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Mozart Sound

Zaragoza, 25/01/2004. Auditorio, Sala Mozart. Orquesta de Cadaqués. Director: Sir Neville Marriner. Solistas: KV 364, violín: Ludwig Müller; viola: Caroline Harrison. KV 299, flauta: Jaime Martín; arpa: Bryn Lewis. KV 297b, oboe: Christopher Cowie; clarinete: Joan Enric Lluna; trompa: Sue Dent; fagot: David Tomàs. Wolfgang Amadé Mozart: Sinfonía Concertante para violín, viola y orquesta en Mi bemol, KV 364. Concierto para flauta, arpa y orquesta, KV 299. Sinfonía Concertante para oboe, clarinete, trompa, fagot y orquesta en Mi bemol, KV 297b. XXIV Ciclo de Introducción a la Música.
imagen Como en las terribles modernizaciones de música clásica para chill out o lounge, hemos aprendido a convivir con un standard de sonido Mozart que está muy lejos de ser y aportar todo lo que esta Música (con mayúsculas como nos decía hace poco el compañero Carrillo) lleva dentro. En este sentido disfrutamos/padecimos un concierto el que sólo llegamos a este standard banalizado, en el que todos los miembros de la orquesta estuvieron correctos y en que, francamente, el director Marriner podría haberse quedado en el hotel, porque los músicos ya saben medir ellos solos.La peculiaridad del concierto estaba en el detalle de la forma sinfonía concertante. Es curioso que siendo un ciclo de introducción, el presentador nos tenga acostumbrados a una especie de crónica que va del rosa al amarillo (que si tal concierto Beethoven se lo dedicó a una amante, que si Mahler se psicoanalizó por Freud) y sin embargo la definición que dio de esta forma musical fuese un comentario ramplón y más bien equívoco.Esta matinée quedó salvada por el estupendo flautista Jaime Martín, que no sólo pasó de lo sublime a lo terrible que tiene esta Música; no sólo tocó con un sonido bello y consciente de saber emitirlo; no sólo fue virtuoso; sino que de paso le quitó la batuta a Marriner y nos llevó como a ratoncillos/niños de Hamelin a su territorio, para conmovernos y hacernos disfrutar.Por otra parte en la última pieza, la combinación de vientos que Mozart proyectó para la sinfonía concertante para oboe, clarinete, fagot y trompa, no debía de ser para nada arbitraria, y debía de tener un sentido tímbrico casi de cábala, y que por un instante pude vislumbrar en el adagio. El resto del tiempo la interpretación fue plana y los niveles sonoros entre los solistas estaban completamente descompensados. Mozart Sound, en definitiva.

Este artículo fue publicado el 30/01/2004

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