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Apolillados están los intérpretes, que no la música

Marta Almajano. Del Amor ... Canciones del Romanticismo español. Marcial del ADALID, A sorte; Canto de berce; Frouseira, triste Frouseira; Los dos miedos; Non te quero por bonita; Soedades; Petit rien nº 1. Mariano R. de LEDESMA, O sí, o no; Las señas del amor; Ya tengo dueño. Marcial del ADALID, Petit rien nº 4. Mariano R. de LEDESMA, Placido zeffiretto; Se mai turbo; Un fanciullin tiranno; In te spero, o sposo amato. Marcial del ADALID, Petit rien nº 3. Ramón CARNICER, Tres odas anacreónticas. Marcial del ADALID, Petit rien nº 2. Manuel GARCÍA, Rosal; El Caramba. ANÓNIMO, La caña. Lázaro NÚÑEZ ROBRES, El cigarro. Marta Almajano, soprano. Michel Kiener, pianoforte. Un disco compacto DDD de 65.16 minutos grabado en el Château de Dardagny (Suiza) los días 11, 12 y 13 de octubre de 2002. Jean-Daniel Noir, sonido y dirección artística. Producción de Harmonia Mundi, 2002. HMI 987032
imagen El siglo XIX es todavía ahora el siglo más desconocido de la música española y fuera de algunos outlander, sólo en los últimos veinte años han comenzado los musicólogos a trabajar un poco seriamente sobre esta etapa que cada vez más se perfila como muy relevante dentro de la historia de la música española. Hubo compositores que aun vivieron dentro de la tradición de las capillas musicales, y con un estilo musical conservador. Pero junto a ellos, otros muchos fueron auténticos cosmopolitas y buenos conocedores de lo más moderno que se hacía en Europa.De hecho, todos los compositores recogidos en este disco -con la excepción de Nuñez Robres (1827-18??), de quien sólo se incluye una canción- desarrollaron lo mejor de su carrera en el extranjero y publicaron su música en las principales editoriales de Londres y París, siendo dudoso incluso que se puedan considerar como paradigmas de la creación musical española del XIX.Por eso resulta tan 'apolillada' la interpretación que se hace de esta música. Michel Kiener toca un pianoforte construido por Johann Fritz en Viena en 1813, un modelo de piano anacrónico y poco apropiado para esta música, que está -excepto en el caso de dos de las canciones de Rodríguez de Ledesma, quien usaba en todo caso modelos ingleses y no vieneses (y la diferencia hacia 1810 es abismal)- compuesta para pianos más modernos.Cabe preguntarse si Almajano y Kiener consideran la música española del XIX tan atrasada que hasta los pianos están anticuados. Seguramente no se les ocurriría tocar a Chopin o a Liszt con este modelo de piano, pero sí lo hacen con Adalid (1826-1881), quince años más joven que ellos y cuya música aquí grabada pertenece al universo estético de la Belle Èpoque.Kiener es un buen intérprete de clave y de los primeros pianofortes vieneses, pero por lo que aquí se oye su técnica y concepción musical son totalmente ajenas a los universos sonoros que se pretenden recrear en este disco, pertenecientes a las épocas doradas del Romanticismo inglés y francés. En general es un pianista banal en sus piezas a solo, los Petit rien de Adalid, unas obras de salón, en forma de valses para niños, sin otra dificultad que la que demanda el buen gusto. Cuando acompaña a Almajano tiende a dejarse llevar por la necesidad de 'apagar fuegos' y tapa a la cantante.Respecto a Marta Almajano los problemas son múltiples, tanto vocales como interpretativos. La fastidiosa emisión engolada se suma a una pronunciación penosa en castellano e italiano, que se torna grotesca cuando se tiene que enfrentar al gallego (y canta cuatro canciones en esta lengua, que además son consideradas un modelo clásico de prosodia musical). Es evidente que no se fija en lo que está diciendo -acaso lo ignora directamente- porque si se hubiese fijado, jamás lo interpretaría así: ¿qué niño podría dormirse si lo menean con la velocidad y agresividad de su Canto de berce (canción de cuna, o sea, nana)?. Escuchándole la metastasiana In te spero, o sposo amato uno se la imagina como la versión baturra de la fierecilla domada antes de ser domada.Interpretativamente todo suena igual, y son obras bien distintas, tanto en época -se abarcan seis décadas entre Ya tengo dueño y Frouseira, triste frouseira- como en tradición musical. A Almajano tanto le da que sean las Odas anacreónticas de Carnicer como El cigarro de Nuñez Robres, el Canto de berce como La caña o Un fanciullin tirano. Todo es interpretado con portamentos, al trote y con la misma falta de delicadeza.Todo el disco respira la misma falta de cuidado. Da la impresión de haber sido grabado con pocos ensayos previos, muy escaso estudio y ninguna reflexión. Las notas que acompañan al disco, de Juan de Vergara, se limitan a copiar datos correctos y repetir falsas visiones esencialistas sobre el Romanticismo español, sin pararse a pensar en la realidad de las piezas que tiene delante, bien ajenas a lo que escribe sobre ellas.

Este artículo fue publicado el 24/12/2003

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