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Carta blanca a George Benjamín

Madrid, 22/11/2005. Auditorio Nacional. Sala de Cámara. Roberto Gerhard, Libra. Alexander Goehr, Dúo para dos violas op 66. Olivier Messiaen, Oiseaux exotiques. George Benjamín: Viola, viola y At First Light. ONE Actual. Director: George Benjamin. Juliet Jopling y Catherine Bullock, violas. Paul Crossley, piano. Ciclo de Cámara y Polifonía de la ONE. Asistencia: 35%
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Ha sido un acierto de la ONE invitar a uno de los más destacados compositores contemporáneos, para que nos haga una demostración de su arte, tomando contacto con él, personalmente, pero también con los compositores que han influido en él. Es una pena que el poder de convocatoria de los programas de cámara de la ONE sea tan pobre, los que no acudieron se perdieron un buen concierto. Ojalá que la segunda entrega, dentro de una semana, tenga más adeptos. El programa ha de incluir música antigua, y la interpretación correrá a cargo de un grupo inglés, Fretwork, especialistas en la materia. Ojalá atraiga más público.

Además es positivo, en todos los sentidos, que haya intercambio internacional de la música actual: hace pocos días tuvimos aquí a los franceses, la semana próxima vienen los finlandeses, y aquí tenemos esta embajada británica.

El concierto se inició con una obra tardía de Roberto Gerhard, Libra, para pequeño grupo instrumental: piano, guitarra, violín, flauta, clarinete y cuatro percusionistas. Mediante ritmos fascinantes, mezclados con clusters sonoros, se produce un diálogo interesante entre guitarra/violín y los demás instrumentos, muy sugerente, y el final es un gran acierto: cada cuatro compases de 3x4 se produce un redoble de los timbales con cambio del sonido vía pedal, que conduce al desenlace. ¡Muy impresionante! El compositor estaba enfermo y describió así su propio fin: Libra era su signo. Benjamín dirigió al conjunto de la ONE actual con precisión y logró un excelente resultado.

Luego las dos violistas británicas que nos visitan -ambas residen actualmente en Noruega- tocaron el Dúo para dos violas de Alexander Goehr. Como tantos alemanes, los Goehr se fueron a Inglaterra en 1933 para escaparse de los nazis, e hicieron sus carreras musicales allí, el padre Walter, discípulo de Schoenberg, llegó a ser director de la orquesta teatral de la BBC, y su hijo Alexander se convirtió en prolífico compositor de óperas, música orquestal y coral, y de cámara. Este dúo nos dejó buen sabor de boca: se trata de un diálogo inter pares que aprovecha muy bien las múltiples sonoridades de las violas, tanto con su grave ‘do’ como con tesituras altas producidas por armónicos. La interpretación estupenda, a cargo de dos jóvenes violistas británicas, una en avanzado estado de gestación. Mucha entrega, el profesionalismo tan típico de los músicos británicos, un total dominio y mutua compenetración: ¡Bravas!

Y como última obra de la primera parte, oímos Oiseaux exotiques de Messiaen, para piano solista, conjunto de vientos y siete percusionistas. Del grupo de vientos, la mitad toca instrumentos de tesitura alta, la otra de tesitura baja. Todo ello permite producir sonoridades que permiten imitar el canto de 56 pájaros distintos. Hay extensos solos de piano, pasajes de tutti de un colorido auténticamente exótico, y las dos partes, una más bien pausada y otra rápida, discurren con los ritmos entrecortados y largos silencios, tan característicos de este compositor. Paul Crossley, muy versado en estas lides, tocó su intrincada parte con pleno dominio. La dirección, de nuevo, a cargo de Benjamin, experto en la música del que fuera su maestro. Muchos aplausos premiaron la labor de ambos.

La segunda parte del concierto constó de dos obras del propio Benjamín. La primera, Viola, viola, data de 1997, y aprovecha ante todo las dobles cuerdas con lo cual produce sonoridades llenas, acordes completos, que -a pesar de su difícil ejecución- fueron superados con gran desparpajo por las dos violistas que nos visitan. Muy atractivo, muy divertido, y muchos aplausos para las dos, compartidos por el compositor que escuchó la ejecución sentado entre el público.

Y para terminar, una obra para conjunto instrumental, At first light del año 1982, que se ha hecho bastante conocida, y que ya está grabada en CD. Da placer escucharla. Benjamín logra algo que no todos los compositores consiguen: a pesar del lenguaje moderno que emplea: logra emocionar. Hay pasajes hermosos, que te llegan al alma. Escrito para los cinco instrumentos de cuerda frotada, más vientos, recibió una interpretación correcta, cosa estimable considerando que los integrantes de la ONE no son precisamente especialistas en este tipo de música. Conjuntos como la London Sinfonietta -que no hacen otra cosa que eso- por supuesto están en ventaja, y eso suena aún mejor.

Nuevamente hemos tenido la ocasión de oír música contemporánea, y pasar un buen rato. Si el público madrileño pretende demostrar que tiene un nivel cultural elevado, debería acudir en mayor número a conciertos como éste. Ellos se lo pierden: son oportunidades irrepetibles.



Este artículo fue publicado el 02/12/2005

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