Poderes de la imagen

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Los caudillos avanzan sobre la 9 de Julio

imagen La obra que constituye el objeto de estudio de este trabajo se encuentra emplazada en una arteria principal de la ciudad de Buenos Aires; en el boulevard central de la 9 de Julio, más específicamente entre las calles Venezuela, México y Bernardo de Yrigoyen.Se trata de un busto de tamaño un poco más pequeño que el natural, realizado en cemento, que se yergue sobre un basamento de sección cuadrangular construido en mampostería y revestido con placas de granito pulido. En la cara frontal del mismo puede leerse “General Francisco Ramírez”.Hasta aquí este monumento no presenta ningún interés particular, sobre todo si nos detenemos a observar y/o juzgar sus cualidades plásticas, bastante reñidas con un espíritu -si no vanguardista- moderno. De hecho, responde a los cánones característicos del academicismo decimonónico en escultura: representación realista del homenajeado, utilización de recursos que le confieren la categoría de retrato y la presencia de los atributos particulares que permiten identificar rápidamente al personaje conmemorado.Como dato accesorio, se debe aclarar -además- que se trata de una copia: la obra original (realizada en bronce hace dos décadas por el escultor Juan C. Ferraro) fue desplazada de su basamento en el año 1988 [Nota 1] y, como consecuencia de los daños recibidos, debió ser reemplazada por este calco ejecutado por personal del departamento del MOA. [Nota 2]De lo mencionado hasta aquí cabe plantearse, entonces, la validez de la elección de esta obra como objeto de un trabajo de investigación. Y bien, debo aclarar el hecho de que este busto funciona, en realidad, como un excelente medio o pretexto para reflexionar en torno a diferentes problemas. Por un lado, permite analizar el poder y la función de un determinado tipo de imágenes -los monumentos conmemorativos- en pleno siglo XX.Ligado al planteamiento de la vigencia de este tipo de producciones aparecen, de manera insoslayable, cuestiones relacionadas con los construcción de una memoria colectiva. Particularmente, el presente estudio se plantea el objetivo de revelar, analizar y desentrañar algunas de las prácticas empleadas en un momento puntual y significativo de nuestra historia: el período comprendido entre los años 1976 y 1983.Lejos de pretender presentar un panorama de situación cerrado y conclusiones absolutamente definitivas, se plantea aquí una reflexión en torno a aquellos elementos simbólicos y discursivos que contribuyeron a definir cuestiones relacionadas con la construcción de una idea de nación.Propongo abordar paulatinamente las distintas problemáticas arriba planteadas.El monumento al General Francisco Ramírez en la ciudad de Buenos AiresIntentar hacer una historia de los monumentos conmemorativos en la Argentina implica, no sólo tomar contacto directo con las obras e identificar a los autores de las mismas, sino desarrollar una serie de estrategias quasi detectivescas con el fin de reunir la mayor cantidad de la documentación que concierne a las mismas. En muchas ocasiones, del análisis crítico de las fuentes no se desprenden hechos sorprendentes o llamativos. En otras sí, y el caso que aquí se presenta es una de ellas.El monumento que recuerda la figura del General Francisco Ramírez tuvo un origen similar al de muchos de aquellos que pueblan los espacios públicos de Buenos Aires. Fue donado por una asociación de residentes de la provincia natal del caudillo, la provincia de Entre Ríos.El origen del proyecto se remonta, en la documentación hallada, al mes de noviembre de 1978. [Nota 3] En esa fecha la Asociación Uruguayense [Nota 4] se dirige al entonces Intendente de la Ciudad de Buenos Aires, Brigadier (R) Osvaldo A. Cacciatore, con el fin de “imponer” (sic) un busto a la memoria del Supremo Entrerriano, quien aún no había merecido un homenaje en la capital de la nación.Los trámites relativos a esta obra se suceden al principio con la parsimonia habitual, del todo de acuerdo con las modalidades burocráticas que conciernen a este tipo de prácticas, sin que se pueda resaltar -hasta aquí- ningún elemento llamativo. La Asociación Uruguayense presenta varias veces el pedido, y las distintas reparticiones de la entonces Municipalidad de Buenos Aires se comunican entre sí a través de sucesivas misivas.Nada hace suponer, al transitar las primeras fojas de este legajo municipal, que se trate de un caso particular. A pesar de ello, veremos que este caso presenta algunas peculiaridades distintivas.De la lectura atenta de los folios surge un primer dato revelador: con fecha incierta [Nota 5] interviene en el expediente de la obra la Gobernación de la Provincia de Entre Ríos, gestión que parecería tender a agilizar un tanto los procedimientos habituales.Sin embargo, en el legajo correspondiente a este monumento se siguen sucediendo las notas, los bocetos y los presupuestos sin denotar un marcado apuro o interés.Sorpresivamente, a fines del año 1980 el monumento obtiene la ley que permite su erección; y el 30 de marzo de 1981 el MOA comunica que ha procedido a emplazar el monumento el busto en homenaje al caudillo entrerriano en la plazoleta denominada Provincia de Entre Ríos.Discursos elocuentesLa sorpresa resulta mayor cuando se toma contacto con una fuente puntual. El 25 de septiembre de 1980 el entonces Intendente de la Ciudad de Buenos Aires, Brigadier (R) Osvaldo A. Cacciatore envía una carta al Ministro del Interior, promoviendo el proyecto de ley para la erección del monumento.Refiriéndose puntualmente a Ramírez expresa:“Se lo ha discutido ardientemente, como a todos los caudillos que surgieron después de la Revolución de Mayo, pero lo cierto es que la polémica carece de objeto para las generaciones actuales, que analizan nuestro pasado con una sensibilidad histórica distinta (...).”[Nota 6]Y luego:“Al suscribir el Tratado [se refiere al Tratado del Pilar] que es uno de los ‘pactos preexistentes' aludidos en el preámbulo de la Constitución Nacional, el Gral. Francisco Ramírez tuvo la intuición de vislumbrar la superación del desorden que prevalecía, dentro del orden institucional federalista, que fue el que en definitiva impuso la historia. Más allá del caudillo estaba, sin duda, el hombre de gobierno." [Nota 7]El 7 de noviembre del mismo año el Ministro del Interior, Gral. de División Albano Harguindeguy se dirige al Presidente de la Nación con el fin de elevar el proyecto de emplazamiento del citado busto. Si bien la extensión de la nota remitida es mucho más breve y sucinta, no deja de destacar algunos hechos ya mencionados en la epístola anterior, como la firma del Tratado del Pilar junto con los Gobernadores de las provincias de Buenos Aires y Santa Fe.Pero además acota:“Si bien el perfil de su personalidad que resulta más conocido está unido a la historia de nuestras luchas intestinas, no debemos olvidar su adhesión a la causa de la Independencia, que lo llevó a levantarse en armas contra la dominación española en febrero de 1811.” [Nota 8]Resulta significativo que en este discurso se inviertan los términos y se destaque su participación en las luchas de la Independencia. Este hecho parecería evidenciar que, en realidad, “la sensibilidad histórica” a la que se hacía referencia anteriormente no estaba tan definida como se quería suponer y que, en algún punto, conmemorar la figura de un caudillo planteaba una acción que llevaría a transitar caminos no muy llanos.Sin perjuicio de esto, el 2 de diciembre de 1980 el Presidente de la Nación, General Jorge Rafael Videla, junto con el Ministro del Interior, firman la Ley Nº 22.346/80, la cual autoriza el emplazamiento del busto en homenaje al Gral. Ramírez. [Nota 9]Pensando los discursosMuchos interrogantes se desprenden de estos documentos.En principio, si bien el objeto del homenaje aparentemente no procede de la cúpula militar gobernante, llama la atención que haya existido un apoyo tan claro y contundente para la materialización del mismo. Como se planteó anteriormente, la celeridad en la concreción de este tipo de obras nunca se reveló como elemento característico de las dependencias municipales concernientes. Como muestra de esto, basta realizar un paneo por los legajos de la mayoría de los monumentos conmemorativos erigidos en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires.El monumento al Gral. Ramírez, llamativamente, tuvo otra suerte: en el plazo de dos años vio promulgada la ley que autorizaba su emplazamiento, y al año siguiente pudo ser ‘apreciado' por los transeúntes de esta urbe.¿Qué significa emplazar un monumento conmemorativo? ¿Qué permitía esta obra? En principio, mostrarse. Erigir un monumento en un espacio público de la ciudad -y particularmente si se trata de la capital de la Nación- implica marcar con un sello propio y distintivo el perfil de una sociedad. Este tipo de prácticas e intervenciones responde a objetivos específicos y bien definidos. Los trabajos de Maurice Agulhon -así como aquellos producidos en nuestro medio - permitieron felizmente caracterizar a estas producciones como portadoras de un bagaje complejo, bagaje constituido por elementos que trasuntan los simples intereses de ornato y embellecimiento de los espacios abiertos de una ciudad. Los monumentos conmemorativos poseen una carga ideológica y responden a claros objetivos políticos, y su materialización implica no solamente una reafirmación de los valores de los que originaron la obra sino que pasan a formar parte de un discurso visual particularmente contundente.Ahora bien, cabe preguntarse qué objetivo podían haber perseguido los integrantes del gobierno militar al apoyar con tanta determinación la erección de esta obra. ¿Qué sentido intrínseco quedaba planteado al respaldar enfáticamente la elección de un caudillo como personaje detentor de este tipo de homenaje?La historiografía relativa a los caudillos argentinos es amplia y plantea acercamientos variados respecto de estos personajes y de las acciones que éstos llevaron a cabo. En el caso puntual de Francisco Ramírez los abordajes van desde el rescate de los hechos fácticos a una aproximación contaminada por un espíritu predominantemente romántico. [Nota10]Independientemente de los rasgos que pudieran ser destacados desde éstas y otras aproximaciones, la figura del caudillo responde a un perfil muy definido, caracterizado -fundamentalmente- por una actitud de rebeldía. En este sentido resulta llamativo, y hasta casi paradojal, que fueran tomados como modelo. “Revelación, en suma de que la cuestión nacional nunca está saldada, sino que surge en momentos críticos para rediscutir los diagnósticos y programas que cada presente alberga, con el correspondiente eclipsamiento de algunas figuras y valores y el resurgimiento de otras” [Nota 11]Por otro lado no podemos dejar de observar la llamativa, y casi contradictoria, utilización de un discurso de líneas absolutamente democráticas por parte del Brigadier Cacciatore. En la misma carta que mencionáramos anteriormente, dirigida al Ministro del Interior, justifica la figura de Ramírez en los siguientes términos:“Eran los tiempos en que las luchas civiles separaban a los argentinos y las divergencias se decidían por la fuerza de las armas, sin que los antagonismos irreductibles pudiesen resolverse por la vía de la convivencia pacífica y la controversia de ideas.” [Nota 12]Teniendo en cuenta este párrafo, y volviendo a las palabras tomadas de Oscar Terán, cabe el interrogante acerca de la validez del diagnóstico que se estaba realizando. Las características de este discurso son sumamente reveladoras, y dan cuenta de la construcción de una imagen propia particularmente parcial y sesgada, construcción reveladora de una aproximación imaginaria de la escena política y social de aquel momento.La construcción de la memoriaEn los pasos que contribuyen a forjar una memoria que se pretende colectiva intervienen procesos de selección.La elección de los hechos y de los personajes históricos que integren la misma, el recorte de lo que se recupera y lo que no se desea destacar como relevante del pasado es absolutamente volitivo y parte, indefectiblemente, desde un presente hacia un pasado y nunca al revés. Se busca, en definitiva salvar del pasado lo que sirve para el presente, y -por qué no- aquello que se quiere transmitir al futuro. La memoria social se convierte, de este modo, en un certero y eficaz instrumento de poder. [Nota 13]Desde esta perspectiva puede interpretarse el caso que aquí nos ocupa. Tal como señala Hugo Vezzetti, la exaltación por parte de los dictadores de determinadas figuras de nuestra historia (como la de Roca y la ‘Campaña al Desierto') permitía a este grupo militar presentarse como aquel destinado a reestablecer un ‘partido del orden' frente a la anarquía imperante. [Nota 14]La recurrencia a una historia repetitiva se manifestaría asimismo en la figura del General Ramírez. Los actos de este caudillo entrerriano perseguían como fin último, según lo explicitado en la documentación mencionada, la instauración de un orden dentro del desorden existente en el sistema de aquel momento. Los militares que gobernaron nuestro país entre 1976 y 1983 esgrimían idénticos objetivos...Puede entenderse, entonces, que la concreción del monumento a este caudillo funciona -principalmente- como justificación de los propios procederes, como otro modo de legalizar las acciones implementadas por este gobierno de facto. Justificación evidente en el análisis del discurso, quizá con un grado de mayor sutileza en el plano de las imágenes.Para algunos. En todo caso, nunca para quienes nos dedicamos a esta disciplina. Pierre Nora establece la categoría de análisis ‘lugares de memoria': se trata tanto de lugares topográficos, como de lugares simbólicos y lugares funcionales. El recurso simbólico de la estatuaria pública funciona, además, como imagen de doble sentido: nos proyecta hacia el exterior de una determinada manera; pero también permite construir una identidad en el plano interno.De lo antedicho, se desprende entonces que la utilización de este tipo de producciones simbólicas para colaborar en la construcción de una idea de nación no fue, en absoluto, privativa de la generación del ochenta y de los años posteriores al Centenario. En épocas mucho más cercanas, tanto desde lo temporal como desde lo vivencial, la utilización de los monumentos conmemorativos como medio privilegiado para imaginar y proyectar una idea de nación continuó resultando particularmente válida.Memorias desde el presenteComo se puede apreciar los interrogantes que han surgido de este estudio de caso son varios. La lectura crítica de las fuentes, los recuerdos y la imaginación permiten realizar también otros recorridos: puede pensarse en el deseo -por parte de los que conformaron aquel gobierno- de ser objeto de una recuperación similar; de llegar a estar ubicados en el futuro en la categoría -en términos simples- de héroes o próceres nacionales.Teniendo en cuenta las variables analizadas hasta aquí, resulta altamente significativo que la materialización del homenaje a este caudillo se haya concretado en los años del denominado ‘Proceso de Reorganización Nacional'. La dictadura militar que se mantuvo en el poder en la Argentina entre 1976 y 1983 bogaba por un supuesto ‘retorno al orden'. Organización Nacional en un pasado bastante remoto / Reorganización Nacional en un pasado nada lejano: términos claves que permiten entender un momento crucial del país.El presente trabajo pretende ser, así, un eslabón más dentro de la cadena de recuperación y revisión de acciones y prácticas ligadas a la cuestión de la identidad; y -centralmente- como aporte a la construcción de nuestra memoria.“(...) si olvidar y recordar son las dos caras de lo que somos como individuos y como naciones, si nuestra identidad es también el estilo en que somos imaginados, sería significativo preguntarse por qué se recuerda lo que se recuerda y por qué se olvida lo que se olvida”. [Nota 15]Notas1. MOA, legajo 21302. Departamento de Monumentos y Obras de Arte, organismo dependiente de la Dirección de Paseos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.3. Datos obtenidos del MOA, GCBA, legajo Nº 21304. Esta Asociación se presenta como institución social y cultural, sin fines de lucro, que sirve de núcleo a los residentes de Concepción del Uruguay, Provincia de Entre Ríos, en la Capital Federal5. Se desprende de una nota interna, fechada en octubre de 19796. ibidem7. ibidem8. Expediente 71.245/78. Foja 64. (MOA legajo 2130)9. También conviene destacar el encabezamiento de este texto. Si bien corresponde a una estructura formal y de uso, el contenido del mismo no deja de ser relevante para el caso que nos ocupa: “En uso de las atribuciones conferidas por el art. 5º del Estatuto para el Proceso de Reorganización Nacional (...)”. Boletín Oficial del 9/12/8010. cfr.: Halperin Donghi, Tulio; ‘Estudio preliminar' en Historias de caudillos argentinos. (Julio Lafforgue ed.) Buenos Aires, Alfaguara, 1999 y Luna, Félix; Los caudillos. Buenos Aires, Planeta, 199411. Terán, Oscar; ‘Acerca de la idea nacional' en La Argentina en el siglo XX (Carlos Altamirano ed.); Buenos Aires, Ariel- Universidad Nacional de Quilmes, 1999. Pp. 284-28512. Expediente 71.245/78. Foja 60. (MOA legajo 2130)13. Cfr. Le Goff, Jacques; Histoire et mémoire. Paris, Gallimard, 1988; Nora, Pierre; Les lieux de mémoire. Paris, Gallimard, 1997 y Vezzeti, Hugo; ‘Memorias' en La Argentina en el siglo XX (Carlos Altamirano ed.); Buenos Aires, Ariel- Universidad Nacional de Quilmes, 199914. Op. cit. p. 37415. Rotker, Susana; Cautivas. Olvidos y memorias en la Argentina. Buenos Aires, ed. Ariel, 1999. pp. 15-16

Este artículo fue publicado el 02/01/2004

Más información


La versión original de este artículo fue leída con el título: 'Los caudillos avanzan sobre la 9 de Julio: estrategias del poder en la dictadura militar argentina (1976-1983)' en el 'I Congreso Internacional de Teoría e Historia de las Artes del C.A.I.A: Poderes de la imágen', celebrado en la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes de Buenos Aires del 10 al 13 de octubre de 2001.Marina Aguerre trabaja en el Instituto de Teoría e Historia del Arte 'Julio E. Payró', Facultad de Filosofía y Letras, UBA-C.A.I.A

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