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Cinco años después

Santiago de Compostela, 19/12/2008. Auditorio de Galicia. Isabel Monar, soprano; Marina Rodríguez Cusí, mezzosoprano; Gustavo Peña, tenor; Josep Miquel Ramón, barítono. Sociedad Coral de Bilbao (Iñaki Moreno, director). Real Filharmonía de Galicia. Antoni Ros Marbà, director. Ludwig van Beethoven: Sinfonía nº 9 en Re menor, op. 125 ‘Coral’. Ocupación: 100%
imagen No falla: la Novena Sinfonía de Beethoven sigue teniendo un enorme poder de convocatoria, y el ambiente que se respiraba esta noche en el Auditorio de Galicia es prueba más que fehaciente de ello. Por una vez, se colgó en la taquilla el cartel de “agotadas las localidades”, y la atmósfera dentro de la sala -llena hasta la bandera e incluso un poco más arriba- era la de las grandes ocasiones, como suele suceder con el ya tradicional concierto de Navidad de la Real Filharmonía de Galicia: está claro que, al menos en apariencia, la crisis se quedó fuera.

A no ser por dos pequeños detalles. Por una parte, la organización reprodujo en el programa de mano las notas que ya se emplearon el 26 de junio de 2003, cuando la orquesta cerró el curso sinfónico beethoveniano -concierto que se dio en memoria de Ángel Mayo-, y debidas al Padre Calo, cuyo larguísimo metraje obliga a ampliar a tamaño cuartilla el formato habitual de los programas. Se conoce que no había dinero para contratar unas notas nuevas. Como tampoco lo debía haber en el Ayuntamiento, porque, por otra parte, esta vez el Alcalde no se rascó el bolsillo para invitarnos a unos canapés.

De manera que nos tuvimos que conformar con la música. ¡Pero qué música! Repasando mis notas de hace cinco años, diría que la interpretación de esta noche salió algo menos apasionada y algo más refinada que entonces, seguramente reflejo de la evolución del propio Ros Marbà. Y también más segura, porque desde el primer hasta el último compás se dio la impresión de que la cosa se había ensayado a conciencia: no hubo ni un ápice de improvisación, pero la sensación de confianza transmitida desde la batuta y traducida en la ejecución -la Real Filharmonía respondió a lo grande- valía su peso en oro.

Lo cual no quiere decir que no se asumieran riesgos. Porque los tiempos elegidos por el maestro no dieron lugar a la relajación. Todos ellos, sin excepción, al límite de lo audible, y cada uno de ellos mantenido tan vertiginosa como inflexiblemente a lo largo de cada movimiento. Así, no hubo excesivo apasionamiento en el primer tiempo, pero tampoco se hurtó su carácter épico al clímax. El segundo salió con una limpieza y una claridad cristalinas (por cierto, me resultó curioso que, en lo que podríamos llamar el trio, el maestro no sólo no redujera sino que incluso acelerara el tiempo, revisando su interpretación de 2003).

Del adagio me acordaré durante largo tiempo. Dicho con una sencillez inefable, y llevado como si fuera un andantino mozartiano, Ros Marbà no sólo dejó aquí prueba de su mejor arte como concertador, sino que planteó una visión muy “moderna” de la obra, a base de cantar las melodías con todo el legato prescrito pero sin necesidad de azucararlas, con muy poco vibrato, y sosteniendo el discurso con unos pizzicati dignos del mismísimo Rossini: el resultado fue el recuerdo insistente del célebre tiempo lento de la Quinta Sinfonía de Mahler.

Confieso que nunca sabré cuándo el último movimiento de esta obra se hace bien o menos bien, de tan caótico que me parece. El caso es que me sonó lo bastante compacto como para sobrellevar ese caos. Me desconcertó un poco la intervención del fagot mientras la cuerda media reexponía el famoso tema de la alegría, pero por lo demás, creo que todo estuvo en su sitio, lo cual no es poco. Josep Miquel Ramón repitió su intervención de 2003 con el mismo arrojo, y el resto de solistas no desentonaron (supongo, porque con lo que Beethoven les pone en los papeles es como para dudarlo).

También como entonces me gustó mucho el episodio fugado después del solo del tenor, tocado con buen nervio; y el postludio orquestal, más inexorable que festivo. La Sociedad Coral de Bilbao se mostró como un conjunto bien empastado y equilibrado, en sí mismo y con la orquesta -señal asimismo de una buena preparación en los ensayos-, aunque al final de su participación se escucharon algunas durezas en las secciones agudas. Nada, sin embargo, que pudiera empañar el éxito rotundo de la versión, saludado por el respetable de manera entusiasta.


Este artículo fue publicado el 24/12/2008

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