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La Orquesta de Cámara Gallega en Madrid

Madrid, 05/06/2004. Círculo de Bellas Artes, Sala de Columnas. Orquestra de Cámara Galega. Director/Concertino: Rogelio Groba Otero. Rogelio Groba Groba: 'Intres boleses'; Luigi Boccherini: 'Sinfonía para cuerdas, La casa del diablo'; ¿Franz Schubert?: Andante-Presto; y Benjamin Britten: 'A Simple Symphony', Op. 4. Asistencia: 75% del aforo
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Es meritorio que se formen conjuntos orquestales en provincias, integrados por profesores y alumnos aventajados de la región. Más meritorio aún es que muestren lo que saben,  haciendo giras – sin complejos de inferioridad – aún si les queda aún mucho camino a recorrer para poder medirse en este mundo tan competitivo con las mejores  orquestas extranjeras de cámara que suelen visitar Madrid.

La Orquesta de Cámara Gallega se presenta en una formación de 5/4/4/2/1 – sobre un total de 17 cuerdas hay cuatro mujeres y trece hombres, con mayoría de elementos jóvenes. La mayoría femenina en cuerdas altas que se nota por doquier no parece darse en Galicia – pero sin duda, llegará en su día. Dos violas y dos ‘cellistas femeninas, entre 9 violinistas y un contrabajo masculinos. Dicho sea de paso, las dos señoritas ‘cellistas tuvieron los únicos solos de la tarde y los tocaron con aplomo y corrección.

Como el concierto se inició 10 minutos más allá del horario fijado, tuve tiempo en mirar con detenimiento  el escueto programa, y me llamaron la atención dos cosas. Había un Andante con motto y un Allegro con motto en la obra de Boccherini. No conocía esos términos – y al escuchar luego la música me apercibí que seguramente debía ser con moto. Y luego otro detalle curioso: La obra de Boccherini se describe con todo detalle, citando el Nº de la sinfonía, su tonalidad, el número de registro del código “G”., el número de opus y el nombre que se le dio a la obra. En cambio, de la obra de Schubert figura escuetamente “Andante/Presto”. Esto llamo yo discriminación injusta. 

Para la primera obra del programa, la suite Intres Boleses de Rogelio         Groba, la orquesta fue reforzada por una flauta, un oboe, y un fagot, a cargo de muchos pasajes solos que fueron tocados con esmero y musicalidad. La Suite, de seis movimientos, recrea danzas del barroco en lenguaje gallego, idea bastante original pero no siempre exitosa. Así desfilaron un preliminar, una courante, una gavota, una friulana, un minuet y una giga. Música amena, intrascendental, arrancó aplausos espontáneos después de una de las danzas que terminó con un giro virtuosístico con todos los arcos en alto. Efecto bien ensayado, espectacular, pero no necesariamente musical. (Y cuando luego eso se repetía dos veces más, en otras obras,  se notó que aquí se estaba a la caza de efectos – un recurso que un buen conjunto no necesita para triunfar.)  Cuando veo estas cosas me pregunto siempre: ¿El efecto se hace para el público o como una especie de triunfalismo? La respuesta es, en ambos casos: ¡Mejor no hacerlo! Y si es para arrancar aplausos donde no los debe haber, aún menos. Por lo demás, en toda la suite, eché de menos una mayor riqueza dinámica. Solamente en una repetición del Minuet hubo un efecto de piano destacable, que quedó muy bonito.. El resto sonó entre un forte o mezzoforte– dinámica siempre pareja. Eso llega a aburrir.

Una Sinfonía para cuerdas de Luigi Boccherini llamada “La Casa del Diablo” continuó, ya sin los tres instrumentistas de viento. 3 movimientos: rápido-lento-rápido, con la particularidad que los movimientos 1º y 3º empezaban con igual Andante sostenuto, con intención demoníaca a través de pasajes en unísono – de ahí seguramente el nombre de la obra. Se nota, en la mayoría de las obras de Boccherini, que escribía por encargo, por dinero. En ésta también. Hay lugares comunes en cantidad. Algunas obras del autor se salvan si se tocan con criterio historicista, para que el sonido salve lo que falta en enjundia musical. Pero el historicismo, por lo visto, aún no ha llegado a la enseñanza musical superior en Galicia, y por ello la versión fue correcta, si Uds. quieren, muy correcta, pero nada más. La sonoridad en general de este grupo sufre por el hecho que no todos tocan el mismo pasaje en igual lugar del arco. El concertino prefiere tocar cerca del talón, pero algunos de sus compañeros se encuentran más cómodos en medio o hacia la punta del arco. Esto se oye, porque esta disparidad no permite amalgamar las voces. Por lo demás, afinación muy exacta, ritmo firme, corrección en general – pero ningún momento mágico, de esos donde uno exclama espontáneamente: ¡Qué bien suena eso!

Una obra de Franz Schubert – un Andante-Presto que no figura en los catálogos el autor– abrió la segunda parte del programa. Por el contenido de la obra intuyo que se trata de algún ejercicio de composición del joven Schubert rescatado por algún musicólogo curioso, porque no es música de inspiración superior, y los contrapuntos algo forzados del Presto no superan a lo que se puede esperar de un colegial. Todo suena demasiado obvio.Cabe también la posibilidad que esta obra sea falsamente atribuida a Schubert. En todo caso, la versión, de nuevo correcta - esta música no da para más.

Y para terminar, la Sinfonía simple, para cuerdas, del año 1934, de Benjamín Britten. Se comenta que fue compuesta años antes, y que el autor revisó este material a los 21 años de edad, siendo el resultado  muy feliz. Cuatro movimientos concisos, con material melódico original, y una excelente orquestación, hace que esa pequeña sinfonía suene siempre fresca, juvenil, rebozante. Con una excepción: La Zarabanda Sentimental, 3º movimiento, fue dedicada por el director/concertino a las víctimas del 11/3, como saludo fraternal desde Galicia – propuesta que fue saludada con aplausos. Que esta Zarabanda – una danza lenta, pero una danza no obstante – saliera luego como un Adagio Patético, puede deberse a esta circunstancia, pero de Britten nada de nada, porque salió muy pesado, aburrido, demasiado largo. Menos mal que el “Finale” exuberante (frolicsome) terminó la velada con mucha alegría, que mereció prolongados aplausos del respetable. Y fue así como  el grupo nos regaló una animada versión del 1º movimiento de la Suite Holberg de Edvard Grieg, que fue igualmente muy aplaudida.

En resumen: un concierto correcto, provinciano en vez de internacional, meritorio esfuerzo de un grupo de jóvenes músicos gallegos. Ojalá en todas partes imitaran el ejemplo – solo el ejercicio constante de la música lleva finalmente  hacia la superación. Y en ese sentido deben interpretarse los aplausos del público, evidentemente adicto a este joven grupo.



Este artículo fue publicado el 09/06/2004

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Referencias:


Rogelio Groba