión (conservados en la Biblioteca Marciana de Venecia) nos informan sin lugar a duda de que ya en 1745 los 27 tomos de las obras del Prete Rosso formaban parte del patrimonio de Soranzo. Muy probablemente los volúmenes fueron vendidos al senador veneciano por Francesco Vivaldi, hermano del compositor, barbero y artesano de pelucas, que había también obtenido el derecho de imprimir y vender libros.Estos 27 tomos – 8 de conciertos, 5 de música sacra, 2 de cantatas, 12 de ópera para teatro – representan el corpus más importante de la inmensa producción de Vivaldi. Los fondos de Turín incluyen globalmente 296 conciertos para uno o varios instrumentos, cuerdas y bajo continuo – 97 para violín, 39 para fagot, 19 para violoncelo, 12 para flauta, 11 para oboe, 6 para viola d'amore, 45 para dos o varios instrumentos solistas. Incluyen también una decena de otras páginas instrumentales, aproximadamente sesenta páginas de música sacra o religiosa - entre otros el oratorio Juditha Triumphans y páginas famosas como el Gloria, el Magnificat, el Stabat Mater -, una quincena de Salmos y una docena de motetes sobre textos no litúrgicos. Encontramos por fin 3 grandes “serenatas”, las cuales, en dos casos – Gloria e Himeneo y La Sena festeggiante – tienen una amplitud muy cercana a la ópera, una treintena de cantatas y 20 obras para el teatro (entre otras Arsilda regina di ponto, Dorilla in Tempe, Farnace, La fida ninfa, Giustino, Griselda, L'incoronazione di Dario, L'Olimpiade, Orlando finto pazzo, Orlando furioso, Ottone in villa, Teuzzone, Tito Manlio, La vertà in cimento).Los conciertos, la música sacra y las cantatas fueron escritos casi todos para las jóvenes señoras del Ospedale della Pietà, uno de los cuatro orfanatos-conservatorios de Venecia, fundado en 1346 y cerrado en 1797, después de la caída de la República de Venecia. Acogía a niñas delelitte (abandonadas), y Vivaldi trabajó allí desde 1703 casi hasta el final de su vida, a pesar de su actividad de empresario teatral – en el Teatro Sant'Angelo, desde 1714 – y sus largas estancias en el extranjero, sobre todo en Mantua, de 1718 a 1720, y en Bohemia en 1730.Una vez propietario de los 27 tomos de Vivaldi y de los otros volúmenes manuscritos o impresos, el Conde Durazzo los almacenó hasta su muerte en su palacio del Gran Canal. Su sobrino Gerolamo, que fue el último Dux de Génova (de 1803 a 1805), los trasladó a esta ciudad, al palacio de la Via Balbis donde había nacido su tío Giacomo. El Conde Giacomo se casó en 1750 con la “mujer más hermosa de Venecia”, la Condesa Aloisa Ernestine Ungad von Weissenwolff, pero no tuvo descendencia. Este patrimonio de libros permaneció en la familia, firmemente unida, durante un siglo. Sus herederos no debieron considerarlo digno de interés y, en 1893, fue dividido entre los dos hermanos, Marcello (1842-1922) y Flavio Ignacio Durazzo (1849-1925). A su muerte, Marcello legó su parte al Colegio salesiano “San Carlo” de Borgo San Martino, cerca de Casale Monferrato.En 1926, el rector de esta institución, queriendo realizar obras en el edificio, decidió vender los códices y los libros de música. Se dirigió al director de la Biblioteca Nacional de Turín de la época, para obtener un dictamen pericial y averiguar si las ofertas de los anticuarios para la compra del fondo correspondía a su valor real. El director de la Biblioteca, Luigi Torri (1863-1932), gran musicólogo, pidió su opinión a Alberto Gentili (1873-1954), profesor de historia de la música en la Universidad de Turín (donde fue creada en 1925 la primera cátedra universitaria italiana para esta disciplina), y declaró que el Estado tenía un derecho preferente de compra sobre el fondo. Habiéndose declarado incapaz de realizar la compra el Ministerio competente, Gentili pidió la intervención de un amigo de la colectividad judía de Turín, al cual pertenecía, el agente de cambio Roberto Foà (1885-1957). Este último, contra entrega de 100.000 liras de aquella época, compró el fondo y lo dio a la Biblioteca Nacional de Turín (en 1927), en memoria de su hijo Mauro, fallecido unos meses antes, con apenas un año de edad.El fondo del colegio de los salesianos contenía la mitad solamente del fondo original de Durazzo (incluía 14 tomos de Vivaldi). La otra mitad, (entre ellos los 13 tomos restante de Vivaldi) se encontraban todavía en Génova, y después de largas negociaciones los últimos herederos de la noble familia tomaron la decisión de separase de ella, para que los documentos recobrasen su unidad original. Esta vez (1930) el comprador, para beneficio del Estado, fue un industrial de la lana de Turín, Filipo Giordano (1875-1952), también en memoria de uno de sus hijos, Renzo, fallecido poco tiempo antes con cuatro años.Conservando la distinción entre la Raccolta (colección) Mauro Foà y la Raccolta Renzo Giordano se pudo, de esta manera, proceder a la recomposición de un fondo cuya importancia no era probablemente concebida entonces con exactitud. El trabajo de “estudio y publicación” de los manuscritos había sido expresamente reservado a Alberto Gentili. Por culpa de las leyes raciales de 1938, Gentili, judío, fue privado de su puesto de profesor de historia de la música en la Universidad, con la prohibición de trabajar sobre los manuscritos de las dos colecciones Foà y Giordano. Mientras tanto, la violinista Olga Rudge había redactado, en noviembre de 1936, un catálogo temático de las obras instrumentales de Vivaldi existentes en Turín. Por su lado, el poeta Ezra Pound, que residía en aquella época en Italia (no olvidemos que era también compositor), se había lanzado en la cruzada de lo que podríamos llamar el “Vivaldi-Renacimiento”. Preparó así el terreno para la acción de la Accademia Musicale Chigiana de Siena, donde fue creado en 1939 un Centro di Studi Vivaldiani (Fundación Vivaldi) y una Società Antonio Vivaldi, pero que no fueron operativas nunca. El compositor turinés Alfredo Casella (1883-1947) inauguró en septiembre de 1939 (15 días después de la invasión de Polonia por la Alemania nazi), la serie de las Settimane Musicale Senesi (Semanas Musicales de Siena), proponiendo seis manifestaciones vivaldianas con la representación de L'Olimpiade y la ejecución de algunos conciertos de música sacra.Es a partir de este momento que empieza el redescubrimiento de las músicas de Vivaldi. No hay que olvidar que el nombre del compositor veneciano no era muy conocido todavía y que la musicología se había ocupado de él de manera marginal, o inadecuada. En 1947, bajo la dirección artística de Gianfrancesco Malipiero, se llevó a cabo la publicación de todas las músicas instrumentales. Entre 1947 y 1972 la casa editorial Ricordi publicó 43 volúmenes, con un total de 530 fascículos incluyendo todo el corpus de las músicas instrumentales. Se descubrieron luego otras composiciones, algunas muy recientemente. Entre varias iniciativas, cabe subrayar que empezó en 1982, con Ricordi también, la publicación en edición crítica de todas las obras de Vivaldi (con excepción de las óperas), en colaboración con el Instituto Italiano “Antonio Vivaldi”, fundado en Trevi después de la guerra por Antonio Fanna, rápidamente trasladado a Venecia e integrado desde 1978 en la “Fondazione Giorgio Cini”.Después de Siena y Venecia, aparecieron centros de estudios vivaldianos por todas partes: Bruselas en 1953, Nueva York en 1965, Copenhague en 1970, Poitiers en 1977, y varios expertos de la obra de Vivaldi trabajan hoy en otras ciudades fuera de Italia (por ejemplo en Rostock, Würzburg, Liverpool, Cork, Amsterdam, Praga). Curiosamente no hay nadie en Turín, la ciudad que – más que ninguna otra – tenía que haber trabajado sobre Vivaldi, aunque es probable que el Prete Rosso no la haya visitado nunca. Para reparar esta increíble y triste “omisión”, el Instituto para el Patrimonio Musica del Piamonte, fundado en Turín en 1986 por Alberto Basso, después de empezar su actividad con la publicación en 1987 del catálogo de las dos colecciones Mauro Foà y Renzo Giordano (libro de 700 páginas aproximadamente, escrito por Isabella Data y Annarita Colturato), puso recientemente en marcha el proyecto de edición en CD, en la serie Los Tesoros del Piamonte, de todas las composiciones de Vivaldi conservadas en los 27 tomos de la Biblioteca Nacional Universitaria de Turín. Esto significa la grabación progresiva de entre 110 y 120 CD, en colaboración con la casa discográfica Naïve / Opus 111, con el apoyo de la Región Piamonte, la Fundación Cassa di Risparmio de Turín y de la Compañía de San Paolo.La grabación integral de las obras de Vivaldi conservadas en Turín está dividida en ocho series:I – Música de cámara (con los concerti da camera para instrumentos solistas, sin orquesta, y las cantatas para voz y bajo continuo, o con instrumento)II – Conciertos y sinfonías para cuerdas y bajo continuoIII – Conciertos para uno o varios instrumentos con cuerdas (violín, violoncelo y viola d'amore), o para cuerdas y bajo continuoIV – Conciertos para uno o varios instrumentos de viento solistas, cuerdas y bajo continuoV – Conciertos para varios instrumentos, cuerdas y bajo continuoVI – Música sacra y de devociónVII – Serenatas y ariasVIII – Obras para el teatroEn cuanto a la producción discográfica de los conciertos para violín (son 97), reunidos en la serie III, el Instituto para el Patrimonio Musical del Piamonte y la Fundación del Banco San Paolo de Turín para la Cultura, las Ciencias y las Artes organizaron un concurso internacional, del 2 al 5 de marzo de 2001, que acabó con la victoria de dos de los violinistas participantes.

Este artículo fue publicado el 13/06/2003

Más información


El Dr. Alberto Basso es el director del Instituto para el Patrimonio Cultural del Piamonte. Entre sus libros más conocidos se cuentan: 'L’età di Bach e di Haendel' (1976 e 1991/2); 'Frau Musika. La vita e le opere di J.S. Bach' (2 voll., 1979 e 1983); 'L’invenzione della gioia. Musica e massoneria nell’età dei Lumi' (1994) y las tres grandes obras de referencia dirigids por él: 'Storia dell’Opera' (6 vol., 1977), 'Dizionario Enciclopedico Universale della Musica e dei Musicisti' (13 vol., 1983-90) e 'Musica in Scena' (6 vol. 1995)

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